Como un canto melodioso fueron elevadas las oraciones de aquellas que al igual que María la dulce niña de Nazaret entregaron y consagraron su embarazo al Padre Dios. Así también, se oyó la suplica de quienes llenos de esperanza pedían a Dios por mediación de la Virgen Madre, el don de la vida en sus hogares. Pero lo más importante de todo, es el testimonio de amor a la vida que se ha dado y se seguirá dando desde nuestra parroquia y en especial a través de quienes ya se han constituido en devotos de Nuestra Señora de la Dulce Espera.
El sentimiento y compromiso que nos nutre es la defensa de la vida en todas sus condiciones, situaciones y estados, desde la concepción hasta el último suspiro de vida que Dios nos conceda en este mundo.
Por eso te decimos Madre de la Dulce Espera:
Por eso te decimos Madre de la Dulce Espera:
Como una bendición llegaste a nuestras vidas, querida madre, para llenar nuestro corazón con la gracia de Dios, inspirar a quienes están en la espera del nacimiento de sus hijos, llenar de esperanza a quienes anhelan concebir, dar aliento y valor a quienes el regalo de una vida les ha llegado en forma inesperada y abrir una puerta, para que aquellos niños que no son amados ni deseados por sus padres, tengan un lugar de amor, respeto y cuidado.
Bendita eres, tú María, entre las mujeres, que nos inspiras un canto de vida, y una alternativa para que el aborto no sea una salida para quienes no pueden atender y cuidar el don de la vida que ha germinado en su seno.
Bendita eres, tú María, entre las mujeres, que nos inspiras un canto de vida, y una alternativa para que el aborto no sea una salida para quienes no pueden atender y cuidar el don de la vida que ha germinado en su seno.
A ti joven, que te encuentras en esa situación, que tienes miedo, que te sientes angustiada, María de la Dulce Espera, quiere darte su valor, su fuerza y su paz. Acércate a ella, infundirá deseos de vida y amor en tu corazón. Nosotros desde esta parroquia haremos lo que esté en nuestras manos para ayudarte, orientarte y proteger la vida que llevas en tu seno. Estamos dispuestos a recibir con alegría a ese niño que no puedes tener, no te juzgamos, no te condenamos, déjanos ayudarte, y sobre todo darle una oportunidad de vida a quien llevas en tu seno. Búscanos y te tenderemos una mano.
Dios te bendiga a ti y al niño que crece en ti.
Dios te bendiga a ti y al niño que crece en ti.
Referencia: Lazos de Fe, Año 2, Nº 4, Junio 2007
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