viernes, 7 de junio de 2019

Los Frutos del Espíritu Santo: Benignidad

La respuesta amable calma el enojo, 
pero la respuesta grosera lo hace encenderse más. 
(Proverbios 15:1) 

En alguna ocasión de la que no recuerdo mayores detalles, escuche que se decía y con gran determinación por parte de la persona que lo hacía, decir: “No basta con ser bueno”. 

Lo que si recuerdo es que esto me dejo pensativo, pase mucho tiempo tratando de poner en contexto el significado de esta afirmación tan categórica. 

Hoy por hoy, no he encontrado el contexto ideal para ella, pero no importa, me ha hecho meditar, pensar y reflexionar y he aprovechado esto para llevar a la vida cotidiana muchas de las cosas que han quedado como frutos de estos ratos de contemplación. 

No, no basta ser buenos, la Bondad va acompañada de la Benignidad y juntas como hermanas gemelas hacen verdaderos milagros .

La palabra Benignidad viene del término “Benigno” que en latín sería benegnus compuesto por los vocablos bene que significa “bueno” y genus que indica "nacido”, por lo tanto etimológicamente significa que es algo concebido o creado para el bien. 

Así pues la Benignidad se refiere a los valores de algo o alguien que es considerado bueno en su esencia: "Fuimos concebidos para ser buenos"

De esto entendemos que la bondad nos es esencial, es decir, somos buenos por naturaleza. Que nos echemos a perder después es otra cosa. Pero si buscamos la esencia de nuestra humanidad daremos con la bondad y el bien como principales cualidades y característica. Nuestro destino existencia es la benignidad. 

A propósito, y sin que tenga que ver directamente con lo que estamos planteando, ¿o sí? Mucho me hizo pensar esta afirmación venida del mundo del cine: “La especie humana es una enfermedad, un suerte de virus que destruye el ecosistema al que infecta” (Cfr. La Matrix) 

En su momento le di la razón. Sin embargo, y aunque mucho de nuestro proceder es de malignidad (antónimo a benignidad), destructivo, dañino, abusivo, violento… etc, todo esto no es más que el resultado de nuestra propia contracción; una que es posible corregir. 

Esto que describo a continuación si es más nosotros mismos; es ser humanos y nos hace seres humanos: 
“La persona que expresa benignidad tiene cualidades positivas como simpatía, ternura, comprensión, buena voluntad, compasión, paciencia y amor con las personas de su entorno. Es considerado una buena persona, de buen corazón y que actúa en relación a buenas intenciones, siendo sincera, comprensiva y tolerante”.

Compromiso

La benignidad se manifiesta en obras de generosidad y en un deseo de hacer bien a otras personas y de ponerlas en un mejor plano. 

Como fruto del Espíritu Santo es la virtud que exalta la bondad que hay en el corazón del ha sido arrancado de las manos del “maligno” (extraño a su esencia) y ha sido devuelto al regazo del Padre (del que es su imagen y semejanza más perfecta). 

Una persona benigna muestra simpatía a los que sufren y se empeña en ayudar a resolver los problemas de los demás. Jamás usa las faltas de otros para ponerlos en aprietos. 

Ese es el individuo que da siempre la afable y serena respuesta al que ataca con violencia y con ira; se aleja emocionalmente de la confrontación agresiva y de las explosiones temperamentales. 

Si esto que voy describiendo no se parece a ti: ahí tienes tu compromiso. 

Quizá por tu mente pase como una tromba la pregunta: ¿Y por qué “tengo yo” que ser el “benigno” en un mundo que abusa de los que son así? 

Precisamente porque el mundo no está bien, es que se necesita de gente que sea así. 

Y además, dar frutos de benignidad te hace ser más tú, más auténtico, más coherente con lo que en verdad eres, que es en primera instancia lo que realmente importa.

Yerko Reyes Benavides

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