sábado, 31 de agosto de 2019

Despertar

Despertar, Señor, no es amanecer, por más que el sol asome sutil y tímido por la ventana de mi alcoba.  
Abrir los ojos a la jornada no es, tampoco, iniciar el día; puesto que no hay existir que resista la ausencia de tu gracia, albor para el alma marchitada en las horas de la noche.  
El día rompe, cuando en el alba caigo en cuenta que sólo el tiempo inicia contigo, vigilia de tu amor en el corazón, que me da la oportunidad de hacer de esta travesía de las horas, ocasión de salvación; acción de gracias; consagración de vida; ocaso de la tentación que me lleva lejos de tu corazón por mi expuesto.  
Quiero Señor, en este día ser amanecer; acontecer de bondad en la esperanza de mis hermanos, como tú lo eres en el mío. Resplandecer en obras de fe, ternura y caridad. Ser sol que salga en el horizonte de aquellos que en penumbras caminan y agotan sus pasos.  
Quizá es mucho; tal vez te pida demasiado, pero este día me siento animado, fuerte en mi pecho laten tus palabras, las que me dan libertad y son para mi ocasión de paz.  
Quizá no tenga todo lo que se necesite para tan grande misión: vocación de amor. Sin embargo, has despertado en mi, Señor, una aurora que no encuentra ocaso, ya que constantemente tu rostro está en el edén de mi alma.  
Despertar, Señor, no es amanecer, sin embargo, tu amanecer me ha despertado aunque la noche no haya terminado y, ahí quiero estar, puesto que te siento tan presente que ya no importa si de día o de noche es; sólo en ti quiero permanecer para siempre. 
Amén

Yerko Reyes Benavides

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