lunes, 15 de abril de 2019

Tu Decisión

"Que rápido se olvida lo que esta cruz significa. 
No, no habla de ignominia, sino de una decisión"

Jesús, Señor, cuando a ti a me acerco y en oración contigo me encuentro, trato con todo mis esfuerzo, seas Tú el centro de toda mi atención.  
Me alejo: busco el silencio; me aparto de cada ruido, de aquello que disperse mi mente y marco distancia de aquello que distraiga mi corazón e impida que Tú y yo en gracia y amor nos encontremos y juntos estemos.  
No es sencillo llegar a ti, dejar a un lado todo lo que pasa en mi; olvidar por un instante este mundo y sus injusticias; el dolor que infringe en tantos que se ven marginados y humillados: su sufrimiento también es el mío como también lo es de ti.  
¿Cómo, Señor, no decirte todo esto que está pasando?
¿Cómo no llegar a ti aireado, pues no se entiende tu proceder y a veces parece que dejas que pase el sufrimiento y la muerte del inocente?  
Me duele, Señor, porque creo en ti, confío en ti y en ciertos momentos me asalta la duda. Necesito tiempo para reponerme de mi enojo y volver otra vez a leer los signos de tu amor en el tiempo: 
La cruz en lo alto levantada, abandonada; despojada.  
¡Qué difícil de ha de ser, respetar por completo la decisión de esta humanidad que elige destruirse a sí misma!  
Que rápido se olvida lo que esta cruz significa. No, no habla de ignominia, sino de una decisión, la única que tú, eterno Dios podías tomar; la tomaste y apuraste el beber del vino de ese cáliz.  
No, la Cruz no es cobardía, sin la mayor y más grande valentía, es la decisión que tomaste sin vulnerar la nuestra y así una oportunidad dejar a nuestro alcance: “Ir más allá de este mundo, y amar hasta el extremo”.  
Abre mi corazón, expándelo al tamaño del tuyo, amado Señor, para que pueda en el caber la eternidad y en ella amar a la humanidad entera como tú, hasta donde ya no quede extremo alguno. 
Amén

Yerko Reyes Benavides

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