miércoles, 10 de julio de 2019

La Oración más antigua a la Virgen María

Muchas y muy ricas en contenidos y formas son las expresiones populares de nuestra fe, especialmente las que tienen como centro de atención a la Santísima Virgen María. 

El rezo del santo Rosario es una de las más estimadas, de las más extendida y la que sin duda es la más conocida. 

Han sido muchos los santos que han recomendado el rezo del santo rosario, incluso la misma Santísima Virgen lo ha exaltado como oración que conlleva grandes virtudes y procura muchos beneficios espirituales y materiales. 

Sin embargo, no es y por mucho, esta, la primera ni la más antigua oración presentada a la Madre del Señor. 

En su forma actual el “santo rosario fue entregado a Santo Domingo de Guzmán” por manifiesta revelación de la misma Virgen María en el año de 1242. 

En cuanto a la antigüedad de esta oración recitada, no hemos de pasar por alto el “salterio”. Este salterio es fruto de la práctica que tenían los monjes de rezar –hacer lectura orada y cantada- de los 150 salmos de la biblia. Dado que los fieles, en su mayoría no sabían leer y queriendo participar de la oración, los monjes le hicieron entrega de un ejercicio pío que consistía en la recitación de 150 padrenuestros, a los que no mucho tiempo después se le unieron  las 150 avemarías; a este rezo se le conoció como el "salterio laico". 

Así que, en el siglo IX con en el salterio laico, encontramos el antecedente más antiguo de esta oración, la más popular, dedicada al Virgen Santísima. 

Sólo que no es la primera oración, ni tampoco la más antigua. Quizá entendida como oración, las más antiguas palabras de alabanza dedicadas a María sean las que provengan de los labios de Santa Isabel: 
“Bendita tú entre las mujeres y bendito el fruto de tu vientre”. 
Pero el no será sino hasta mucho tiempo después que el Ave María tomará la forma que nosotros hoy conocemos. 


Quizá, hacer esto recorrido histórico resulte intrascendente, puesto que ya ni si quiera es un “acto de fe” para nosotros, sino un “hecho” el que la Virgen María sea merecedora y mucho de todo nuestro reconocimiento, y a ella la tengamos como intercesora poderosa delante de su Hijo.

¿Por qué, pues, hacer mención a todo esto? 

Quizá sea el gusto de pronunciar las palabras que fueron pronunciadas por tantos al principio, cuando se ponía en riesgo hasta la propia vida el decir: "María Madre". Quizá sea por lo que implica descubrir la historia que hay detrás de la oración que, se dice tantas veces y  muchas de ellas de forma tan mecánica y así se pueda valorar  en su justa medida y significado. Quizá sea para sentir que el tiempo no ha pasado y se puede estar ahí justo donde fue venerado el nombre de María como Madre de Dios por primera vez. 

Hoy es probable que no nos detengamos a considerar los aspectos que conlleva la Maternidad Divina de la Virgen. ¿Quién pone en discusión o en entre dicho la Maternidad Divina de la Virgen María? Si los hay, pero no entre nosotros. Para los cristianos y en especial para los católicos: “María es la Madre de Dios”. Y no desde ahora, sino casi desde siempre. 

¿Quién es testigo de esto? La oración que ha llegado hasta nosotros y que muchas veces decimos sin tener en mente que fue la expresión piadosa de los primeros cristianos. 

Conocemos esta oración, le decimos con mucha frecuencia, acompaña los rezos piadosos de tantos y son muchos los que hoy como al principio la repiten con fe, amor y devoción: 

Sub tuum praesidium
confugimus,
Sancta Dei Genitrix.
Nostras deprecationes ne despicias
in necessitatibus nostris,
sed a periculis cunctis
libera nos semper,
Virgo gloriosa et benedicta. 

Es la forma como llegó hasta nosotros esta oración, como la heredamos, sobrevenido al paso de los años. Trasmitida de boca en boca, de padres a hijos. Llega hasta nosotros, desde según la tradición, el siglo III año 250 (incluso anterior a mismo Constantino). Desde el siglo IV –según la arqueología moderna- que descubre no hace tanto unos manuscritos que la contienen. Pero, y sin lugar a dudas, ya estuvo presente desde el mismo comienzo: finales del siglo I comienzos del  siglo II. 

Esta oración nos pone tan cerquita de María, no sólo porque nos la presente como la Madre de Dios, sino porque fue la oración que sostuvo la fe de los hombres y mujeres del comienzo del cristianismo y en ella -esa fe- estaba la Virgen María.

La versión original, la que aparece en los papiros encontrados por los arqueólogos de nuestro tiempo reza así: 

Ὑπὸ τὴν σὴν εὐσπλαγχνίαν,
καταφεύγομεν, Θεοτόκε.
Τὰς ἡμῶν ἱκεσίας,
μὴ παρίδῃς ἐν περιστάσει,
ἀλλ᾽ ἐκ κινδύνων λύτρωσαι ἡμᾶς,
μόνη Ἁγνή, μόνη εὐλογημένη. 

Sin embargo nosotros la hemos conocido de toda la vida, incluso antes que los arqueólogos, y la hemos rezado y la seguiremos rezando así: 

Bajo tu amparo nos acogemos,
santa Madre de Dios;
no deseches las súplicas
que te dirigimos en nuestras necesidades,
antes bien, líbranos de todo peligro,
¡oh siempre Virgen, gloriosa y bendita! 

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Nota: 

Theotokos en griego significa: Madre de Dios. Es la forma como los cristianos ya desde el mismo comienzo se reconoce y exaltan el nombre de María. 

El dogma de la Maternidad Divina fue establecido en el Concilio de Efeso (año 431), siendo el Papa San Clementino I: 

"Si alguno no confesare que el Emmanuel (Cristo) es verdaderamente Dios, y que por tanto, la Santísima Virgen es Madre de Dios, porque parió según la carne al Verbo de Dios hecho carne, sea anatema." 

Santa María, Madre de Dios 
Ruega por nosotros.

Yerko Reyes Benavides

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