martes, 13 de marzo de 2018

¿Con o Sin?

El mundo, lo que llamamos realidad no está hecho de objetos concretos que existen independientes, aislados completamente del sujeto que los observa. Se da una iteración, el uno interviene en el otro. El sujeto al observar al objeto reconoce su existencia, puesto que le da poder para afectarse por aquello que observa.

La afectación la definirá el observador, no el objeto, que sólo tiene existencia en el reconocimiento que hace el sujeto de este. Así, tanto sujeto como objeto se relacionaran, se reconocerán y se afectaran, pero sólo uno de este binomio decidirá el cómo.

La observación objetiva es una falacia de la ciencia experimental. No hay observación sin intervención. El sujeto siempre se verá afectado por lo que observa y lo observado recibirá consistencia por el sujeto que lo observa.

Siendo conscientes de esto, y saltándonos el debate metafísico, que se establece en la pregunta por la esencia de la cosas (dejémosle momentáneamente este debate a los filósofos) vamos a los criterios de afectación que son los que utiliza el sujeto para relacionarse con el mundo, las cosas, la realidad, las personas e incluso Dios.

Estos criterios es el resultado de la herencia por una parte (en la cual el sujeto no interviene) y por otra, y la más importante el aprendizaje. Esto nos permite dejar colar una observación: si es aprendido, puede ser desaprendido y, a partir de ahí “construir” un nuevo criterio de observación o afectación.

En el Taller del Carpintero venimos no remedar las patas rotas de la silla en donde se asienta nuestra alma, sino a cambiar de plano los sustentos, mejorando la calidad de la madera, cambiando incluso el tiempo de madera, corrigiendo los desperfectos, lijando las asperezas, cepillando la pintura vieja, para poner un barniz nuevo y lustroso.

Todo tiene su consistencia inherente a su esencia, decíamos. Pero la forma en cómo influyan en nosotros los objetos –realidad- será decisión nuestra. La vida será bella como un paraíso aun en medio de un desierto; o un infierno aun en medio de un osáis, dependiendo de los criterios seleccionados para relacionarnos con la realidad.

Razón tenía aquel viejo adagio que reza:
“No te lastima quien quiere sino quien puede”
No eres el resultado de tus circunstancias, sino el producto de tus criterios, el constructo de tus aprendizajes y el resultado de tus decisiones. La buena noticia es que todo eso puede cambiar. Y gracias a Dios por el cambio, que en religión se le llama “conversión”.


Ahora tiene sentido completamente aquella expresión con la que comienza la vida pública de Jesús descrita en el Evangelio de San Juan:
“Conviértanse porque ya está cerca el Reino de los Cielos”.
Para decirlo más claro y que no queden dudas en tu interior.

Si tus criterios son oscuridad, todo a tu alrededor será noche, desolación y tristeza, aun siendo pleno día. Por el contrario si tus criterios son luz, todo a tu alrededor resplandecerá y aparecerá ante tus ojos trasfigurado, incluso tú mismo.

Yerko Reyes Benavides


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