lunes, 26 de marzo de 2018

Aroma a Ti

Señor Jesús, no tengo palabras para expresar mi profundo sentir ante la contemplación de lo que tú tuviste que vivir, para darnos vida en abundancia, tal cual como no casabas ni cesabas de anunciarlo en los caminos, praderas y lago de Galilea: de Nazaret y toda Judea. 

A traición, a ti que todo lo hiciste bien y nada dejaste sin tocar con bondad, fuiste vendido. Milagros hiciste por doquier, la huella de la caridad dejaste en niños, jóvenes, adultos y ancianos. No hubo lugar ni persona por más humilde que fuera que no atendiste. Y sin embargo, antes de enjuiciarte, por crímenes que no cometiste, ya posaba sobre tu cabeza sentencia: pena de muerte. 

¿Acaso la humanidad sigue ingrata que no dobla rodilla, ni inclina cabeza, ante tamaña muestra de nobleza? 

Sigues, querido Mesías, siendo vendido hoy día, en los miles de hombres heridos, resultado de la codicia y la avaricia de unos pocos. Dueños del mundo se creen los poderosos, viles y vanos que hoy también dicen de ti: reo de muerte eres y, asesinado terminas en calles, hospitales, y humildes chozas de barrios y poblados. 

No, no quiero repetir y ser yo quien siga dictando sentencia y poniendo precio sobre tu cabeza. 

Yo no me voy de tu lado, aunque en algún momento, por miedo y debilidad te niegue, y lágrimas de dolor corran sin poder ser detenidas por mi mejilla, por la falta de coraje, valentía y confianza que tú tuviste en el amor del Padre, por quien todo hiciste y sin él nada dejaste que pasara, en ti en los tuyos, incluido yo en tu decisión y determinación. 

Señor, hoy compartes con amigos, comida, manjar de mesa de amor y cariño. A tus pies María, quien esta vez no sólo atenta a tus palabras está, sino que corre a prisa, igual a Marta, no para cubrirte con platillos y manjares, sino para perfumar tu cuerpo, con aromas que a divinidad impregnan la sala y sobre todos los corazones de los tuyos, que asienten, pues te mereces detalle de amor y de ternura, dado por mujer de alma inocente y espíritu animoso. 

En poco tu rostro, incluso para los que te conocieron, resultará extraño y desfigurado, el aroma a perfume pasará puesto que de putrefacción ajena te revestirás; cargando sobre ti, la desidia de la humanidad. 

Sin embargo aquel perfume a nardo, costoso entre los aromas deliciosos, seguirá dejando la estela, y quienes sin pena vayan más allá de las apariencias, podrán contemplar una vez no sólo tu rostro hermoso, sino el rostro de la bondad que estela de indulgencia deja a su paso. 

A rosas y jazmines huele la divinidad. 

Que en este día sea el aroma de tu amor el que me lleve a abrazarte intensamente, confiar y a entregarme como tú a favor de mis hermanos, los que más necesitan el resplandor de tu gracia y la tierna caricia de tu mano. 

Permíteme, como María perfumar tu cabeza, para que algo de ese aroma a divinidad quede en mis manos para con suavidad tocar el corazón de mis hermanos. 

Así sea.

Yerko Reyes Benavides


Oración para el Lunes Santo

No hay comentarios.: