lunes, 5 de marzo de 2018

Amado, Jesús:

Amado, Jesús:
Dios y Señor de la historia,
humano “hijo de hombre”;
siempre amable y cercano,
qué día y noche te paseas
por las praderas de nuestras luces y sombras
e irrigas las almas apasionadas de aguas transparentes. 
Esencia anhelante de dulces y cristalinos manantiales de Palabra bendita
de tu parte:
llena de ternura, amor y bendición: espíritu,
inquieto que deseoso de amor
se pasea por los áridos desiertos de la vida.
Continúa, amado, haciendo tu acción vehemente
en nuestro corazón inclemente.

Gota de dulce agua eres que constante y perseverante
no nos abandonas a nuestros humanos placeres,
sino que insistente plenas nuestros espíritus rebeldes
de tu gracia desbordada para que
también nosotros seamos en este mundo,
tan lleno de contradicciones y objeciones
esplendor, rayo exiguo de luz reflejada,
en los corazones desagarrados y doblegados
de tanta miseria, humillación y dolor.
Ven Señor, paséate una vez más por las laderas
inconstantes de nuestra fe y amores. 
No nos dejes a nuestra suerte
que sin ti, despierta la muy vil y cruel tentación
de creer que podemos suplantar tu divinidad
y que nuestra conmiseración está a la altura
de tu bondad, misericordia y compasión. 
Toca un y otra vez con insistencia
las puertas de nuestra inconsciencia quizá,
de tanto golpear, con tu suave y firma voz,
puño abierto de ternura,
resquebrajes una vez y otra
nuestro encostrado, por dolores no curados
nuestro interior y,
de una vez por todas y para siempre
correspondamos a tu entrega desbordada
en humana Encarnación,
Pasión Muerte y Resurrección.
Paséate Señor sin desfallecer por las
laderas de nuestras inconstancias
alma hecha imagen y semejanza de
tu amor en libertad. 
Amén 


Yerko Reyes Benavides

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