miércoles, 10 de junio de 2020

Eucaristía

Invitado estoy; un banquete me aguarda, eres tu Señor quien lo ha dispuesto, tú mismo me has llamado, en la mesa de tu gracia un lugar para mí has preparado. 

Digno no soy, Señor, de tu atención, mas en ello no te fijas, fiel eres a tu bondad y en tu ternura no me dejas fuera del banquete celestial de tu amor. 

De las delicias de tu corazón propicias el alimento de salvación, en el crisol de tu entrega sirves la mesa, en la que esta alma invitada será regenerada. 

Tú mi Señor, tú mi amado, tú mismo te haces banquete, en el que este mi pobre corazón se fortalece, saciado quedo en el pan de tu divinidad, embebido en el vino de tu majestad. 

Me pides un traje de fiesta, más no llevo otro que mi aflicción, mi pena y mi vergüenza; entonces, abres tú los brazos para recibirme, de tu costado fluye el perdón que me reviste en el gozo de tu compasión. 

No dejes de invitarme al Ara de tu entrega, hasta que pueda, por esta gracia que me das, sentarme para siempre a la mesa de tu amor en plenitud.
Amén

Yerko Reyes Benavides

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