jueves, 10 de enero de 2019

Tiempo

"Pasan mis días y no aprendo, 
le sigo robando a la vida momentos 
para encontrarme contigo; son escasos, son efímeros..."

Señor Jesús me acerco a ti, con la certeza que esperado estás este rato en el que a ti voy. Mi oración no te hace Dios, pero divina es la esperanza de sentirme por ti alcanzado y contenido y Tú, en mi alma y corazón, atrapado.  
No soy yo el importante, más para mí el tiempo es limitante, por eso mis momentos en ti suelen ser fugaces, le robo al reloj minutos para estar contigo, y así no debería ser; pues tú las horas me das como un don: regalo de tu amor.  
Pero Tú, Señor, Tú estás más allá de las horas; te encuentras exento del tiempo. La eternidad es tuya: no hay agobio, ni tampoco prisas. Esta eternidad tuya significa que Eres y Estás, siempre y en todo lugar.  
Soy yo el que apura las cosas, esclavo del tiempo y mis más grandes apuros son las cosas de este mundo: prioridad las he vuelto, y por ello les dedico tiempo de más, uno que no es mío, el que a ti te pertenece.  
Si consciente estuviera siempre que mi tiempo lo es todo tuyo, lo que te dedicaría, Señor, no serían ratos, sino mi vida toda; dejaría de ser un grano que se pierde dentro de un reloj de arena.  
Así pasan mis días y no aprendo, le sigo robando a la vida momentos para encontrarme contigo; son escasos, son efímeros y a veces me pasa que estoy sin estar.  
Ahora Señor, me toca una vez más y como siempre dejarte.
¡Qué efímero es el tiempo! 
A lo cotidiano vuelvo, a veces me siento en contradicción: en ti hay paz, calma y serenidad: entonces ¿por qué me voy y de ti me alejo?  
¡Vente conmigo, Señor! Hazte el todo de mi día y así, no tendré ya más que mendigarle al tiempo minutos para sentir por un segundo que la eternidad me pertenece cuando estoy contigo, pues tú todo los serás para mí, y yo todo lo seré en ti. 
Amén

Yerko Reyes Benavides

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