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lunes, 24 de octubre de 2022

Enséñame

Enséñame mi Buen Dios:
a ser paciente para esperar de ti toda bondad;
a confiar en el designio de tu omnipotencia que abraza mi necesidad;
a dejar atrás el miedo y abrirme a la vida en verdad;
a vivir con autenticidad la gracia de tu divinidad.

Enséñame Maestro:
a pensar antes de hablar,
a callar antes de agraviar,
a indagar antes de criticar,
a escuchar antes de juzgar y castigar.


Enséñame Jesús:
a guardar silencio antes de ofender,
a hablar con propiedad y decir ante todo la verdad;
a sosegar la ira antes de atacar y lastimar
a apaciguar los humores del instinto
y no dejar heridas en el corazón de mis seres queridos.

Enséñame mi Señor:
a mirar con la profundidad de tus ojos,
a hablar con la pertenencia de tus labios,
a tocar y acariciar con la ternura de tu compasión
y amar con la largueza de tu corazón.


Enséñame Amado mío:
a pedir para recibirte
a buscar para encontrarte
a tocar para que sean abiertas en mi
las puertas de tu corazón y recibir de él todo tu amor.
Amén

Yerko Reyes Benavides

jueves, 30 de septiembre de 2021

30 Razones para Ir a Misa

"Como busca la cierva corrientes de agua, 
así mi alma te busca, Dios mío" 
(Sal 41,2)

Estas razones que ahora presentamos en una sola lista, han sido el resultado de un enriquecedor compartir. En ellas no hay teología, ni dogmática, no son el resultado de un análisis doctrinal, y aunque no carecen de estos elementos, han tenido su lugar en la vivencia de quienes las han presentado para realizar este ejercicio de amor y de fe en la Eucaristía.

Así pues, son pura experiencia espiritual, de sentir a Dios en el corazón y la necesidad de buscarlo en la santa Misa, que conmemora la presencia viva y sacramental del Dios-con-nosotros.

Ahora teniéndolas todas reunidas podemos hacer un recorrido que inspire la búsqueda de Dios en la Fracción del Pan e insistir sin desanimo, pues no nos faltara razón para presurosos ir al Encuentro del Amado, en un Pedacito de Pan, tesoro invaluable que se nos da sin costo de nuestra parte.


Una a una, las treinta razones:
1. Voy al cielo sin dejar la tierra.
2. Para ser amado con Eterno Amor.
3. Mis ojos pueden ver la Gloria de Dios.
4. Es mi cita especial de Amor de verdad.
5. Él me llama con ternura y me lleva con suavidad.

 "Hay cosas que sólo en y desde el amor tienen propósito, intención y proyección. Mi razón, la mayor y más importante para estar en tu presencia, Señor"

6. Para hacer de mi vida una ofrenda de amor.
7. Nutrir mi alma, alimentar mi corazón.
8. Escuchar atento, su Palabra de Amor para mí.
9. Recibir en santa comunión el Pan de Cielo.
10. Para ser mirado con ternura y en Amor.
"La fe me mueve, tu gracia me sostiene, pero tu amor lo es todo para mi"
11. Entrar por un instante al cielo y recibir la eternidad en un pedacito de pan.
12. Pedir perdón y encontrar reconciliación.
13. Para encontrar en el Altar de su Amor calma en mi tempestad.
14. Para poner en las manos de Dios todo lo que vivo.
15. Para recordar cada vez cuánto me sigue amando Dios.

 "Es tu bendición mi tesoro y tu paz mi compañía,y la busco cada día con ahínco"

16. Para poner el altar del Señor mi necesidad de su Amor.
17. Para recibir gracia y sanación.
18. Para recibir la caricia tierna y suave de su amor en mi corazón.
19. Para amar y ser amado con Amor Incondicional.
20. Para acrecentar mi fe y en su entrega renovar mis fuerzas.
No hay comida en esta tierra que pueda satisfacer mi alma y llenar mi corazón, sino el Pan bajado del Cielo que recibo en cada Eucaristía.
21. Para resguardar mi corazón en su Misericordia.
22. Para recibir la prenda de mi salvación.
23. Para abrazar la Misericordia del Padre junto a mis hermanos.
24. Para celebrar la fiesta de la reconciliación y del verdadero amor.
25. Para presentar a Dios mis necesidades y escuchar su Palabra de Consuelo.
"No hay mayor razón que el amor de Dios".
26. Para recibir cada día su paz y bendición.
27. Para recibir el pan que me da vida en abundancia.
28. Por amor, para amar y ser amado.
29. Para acrecentar en mí su gracia y renovar mi fe.
30. Porque quiero, porque puedo y porque su amor me hace falta.


Gracias a todos los que colaborar con su razón personal e íntima para que ahora, a ninguno nos falte una razón para ir en la búsqueda del Señor en la Eucaristía.

Yerko Reyes Benavides

lunes, 30 de noviembre de 2020

Bendición

Oración para bendecirnos uno a otros

Que el amor de Dios sea tu guía, 
lo que te inspira cada día; 

Su Bondad 
de tus deseos su medida; 
su Palabra 
la verdad de tu vida; 
su Ternura 
la razón de tu alegría; 
su Plenitud 
el motivo de tu esperanza 
y la locura de tu confianza. 

Que Dios se vuelva tu camino 
y el destino de tus pasos. 
Amén

Yerko Reyes Benavides

domingo, 10 de mayo de 2020

Madre: Mi presente

Me pregunté, en ocasión a un día como hoy, y con la intención de no quedar atrapado en lo convencional: ¿Qué es lo que más anhela el corazón de una madre?

Y pasé largo rato meditando; intentando recoger en un sólo deseo lo que hay en los sueños de cada madre, y que guardan con cuidado y recato en sus adentros; aquello que no es casi nunca contado por sus labios.

Y tras mucho pensarlo llegué a una conclusión, en la que espero no errar: 

Lo que más anhela una madre es "el beso tierno de sus hijos". 

Pero no me quedé ahí; casi nunca lo hago, siempre indago y busco un poco más.

Y caí en cuenta, si ese es el sentir que está en el corazón de cada madre: ¿Qué espera recibir su alma? 

No tardó mucho en llegar la respuesta, y una imagen vino a mi mente, una que trajo descanso a mis pensamientos y una oración para mis labios. 



Lo que en el alma de cada madre está como un deseo, un sueño y el más grande anhelo es "recibir el dulce y tierno beso de Jesús".

Yerko Reyes Benavides

martes, 21 de abril de 2020

Meditación Fugaz: Tiempo Nuevo

De cómo interpretar los acontecimientos en curso. 

Un día cansado de la rutina, de hacer una y otra vez siempre lo mismo; de repetir como si fuera un calco un día con el otro; fatigado de ver cómo los días se consumían en un quehacer sin sazón y en una labor sin emoción, sintiéndome cada vez más un autómata de una destreza adquirida que hacía tiempo dejo de ser novedad, elevé mis ojos a lo alto, como el que busca a encontrar a Dios entremedio de las nubes, y pedí al Omnipotente, aun sin haberlo visto, lo que quizá muchos han pedido: una intervención extraordinaria de su parte que hiciera cambiar el curso de las cosas tal como se estaban dando. 

No creo ser el primero, ni único, ni último en pedirle a Dios algo semejante. La motivación varía entre unos y otros. Las razones cambian, pero en el fondo, todas implican lo mismo: el deseo de vivir un tiempo nuevo. 

Ahora que lo pienso, me hubiera gustado que mi motivo fuera un tanto más altruista, más movido por la justicia social, o como un gesto de solidaridad universal; pero las cosas son lo que son, y la oración que es auténtica, aborda la problemática interior de la persona que la presenta. 

No supe lo que en aquel momento estaba haciendo, ni si quiera me interesó esperar una respuesta; aquello aunque era importante no tenía los rasgos de algo vital, más bien fue el resultado de una rabieta de ocasión; por tanto seguí sumergido en vivir cada día, rasguñando en cada esquina un pretexto para seguir haciendo lo que me correspondía, pues, me movía más el sentido del deber que el gusto por la forma de vida que estaba teniendo. 

De vez en cuando una escapada, hacia el lugar de los placeres, nada extravagante ni si quiera desafiante del orden y la moral, sólo un rato de distracción para unos pensamientos compulsivos que sin poder acallarlos estaban ahí para recordarme constantemente que mis días seguían siendo iguales. 

Hoy, haciendo memoria, no recuerdo cuándo fue que lo pedí, no creo haya sido una súplica sostenida en el tiempo, pues fue hace tanto como para no recordar el día y la hora, sólo que un día fue hecha esta oración como otras muchas que se desbocan cuando al corazón lo agobia alguna pena o desazón. 

Vuelvo atrás, como el que hace un repaso de las hojas de un libro leído buscando aquella expresión que, al momento de ser leída, detuvo el aliento y liberó un suspiro retenido. En ese repaso, recuerdo lo airado que estaba, y la duda me invade: ¿Qué fue lo que pedí? Sé que levante mi puño al cielo, incluso se que desafié su poder y autoridad exigiendo una demostración: “Señor detén el tiempo, haz que todo cambie, que las cosas sean diferentes…” Incluso intente sobornarlo, y caía en la zalamería de incluir en la oración aquello imagino le agrada que sea tenido en cuenta, ayudar al necesitado… todo con la intención de ser complacido. 

Un pensamiento martilla mi mente, una duda asalta mi corazón, una inquietud me invade: ¿seré responsable de lo que está pasando? 

No, no soy tan influyente ni la tierra ni en el cielo, como para de esta manera ser complacido; ni Dios tan incongruente como para de buenas a primeras hacerme caso. Razón tiene el Apóstol Santiago al hacernos ver que nuestra manera de pedir es insostenible (Cf St 4,3-17). 

Al contrario, soy como tantos que se cansan de ver que la vida se va y no pasa nada más allá de la responsabilidad y del deber; que responden a los compromisos adquiridos y esperan al descanso de los domingos para olvidar el resto de los días de la semana y sus afanes. 

Ni en mis sueños más extravagantes, que lo confieso los he tenido, me hubiese podido idear una situación tan improbable como está. Es que lo pienso, al hacer memoria y no doy crédito. Y cierro los ojos, suspiro, y doy gracias porque estoy en condición de pensar aun en medio de esta circunstancia que a mi no ha llegado de forma trágica. 

Quería que las cosas cambiaran, creo que ese sentir lo comparto con muchos, pero no pedí que fuera esto lo que nos pasara para que cambiaran algunas cosas; pero está pasando, y estoy completamente convencido que no es una fuerza sobrenatural lo que está moviendo el suceder de estas cosas. 

No, en esto que nos está pasando no tienen sus manos metidas ni Dios ni el diablo, pero ambos andan muy azorados en estos días, pues el desazón, el desconsuelo y la desesperanza rondan al asecho del incauto, del desinformado, del que ha visto de frente el rostro a la pérdida y del aprovechador de ocasión que hace de esto un negocio (igual da si es en nombre de la fe o del bolsillo). 

Me detengo y pienso, ahora tengo tiempo de más para hacerlo, evalúo y valoro todo y me digo: ¿Puedo quejarme? No, no puedo ser tan incoherente. Quería un contexto que procurarse cambios contundentes y eso es justo lo que está aconteciendo. ¿Acaso puedo mirar al cielo y seguir exigiendo que los días sean diferentes? No, no puedo ser tan infantil para seguir haciendo rabietas, o mantenerme en la queja porque los acontecimientos no se están dando según mi gusto y mi antojo. 

Yo no pedí esto, y estoy seguro que Dios no es el causante de lo que nos aqueja, pero si de algo estoy seguro es que hay cosas que han dado un vuelco vertiginoso (para muchos muy doloroso, no lo niego) que este tiempo nos está trayendo un cambio y nos están también haciendo cambiar; no logro acertar a pensar si será permanente o solamente hasta donde la memoria nos alcance. La mente esconde rápido los recuerdos ingratos y puestos debajo del tapete de la inconsciencia, volvemos a la vida que llevémonos como si nada nos hubiese pasado.


Ahora pienso en lo vivido en estos días, y aunque me han sumergido en un resguardo no deseado, pienso en las veces que soñé una Cuaresma de verdadera conversión, donde el sacrificio ofrecido fuera más que el propósito de dejar algún vicio o contenerse de comer algún dulce. El sacrificio ha sido real aunque no sea del todo consciente de ello, pero al hacerlo presente me ofrece una oportunidad que he de evaluar y valorar si en mí, ha dejado la huella de su paso. 

En algún momento deseé una Semana Santa diferente, y llegué a pensar en lo descabellado, cómo serían estos días si no fuera creyente; sin embargo, rápido fue desechado ese pensamiento, pues está en mi corazón escrito el símbolo de la fe. Y ahora puedo decir como Simeón, pues ha sucedido lo impensable y lo he visto, una Semana Santa que no volverá a repetirse, un hito en la historia de la cristiandad, no sé si estos días fueron menos santos que los años anteriores por estar cerradas las iglesias y guardados los santos, pero sí puedo decir que fueron los días en los que hice de mi casa un templo, que espero no destruir. 

Ahora, cuando escribo estas líneas, siento la Pascua fluir en mi espíritu, con la fuerza que me da el resucitado, porque lo que en él contemplo, lo veo en mi realizado. 

Cuántas fueron las veces que escuché aquello del “gozo de la Pascua”, más veía como todo en mí seguía su curso, ni menos triste, ni más feliz, sino igual, ningún cambio aportaba la pascua al devenir de mi existir, solo el hecho de sumarse a las ya antes pasadas. 

Mas esta Pascua ha llegado como un gran desafío, y no como un regalo; dentro de este contexto y bajo esta situación está siendo un llamado de lo alto, a vivir en alegría y desde la alegría del resucitado que infunde vida en abundancia, más allá de la adversidad y la dificultad. Una ocasión en plena zona de fuego a probar la fortaleza espiritual que han dejado tantas pascuas ya vividas a la que se suma esta de forma muy especial. 

No vale excusa alguna, hay que dejar caer la corona de espina y dejara a un lado la cruz y sumergirse de lleno en la Pascua del Señor. Es ahora, donde más se necesita que los cristianos nos hagamos presentes infundiendo este sentir pascual del corazón. 

Parafraseando al Apóstol Pablo: donde abunda la pena, el desconsuelo y la desesperanza, sobreabunda la gracia, del Señor (Cf. Rm 5,20). Ahora es cuando, en donde tantos están vapuleados por las dudas y el temor, urge llevar la paz del Señor; en donde no son pocos los que ven un porvenir sin ilusión, desesperanzados y sin dirección, ser luz y esperanza y; más que nunca es el tiempo en el que la solidaridad, la caridad y el amor han de resplandecer en el horizonte en el que fijan sus ojos tantos en medio de su necesidad buscando alimento, vestido, medicinas y sustento. 

Perdón debo pedir, no por haber pedido que todo fuera distinto, sino por no ver en lo que pasa ahora un castigo divino (que tantos deseas para darle aprobación a sus pretensiones por más justificadas que estén), o no dar crédito a la no menos elegante idea del poder desatado de un diablo que juega a su antojo con nosotros; ni si quiera ver en estos sucesos las señales del final de los tiempos anunciado: perdónenme, no lo veo así. 

Al punto que llego después de que mis pensamientos han divagado cual gaviotas errantes es a comprender que en mi descontento, de un día cualquiera pedí algo que no esperé se diera pero que hoy está pasando, y lo estoy viviendo, voy siendo protagonista y está dejando importantes cambios en todas partes, pero la más importante transformación sigue aguardando dentro de mí, en donde he de enfocarme.

Lo que veo y en grande, es la gran oportunidad de dar el salto definitivo, antes de ser llamado, a vivir ahora la Vida Plena que Dios dispuso para mí; esa que se vive en alegría viva y que su presencia no depende de ninguna circunstancia ajena o foránea para existir y que sobrevive a los tiempos de adversidad, desgracia, tragedia e incluso desolación y pena.

Yerko Reyes Benavides

martes, 14 de abril de 2020

Meditación Fugaz: De cómo sentirnos en Pascua estando en cuarentena.

Que Cristo resucitó, resucitó. ¿Cómo lo hizo? Eso no lo sé. De eso se trata la fe. 
“Es, pues la Fe la certeza de lo que se espera, la convicción de lo que no se ve”.  (Hbr 11,1)
Entendamos de entrada, sentemos el precedente, la Resurrección de Cristo es la razón por la cual nuestra fe y todo lo que hacemos en su nombre, tiene propósito y también sentido. 
”Si Cristo no ha resucitado, nuestra predicación no sirve para nada, como tampoco la fe de ustedes”. (1Cor 15,14)
Estremecedora es la entrega de Jesús en la Cruz. Mueve y conmueve hasta la fibra menos sensible de nuestro cuerpo. 

El acontecimiento de la cruz nos deja perplejos, y por muchos motivos. Sin embargo, y la forma más sencilla de decir esto, es simplemente diciéndolo: Jesús no fue el primero, ni el único, ni último en morir en una cruz, dándole a la entrega y su muerte un carácter oblativo.

¿Por qué no recordamos a ninguno más que haya muerto en la cruz, aparte de Jesús y los dos ladrones con él crucificados? 

La respuesta es simple y seguramente ya la dedujiste, sin embargo, consideremos lo siguiente antes de darla.

La cruz, como castigo era una práctica común entre los romanos. Un escarmiento visual terrorífico para que ninguno se animara a sublevarse contra la autoridad del imperio, razón por la cual se dictaba tan temida sentencia. 

Con todo y el sentido cruentamente ejemplarizante, muchos judíos y no judíos fueron condenados a la muerte en cruz. 

¿Qué hace diferente, entonces, a la muerte de Jesús en la cruz? 

Nada y mucho. Aunque parezca contradictoria esta manera de responder, si te detienes a considerarlo, verás la razón. 

Todo lo que Jesús enseño de palabra, lo confirmó desde de la cruz. La cruz no es locura, no es necedad (Cf 1 Cor 1,23), la cruz es coherencia. 

La cruz, por la muerte de Jesús en ella, se convierte en lugar de reconciliación y en altar de perdón. Expresión sublime de amor: 
“Nadie tiene amor más grande que aquel que da la vida por sus amigos”. (Jn 15,13).
Sin embargo, todo esto se hubiera quedado en poco o nada si Cristo no hubiese Resucitado.


Fue un error de estrategia  haber conectado la cuarentena con la cuaresma. No faltaron quienes vieron la oportunidad de hacer que la cuarentena tuviera un carácter penitencial. Ninguno imagino que esto duraría tanto. ¿Y, ahora que estamos en Pascua, qué? 

El sentido espiritual de la cuaresma es una intervención interna con consecuencias externas. La cuarentena por el contrario es una intervención externa, con consecuencias externas y que, no debería traer repercusiones internas. 

Esta intervención interna, con sus prácticas propias, nos coloca a los pies de la Cruz del Señor, ahí termina (la cuaresma). En la cruz del Señor, ha de morir todo aquello que limita, dificulta o impide (el pecado) la Vida en plenitud concedida por Cristo. Es la Vida en Dios que no está sujeta a los vaivenes ni del tiempo ni de las circunstancias. 

La cuarentena que continua, y no sabemos con certeza cuánto tiempo más durará, demás está decir, no tuvo, no tiene, ni tendrá un carácter penitencial, purgativo extendido hacia la Pascua. Pero lo que si puede tener, y eso depende por entero de nosotros, un propósito reflexivo, es decir, hacernos pensar, meditar y discernir y, no  bajo la lupa de la expiación (pues no es un castigo) sino bajo lo que es: un vaivén de este mundo y sus circunstancias. 

La Pascua no se espera, como se espera a la Navidad. Vivimos inmersos e insertos en la Pascua del Señor, pues la alegría del Resucitado está ya signada en nuestro corazón, y su trazo fue hecho en en él con la forma de una cruz y resplandece en nuestra alma, como el amanecer sin ocaso, de ese día glorioso. 

La consecuencia de esto: una alegría que nada, ni nadie podrá arrebatarnos jamás y, la promesa de que esta alegría, que proclama nuestra fe y sostiene nuestra esperanza, llegará a la plenitud. 

Entonces puedo estar sumergido en la dificultad, en medio de la tempestad, atravesando por el duelo y no perder la alegría, el gozo espiritual. Esto es Pascua, este es el efecto espiritual que tiene la Pascua del Señor en la vida del creyente. 

Antes de la cuarentena, muchos ya vivían en ella, encerrados en sus miedos, orgullo, soberbia o vanidad. Haciendo cálculos constantes para sacarle provecho a los placeres de esta vida, comprando ropajes de felicidades efímeras para tapar el frío de sus vacíos. 

Otros tantos, no terminan nunca de cerrar el ciclo de la cuaresma, y hacen de ella una práctica constante que los mantiene en eterna penitencia y duelo. 

La Pascua es un estado vida, que da vida, que engendra vida, y comunica la alegría de la presencia viva del Señor que se emplazó definitivamente en el corazón de quien en Pascua busca siempre estar. 

La cuarentena es una circunstancia externa y pasajera. La Pascua es una condición interior, en la que la alegría espiritual es la primera de sus características y la segunda, te la digo también acá, es la supresión del miedo. 

No me tomes por ingenuo, imagino lo que puedes estar pensando: “se escribe rápido y se dice fácil, pero…”. Te doy la razón, nadie dijo que pasar de la cuaresma a la Pascua sea fácil, no te olvides,  yo no lo he pasado por alto, ahí en el medio está la cruz. Incluso a los discípulos les costó y necesitaron, no sólo de las muchas pruebas de Resurrección que les dio el Señor, sino además, del Don de lo alto: el Espíritu Santo. 

Ánimo, que todavía nos falta un trayecto más que recorrer. La calle nos espera, pero a ella no podemos volver como si nada hubiese pasado; pues algo está pasándonos, y no, no es la cuarentena, sino la Pascua. 

La Pascua es lo que nos está pasando. 

Yerko Reyes Benavides

lunes, 25 de marzo de 2019

La Gratitud como Virtud

Palabra y Actitud para cada día
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“Y todo lo que hagan, sea de palabra o de hecho, háganlo todo en el nombre del Señor Jesús, dando gracias a Dios Padre por medio de él” 
(Colosenses 3:17)
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Dios actúa de maneras insospechadas en nuestra vida.

Su acción a veces no es comprendida por nosotros, y cuando contraviene nuestros gustos, aspiraciones o intereses, nos molestamos o enojamos.

Nos duele pensar que Dios no nos escucha.

Hoy, en nuestro Itinerario Espiritual hacemos un alto. Esta palabra que compartimos nos diente para que podamos considerar algunas cosas que harán más ágil nuestro caminar.

Vayamos más allá de lo que siempre hacemos. No sólo agradezcamos los favores que recibimos.

Abramos verdaderamente nuestro corazón a la Gratitud, incluso de aquello que no recibimos o que al recibirlo no nos agrada, pues no es lo que esperábamos.

Estar siempre agradecidos es una noble actitud que denota elegancia espiritual.

Agradecer es reconocer que aunque no lo tengamos todo, no nos hace falta lo más importante, lo más valioso. 
¿Sabes ya qué es?
Por otra parte, ¿De qué más podemos estar agradecidos?

Por cierto, la gratitud le da amplitud al alma y ensancha el corazón.




PS. Propósito del día: Ser agradecidos, dar la Gracias.

Un abrazo y la Bendición de Dios les acompañe.

Yerko Reyes Benavides


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domingo, 24 de marzo de 2019

Contemplación: Una Actitud Espiritual

Contemplación:
Una Actitud Espiritual que nos abre los secretos 
del Corazón de Dios
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Las cosas de Dios no necesariamente pasan por nuestro Intelecto o se tamizan por la razón. Mucha de la forma como Dios actúa nos es incomprensible, extraña e incluso, inadmisible.

No necesitamos "entender" todo, menos lo que se refiere a los planes de Dios y la realización de su proyecto para el mundo y nuestra vida en él.

Ya hemos meditado palabras como:
  • Apertura,
  • Confianza
  • Disponibilidad
  • Internalización, entre otras.
Ahora, para continuar en nuestro Itinerario hemos de fortalecer la Actitud y Aptitud de la Contemplación.


Contemplar no necesariamente nos lleva a la comprensión exacta de los por qué de Dios. La Contemplación, por ende va acompañada de la Meditación y la Oración.

La Contemplación propicia que podamos abrir a Dios el corazón, el espíritu y la mente, para que se realice su obra.

Encontremos tiempo, busquémoslo y que no falte en nuestro día a día la "Contemplación".

La Virgen María es nuestro más preciado y precioso modelo a seguir. Imitemos su ejemplo:
"Ella conservaba y guardaba todas estas cosas y las contemplaba en su corazón" (Cf. Lc 2,19)

Yerko Reyes Benavides
@bereyerko         

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domingo, 23 de diciembre de 2018

Si, Dichoso serás si en tu Palabra, hay...

 ¡Dichosa tú que has creído, 
porque lo que el Señor te ha dicho se cumplirá!
(Lc 1,45)
Si, en verdad, serás dichoso. Lo serás si devuelves el valor de la palabra a tu ser y a tu vida.  
Si, en verdad serás dichoso, si tu palabra tiene el valor de comprometerte en lo que dice y lo conviertes en actos contundentes.  
Si, en verdad serás dichoso, si tu palabra dada lleva consigo el esfuerzo de hacer cuanto anuncias y proclamas.  
Si, en verdad serás dichos, si tu palabra es consistente con lo que sientes y piensas.  
Si, en verdad serás dichoso, si tu palabra transmite actos de justicia, libertad y paz y, tu obrar es acorde con ella.  
Si, en verdad serás dicho si tu palabra es creíble y nadie en duda la pone porque haces lo que dices y dices lo que haces.  
Si, en verdad serás dicho, si por haber creído en la Palabra que de lo alto has recibido, la tuya es expresión profética de lo que te fue a ti confiado.  
Si, en verdad serás dichoso cuando la Palabra de Dios en tu palabra encuentre realización.  
Si, en verdad serás dichoso si tu alma, mente y corazón en tu palabra confluyen y se hacen uno.   
Si, en verdad serás dichoso por haber creído, no te hará falta nada más puesto que tendrás la certeza de que cuanto te fue dicho, ya por Dios en ti fue realizado y espera ser en ti y por ti efectuado.  
Si, en verdad serás dichoso, si tu palabra infunde confianza y alegría en el corazón de aquellos que caminan en desesperanza.  
Si, en verdad te lo digo, tu fe te hará dichoso porque Dios será la certeza que le dará seguridad a tu palabra, y cuanto por ti sea dicho, será por Dios refrendado.
Yerko Reyes Benavides 

domingo, 9 de diciembre de 2018

Itinerario Espiritual de Adviento

Primer Tiempo
Segunda Parada

¿Qué hacemos en esta parada?:

Recordamos, no se trata de teorías, mucho menos de doctrinas. No la desechamos, sin embargo no nos deteneos en ellas. Nos basta la noción que tengamos del significado de lo que va ha ser la propuesta de la semana. Todos tenemos una idea de lo que significa, eso basta. Y si alguno necesita indagar un poco más para una mayor compresión de lo que se va a hacer; se investiga someramente y se pasa a la práctica.

Recordemos que el Itinerario Espiritual de estos dos tiempos se concentra el quehacer más en el conocer.

¿De qué se trata?

Recordemos:

Primero, se escoge un lugar tranquilo en una hora cómoda del día para hacer la lectura de la cita bíblica propuesta.

Segundo, y es consecuencia de lo primero, se hace una breve meditación de la lectura realizada para, en tercer lugar ir a la oración.
La oración es un momento muy importante del paso y por ello se ha de prolongar durante los siete siguientes días ya que ésta ha de ir acompañando a la acción que sería el último paso. La manera de hacer la oración será la "espontanea" o también se le llama "oración libre", es decir, sin estar sujeta a un esquema establecido (como podría ser el caso de la oración devocional).

La oración acompañara la realización en obras del propósito que ya esta definido en cada parada.
Continuemos nuestro Itinerario Espiritual de Adviento: "De Camino a Belén.

Encendamos la Segunda Vela del Amor de Dios en nuestro Corazón haciendo esta Segunda Parada del Primer Tiempo:

Lectura Bíblica:
"Preparen el Camino del Señor Lucas 3,1-6
Establecemos el propósito para realizarlo en Oración y Acción en esta semana que inicia:
Mantener una Actitud de Apertura y Acogida.

Yerko Reyes Benavides 

Profeta quiero ser, Señor

"Señor mi Dios, esto en mí también apremia, 
tu Justicia Señor.
Con tu mano derecha entregas el Amor y 
con la otra traes y apuras la Justicia de Dios"

Señor Jesús: ¿dónde están los profetas de este tiempo; hombres y también mujeres en cuyos corazones arda y queme tu Palabra y así, vencidos los miedos infundidos por un mundo hostil, caminan con determinación hablando de Misericordia, Compasión y Ternura, esas que de tu Amor incondicional provienen?

¿Qué se hicieron los profetas que sin arredrarse en las amenazas de los poderosos y los encumbrados ilegítimos de este mundo, denuncian sus atropellos, sus bajezas y vilezas, y les dicen seguros y sin temblores de voz: la justicia de Dios a ustedes pronto llegará?

Hazme Jesús uno de ellos. 
Medito, Señor en tu Palabra, contemplo tu promesa: eres un Dios de mansedumbre, pero también de determinada determinación; vienes con el bieldo en la mano a arrancar la cizaña y cuidar al trigo.

La hoguera está encendida para que en ella se consuman todos aquellos que hacen mal y escándalo y dolor infringen en el corazón de tus pequeños y de los humildes: los marginados de los bienes de este mundo. 
Señor mi Dios, esto en mí también apremia, tu Justicia Señor.

Con tu mano derecha entregas el Amor y con la otra traes y apuras la Justicia de Dios.

Inquieta mi espíritu, esta visión, pero así como en tu amor me gozo, a tu justicia me someto y del juicio espero salir librado. En ti tengo puesta mi confianza, hoy con seguridad y certeza, te pido: haz presente tu Amor y tu Justicia, Señor. 
Señor, te pido: hazme “profeta de este tiempo”. Dispuesto estoy, a en tu nombre, darle a los hombres la esperanza; decirles en confianza: el desierto pronto terminará, las montañas se allanarán, los valles rellenos quedarán, y todo lo que está en el mundo torcido enderezado será: el tiempo en el que la maldad ya se ha acabado; el Mesías ya llega, Cristo está ya entre nosotros.
Amén

Yerko Reyes Benavides

sábado, 24 de noviembre de 2018

Etty Hillesum: Pensamientos desde las Barracas.

Estamos acercándonos a la Gran Celebración del 75° Aniversario de la partida a las praderas del Amado Dios, de Etty. Confiada acude a la cita con aquel que descubrió en uno de los lugares de horror más grande de toda la historia. 

Un 30 de noviembre, ofrecía a Dios lo que tenía de vida, entre cantos entonados por ella y aquellos compañeros cuyas almas serenas, juntos entregaban en paz al Creador, sabiendo que en esa hora aciaga aquel que es Bondad Plena no los abandonaría, sino que su mano extendería para recibir su oblación. 

En este espacio, enmarcado en la celebración aniversaria iremos adentrándonos en la experiencia mística de Etty Hillesum, una experiencia espiritual vivida con rapidez pero con la madurez que apura la tragedia.

Ella nos ofrecerá su mano joven y su pluma ágil, impregnada de oración, meditación y contemplación que, será una oportunidad para desarrollar en nuestra propia vivencia de fe una sólida espiritualidad; una entrega a Dios en el Amor, desde nuestra propia realidad.


Dejemos que sea la misma Etty quien anime nuestro empeño: 
«El robo más grande contra nosotros lo cometemos nosotros mismos. 
La vida me parece bonita y me siento libre. 
El cielo se extiende ampliamente tanto dentro de mí como sobre mí. 
Creo en dios  y creo en la gente y me atrevo a decirlo sin ninguna vergüenza. La vida es dura, pero eso no es grave. Hay que empezar a tomarse en serio a sí mismo, y lo demás viene por sí solo. 
Y lo de “trabajar por uno mismo” realmente no es un individualismo enfermizo. 
La paz sólo puede convertirse en una paz real más adelante, cuando cada individuo la encuentre en sí mismo, extermine y venza el odio hacia los demás, da igual de qué raza o pueblo, y lo transforme en algo que ya no sea odio, sino tal vez incluso amor. 
Pero probablemente eso sea exigir demasiado. Y aun así es la única solución.»
(Etty Hillesum, 1942)

Yerko Reyes Benavides 

jueves, 8 de noviembre de 2018

Tómame de la Mano

"No me creeré, en mi inocencia, 
que la paz que descenderá sobre mí es eterna". 


"¡Dios mío, tómame de la mano! 

Te seguiré de manera resuelta, sin mucha resistencia. 
No me sustraeré a ninguna de las tormentas 
que caigan sobre mí en esta vida. 
Soportaré el choque con lo mejor de mis fuerzas. 
Pero dame de vez en cuando un breve instante de paz. 


No me creeré, en mi inocencia, 
que la paz que descenderá sobre mí es eterna. 
Aceptaré la inquietud y el combate que vendrán después. 

Me gusta mantenerme en el calor y la seguridad, 
pero no me rebelaré cuando haya que afrontar el frío, 
con tal de que tú me lleves de la mano. 

Yo te seguiré por todas partes e intentaré no tener miedo. 
Esté donde esté, intentaré irradiar un poco de amor, 
del verdadero amor al prójimo que hay en mí". 

Etty Hillesum
(25 de noviembre de 1941)

domingo, 4 de noviembre de 2018

En el prójimo estás, Señor


Señor Jesús mi oración es una expresión personal y muy íntima del querer estar contigo; buscarte es mi continuo anhelo y encontrarte mi alegría.

Te busco porque ansío hacer presente en mí la caricia suave tu voz que toca mi corazón e infunde valor al deseo de hacer lo que me pides: vivir en armonía, sosiego, valor, justicia y paz.

Sin embargo, no siempre me doy cuenta que tú de prójimo te revistes, y en el otro te hayas, cercano te haces, y te haces sentir, en la vida de los que peregrina conmigo, puesto que tu amor en ellos como en mi también está en sus vidas en abundancia.

Así pues, amado Jesús, hoy te pido por los que el Padre me confió, a quienes puso a mi cuidado y custodia, aquellos de los que soy corresponsable de su salvación y que con bondad he de apoyar parque que tu amor en su vida encuentren y en tu gracia se realicen como hijos del Padre son hermanos tuyos y míos que son.

Te encomiendo a mi familia y amigos, a mis vecinos y cercanos, a los que conmigo caminan y me acompañan en lo cotidiano. A veces no tengo el valor para hablarles de ti, decirles que los amas. 

En la tranquilidad de este silencio, en la que mi oración elevo, hago esta súplica y pido por ellos: son una bendición, puesto que están en mi vida porque tú así lo quisiste, en ellos aunque no siempre de ello soy consciente, te descubro a ti, has que ellos en mi te encuentre a ti y pueda así ser testigo para ellos de tu amor, perdón, ternura y compasión.

Abrázalos, con el abrazo del Espíritu Santo, y no sólo a los que conozco, sino también a todos los que forma parte de mi día, y a los que llamo extraños, más si me fijo bien, están siempre ahí, permíteme hoy un saludo tener en mi labios para ellos, y en mi corazón una intención para que tú los bendigas junto conmigo y también los míos.

Amén

Yerko Reyes Benavides

sábado, 3 de noviembre de 2018

De Camino

Te escondes
y a la vez
te dejas ver


En el fenecer 
te hayas también


Y del suelo 
mi mirada elevo
y en el cielo te encuentro.


Yerko Reyes Benavides

viernes, 2 de noviembre de 2018

La Muerte no es el Final

"La muerte no es nada, sólo he pasado a la habitación de al lado.
Yo soy yo, ustedes son ustedes.
Lo que somos unos para los otros seguimos siéndolo
Denmen el nombre que siempre me han dado. 
Hablen de mí como siempre lo han hecho.
No usen un tono diferente. 
No tomen un aire solemne y triste.
Sigan riendo de lo que nos hacía reír juntos. 
Recen, sonrían, piensen en mí.
Que mi nombre sea pronunciado como siempre lo ha sido, 
sin énfasis de ninguna clase, sin señal de sombra.
La vida es lo que siempre ha sido. 
El hilo no se ha cortado.
¿Por qué estaría yo fuera de su mente? 
¿Simplemente porque estoy fuera de su vista?
Los espero; 
No estoy lejos, 
sólo al otro lado del camino.
¿Ven? 
Todo está bien".

«Death is nothing at all, I have only slipped away into the next room.
I am I, and you are you.
Whatever we were to each other, that we still are.
Call me by my old familiar name, speak to me in the easy way which you always used, put no difference in your tone, wear no forced air of solemnity or sorrow.
Laugh as we always laughed at the little jokes we shared together.
Let my name ever be the household word that it always was.
Let it be spoken without effect, without the trace of a shadow on it.
Life means all that it ever meant.
It is the same as it ever was.
There is unbroken continuity.
Why should I be out of mind because I am out of sight?
I am waiting for you, for an interval, somewhere very near, just around the corner.
All is well.»

Poema de Henry Scott Hollan, canónico inglés (1847-1918). Este texto está tomado del sermón sobre la muerte titulado: "El rey de los terrores", pronunciado el 15 de mayo de 1910 en la catedral de Saint Paul's de Londres, poco después de la muerte del rey Eduardo VII.

No lloren si me amaban

No lloren si me amaban. 
¡Si conocieran el don de Dios y lo que es el Cielo!  
¡Si pudieran oír el cántico de los Ángeles y verme en medio de ellos!  
¡Si pudieran ver con sus propios ojos los horizontes, los campos eternos y los nuevos senderos que atravieso!  
¡Si por un instante pudieran contemplar como yo la belleza ante la cual todas las bellezas palidecen! 
Créanme:  
Cuando la muerte venga a romper sus ligaduras
como ha roto las que a mí me encadenaban y,
cuando un día que Dios ha fijado y conoce,
su alma venga a este Cielo en el que les ha precedido la mía,
ese día volverán a ver a aquel que les amaba y que siempre los ama,
y encontrarán su corazón con todas sus ternuras purificadas. 
Volverán a verme, pero transfigurado y feliz,
no ya esperando la muerte,
sino avanzando con ustedes
por los senderos nuevos de la Luz y de la Vida,
bebiendo con embriaguez a los pies de Dios
un néctar del cual nadie se saciará jamás.

San Agustín
Obispo de Hipona

miércoles, 31 de octubre de 2018

Padre necesito de Ti, hijo tuyo soy



Querido Padre, esta oración es una forma en mi pequeñez, un intento humilde de estar contigo. Acostumbrado no estoy de acercarse a ti con la confianza del que se ha sentido por tiempo hijo dilecto de tu corazón. 

Mi oración es la necesidad de tu divinidad en mi alma, mente y corazón, mas no como el omnipresente que eres; no es tu omnipotencia la que busco, favores de Dios no quiero, sólo tu paternal afecto en mí. 

Jesús el Cristo, tu Eterno y Verbo en el tiempo nos dijo, nos enseñó y nos legó una idea, una visión. Infundió un sentimiento: verte a ti, relacionarse contigo como el Padre que siempre has sido, pues a todos en tu corazón nos has tenido y en la eternidad nos has pensado, dándonos vida mucho antes que la que tenemos en este mundo. 

Las cualidades de tu paternidad son la bondad, la misericordia y sobre todo estar siempre dispuesto a acoger con compasión a todo a aquel que busca tu perdón. 

De ti busco tu busco, con la humildad de mi humanidad, la fuerza de tu divinidad. Necesito verme reconstituido con la gracia de aquel que es mi Padre y, en dignidad levantado, encumbrado al nivel de los ángeles, puesto también siendo criaturas tuyas a ellos los amado pero tu corazón nos has preferido, y de tu preferencia hoy necesito para seguir adelante, sin desfallecer, haciendo tu Reino de Justicia y de Paz presente en este mundo. 

Hoy el mundo necesita de la valentía de tus hijos, que el miedo no me detenga y traiga a este mundo desgastado: reconciliación, encuentro, convivencia en fraternidad, auxilio para los que en desgracia están, dignidad para los infrahumanidad viven, libertad a los cautivos y sobre todo esperanza a aquellos que siendo marginados de todo dignidad alejados de las bondades del mundo y ya no te siente así como yo ahora Padre, un dios de Salvación, Misericordia, Bondad, Ternura y Libertad. 

Amén


Yerko Reyes Benavides

viernes, 26 de octubre de 2018

Tu Amanecer, Señor

"El alba aparece revestida siempre de sorpresa..."


Contemplar el amanecer es mi deleite y mi delicia es llenarme de su candor, puesto que en acto sublime se convierte en el que no tengo ninguna participación, más que el solo el sentirme incluido en tan maravilloso acontecer del cosmos en el que uno contigo soy, mi Señor.

Si amanece nublado o soleado, lluvioso o brumoso, eso no lo decido yo. 

El alba aparece revestida siempre de sorpresa, a ella me acomodo y solo puedo discernir con que me voy a vestir para afrontar el día que me es ofrecido, tal cual como se ha dado: así como hoy y su amanecer.

Pero hay algo que tú Señor me hace sentir, cuando al iniciar el día acudo a ti; y me dices al corazón:
“Las señales que te da el día sabes interpretar y te puedes adaptarte a sus condiciones; esa será siempre discreción tuya. Sin embargo, la mejor decisión que puedes tomar no es con que cubrirás tu cuerpo para afrontar al día y sus afanes; sino con que recubrirás tu alma, corazón y pensamientos: eso, si nublado está afuera, tu podrás ser sol resplandeciente, si de alegría siempre te vistes y mejor será si la fe te acompaña, para dar esperanza a un mundo que no sabe apreciar los días que recibe”.
Ahora sí, Señor, en este amanecer me regocijo, la alegría aparece, porque este acontecer no es el resultado del azar.

Me doy cuenta que es tu decisión en la eternidad amarme y día a día manifestarlo con tu gracia y entrega y, decisión mía siempre será en el tiempo corresponderte.

Yo hoy, revestido de la alegría que tu me das, salgo a afrontar los quehaceres donde lo más importante, indiscutiblemente será, llevar tu amanecer a mucho.

Amén

Yerko Reyes Benavides

miércoles, 24 de octubre de 2018

Ofrecimiento


¿De qué manera podría comenzar esta oración, encuentro de mi alma con tu corazón, que no sea con el “Gracias Señor”?

A veces, y más de lo que parece, cuesta encontrar las palabras para ir a estar contigo, y por eso apelo a rezos, formulas preestablecidas, probadas e incluso recomendadas, en las que siento que en vez de abrirme a ti me escondo, pero resultan fáciles para salir del paso, y poder al final decir: “ya cumplí”.

Las muchas veces que me doy el tiempo para ti en mí, es para pedir, en la súplica me explayo, a la final, tu eres “mi Dios” el que “atiende las suplicas” pues ese es tu propósito, el que me han enseñado o al menos el que yo te he dado.

Estar contigo no se trata de cumplir, algunas veces si de pedir, pero en la mayoría, podría ser: una ocasión para ofrecer, ofrecerte, ofrecerme.

La oración que brota de mi corazón, es este acto de ponerme a tu disposición: “haz conmigo, Jesús, lo que a bien tengas” siempre será mejor que lo que yo mismo pretenda, pues lo que tú quieras de mi estará movido, no por mi fuerza, sino por tu gracia.

Hermosas fueron las palabras con la que la Dulce Muchacha de Nazaret se puso a disposición de tu Amor: “He aquí la esclava del Señor”, y aconteció en ella el Don del Espíritu. No soy como ella, pero hoy te digo “haz conmigo lo que quieras”.

Amén

Yerko Reyes Benavides