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sábado, 29 de abril de 2023

Hacer lo Correcto

¿Es correcto hacer siempre lo correcto?

Pensemos un poco antes de aventurarnos a dar una respuesta categórica o contundente de la cual luego no podamos contravenir…

Correcto sería decir: Sí, si es correcto; sólo que no siempre es correcto. Y no es correcto hacer lo correcto cuando entra en conflicto directo con hacer el bien o buscar el bien.


Actuar acorde a lo que es correcto está sujeto a los parámetros temporales con los que se entiende o se interpreta la realidad y regula la acción e intervención del ser humano en su relación con el mundo, los hombres, el cosmos y la naturaleza.

Lo correcto está en franca relación con las normas y pautas de comportamiento establecidas; con las costumbres y tradiciones recibidas, con el contrato social implícito que determina una sociedad; mientras que el bien es trascendente, está más allá de los convencionalismos de una época y del tiempo y al ser intuición es movido en el corazón de la persona por la presencia del Espíritu Santo y sus dones que permiten contemplar la verdad y descubrir lo que es bueno y justo, y así proceder en bien y en virtud.

El bien mira más allá de los parámetros y paradigmas vigentes con los que se ordenan las cosas, pues es el bien es la obra primigenia de Dios que todo lo hizo bueno y para el bien y lo muestra espontáneo y libre a quien está inserto y unido a su divinidad, y es capaz de ver la vida con sus ojos y amar a su obra con su mismo corazón.

Yerko Reyes Benavides

jueves, 24 de diciembre de 2020

La Virgen se llamaba María

Meditación antes de Noche Buena 

Un día cualquiera, que se convertirá en un día como ninguno, apareció en un pequeño poblado, casi olvidado, un Ángel del Señor; y entabló conversación con una jovencita de aquella localidad, a ninguno causó extrañeza, ni si quiera a ella, la presencia de aquel ser celestial no la asustó, lejos de ella el terror, sus rodillas besaron el suelo y atentan escuchó.

La conversación entre ellos dos se dio sin sobresaltos; el mensaje era importante, el más importante de todos los tiempos; no hubo rubor, tan sólo una pregunta, y pronto se oyó la respuesta: ¿Quién la escuchó? Nadie en aquel momento, pero cada hombre, mujer y niño que busca con empeño, y quieren renovar la esperanza de espéralo todo en Dios, buscan con anhelo ese preciso instante: 
"En aquel tiempo, el ángel Gabriel fue enviado por Dios a una ciudad de Galilea, llamada Nazaret, a una virgen desposada con un varón de la estirpe de David, llamado José. La virgen se llamaba María.
 
Entró el ángel a donde ella estaba y le dijo: “Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo”

Al oír estas palabras, ella se preocupó mucho y se preguntaba qué querría decir semejante saludo. 

El ángel le dijo: “No temas, María, porque has hallado gracia ante Dios. Vas a concebir y a dar a luz un hijo y le pondrás por nombre Jesús. Él será grande y será llamado Hijo del Altísimo; el Señor Dios le dará el trono de David, su padre, y él reinará sobre la casa de Jacob por los siglos y su reinado no tendrá fin”. 

María le dijo entonces al ángel: “¿Cómo podrá ser esto, puesto que yo permanezco virgen?” 

El ángel le contestó: “El Espíritu Santo descenderá sobre ti y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra. Por eso, el Santo, que va a nacer de ti, será llamado Hijo de Dios. Ahí tienes a tu parienta Isabel, que a pesar de su vejez, ha concebido un hijo y ya va en el sexto mes la que llamaban estéril, porque no hay nada imposible para Dios”. 

María contestó: “Yo soy la esclava del Señor; cúmplase en mí lo que me has dicho”

Y el ángel se retiró de su presencia". -Lucas 1, 26-38-

¿Aprecian cómo se va desenvolviendo la conversación entre el Ángel del Señor y María? 

Con naturalidad, como si de dos grandes amigos del alma se tratara que en una tarde se encuentran por casualidad en la esquina de la calle en la banca de una plaza. 

La turbación de María no se manifiesta por tan maravilloso enviado del cielo. Es que dicen que los niños cuando están sólo y nadie los está viendo sonríen porque son capaces de ver a los ángeles del cielo que envía Dios a jugar mientras que las mujeres descansan un rato de sus desvelos maternales. 

¿Sería que aquel Ángel del Señor ya era un asiduo visitante de las sonrisas de la Dulce Muchacha de Nazaret? 

No, la “turbación de María” es por otra cosa. Ella amada de Dios y sabiéndose amada de Dios, siente en lo más hondo de su alma que el amor “privilegiado del corazón del Eterno Padre” es un regalo que ella paga con su límpida sonrisa aun en los momentos de tribulación –como eran los de aquella época – no sólo en Nazaret sino en toda Judea e Israel. María inocente, sí; tonta o ilusa, jamás. ¿Cómo se va a desenvolver la acción de Dios en mí –piensa María-, si mis planes ya son otros? 

A propósito, mientras más grande y fuerte es la manifestación del amor de Dios en el alma y corazón de uno de sus hijos(as) predilectas, con más fuerza el alma se estremece –como María- sintiendo la humildad, la sencillez de su propia condición y naturaleza incapaz por más que se lo proponga de corresponder en igualdad de condiciones el amor recibido. Entre paréntesis, estas son las cosas que Dios oculta a los “sabios y entendidos” y que se las revela a la gente “sencilla” (Cf Mt 11,25-27). como a la más humilde de todas: la “Esclava del Señor” 

Aquí descansamos un poco, y nos abandonamos un rato en las manos misericordiosas de amor de Dios que no nos faltará jamás tal como nos lo dejo dicho Pablo en su carta a los Romanos que ya citaremos en contexto. 

Mi estimada(o), suelta los remos, hoy vale hacerlo sin remordimientos. Descansa, túmbate en el fondo de la barca de tu vida, levanta la cabeza y mira las estrellas, esta noche, seguramente verás en el firmamento una que brilla con mayor fulgor, más resplandeciente que las demás, es la estrella que siempre pone Dios en el firmamento de los que han velado y salido a su encuentro para guiarlos hasta donde el yace. 

Repite, esta noche con San Pablo y también conmigo que me cuelo de asomado: 
“¿Quién nos separará del amor de Cristo? ¿La tribulación?, ¿la angustia?, ¿la persecución?, ¿el hambre?, ¿la desnudez?, ¿los peligros?, ¿la espada?... Pero en todo esto salimos más que vencedores gracias a aquel que nos amó” (Cf. Rom 8.35-39) 
Guardemos un rato de silencio para que estas palabras logren convencer a la razón que sigue poniendo resistencias “lógicas y razonables” para no desarraigarse de la desesperanza que es una forma de estancamiento interior. Y luego prosigue con María: 

«Aquí está la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra.» 

Esta noche, en medio de las carreras familiares habituales de todos los 24 de diciembre de cada año, “per secula seculorum”, no olvides ponerte de rodillas delante de tu pesebre, ese que decora un rincón de casa. 

Aprende a ponerte de rodillas (Etty Hillesum), delante del misterio del amor de Dios, y darle gracias. 

No necesitas prepara un discurso, sólo mirar la pequeña imagen del niño y decirle con quizá un par de lágrimas que se escurren libres de tus ojos: 

“Gracias, mi amor, mi dulce Dios hecho niño, 
no merezco que me ames de esta manera. 
Haré todo lo posible por corresponderte cada día 
y todos los días de mi vida, 
aunque sea con la humildad 
de una sonrisa en la adversidad”.

Amén 

Yerko Reyes Benavides

jueves, 24 de septiembre de 2020

Las Medidas del Corazón: 70 x 7

Algunos al escuchar el 70 veces 7 (Cf Mt 18, 31-35) hacen mentalmente una multiplicación -490- para llegar a una “cantidad” determinada y definida de veces… que si bien es cierto es representativa, no se ajusta al sentido y al espíritu con el que Jesús recurre a la simbolización de los números sugeridos.

Concentrados en el significado del 70 veces 7, algunos llegan a la conclusión expedita de interpretarlo con un contundente: “siempre”; siempre se tiene que perdonar, siempre se ha de perdonar; es esa la enseñanza del Evangelio. 
Valoremos el proceso, no nos quedemos tan sólo con la conclusión 
Te has preguntado alguna vez ¿Quién puede perdonar siempre? ¿Quién tiene en su haber la facultad de entregar aquel don que incluso se otorga sin merecimiento? 

No vayamos muy lejos en la búsqueda de respuestas: ¿Acaso yo lo he hecho o lo estoy haciendo? ¿Puedes tú, o alguien, en todo caso perdonar siempre? 

Para esto es necesario sincerarse cada uno consigo mismo. No estamos delante de una prueba para medir la contundencia de la fe, sino en una invitación a dejarnos transformar por la gracia y la Palabra del Señor. 

Para no entrar en justificaciones que de nada son de provecho al corazón y al deseo, intención y propósito de crecer interiormente, diremos entonces que la respuesta que hemos estado buscamos es: “Sólo Dios puede perdonar siempre”

Que esta conclusión no te confunda. Decir que sólo Dios puede perdonar no nos exime del perdón, al contrario, nos compromete aún más con él, puesto que lo que está implicado es que el perdón proviene de Dios y sin Dios en el corazón difícilmente se podrá perdonar totalmente si quiera una sola vez. 
Sólo Dios tiene esa capacidad y es cónsona con su naturaleza y esencia divina. 
Dios es Amor y por ende también es Perdón, puesto que una de las cualidades del amar es perdonar: 
“Porque tanto amó Dios al mundo que dio a su Hijo unigénito, para que todo el que cree en él no se pierda, sino que tenga vida eterna.” (Jn 3,16) 
Este “dar a su Hijo” del que nos habla el evangelista Juan, no sólo conlleva el acto de la Encarnación sino que incluye la oblación, la entrega y el sacrificio del Primogénito: el acto sublime y excelso de perdón desde la cruz. 

Sólo en Dios está el perdón absoluto, completo y total. 

En otras palabras sólo Dios puede perdonar siempre, lo que no implica que el perdón sea una acción del espíritu imposible para nuestra humanidad. Así pues, el perdón es competencia nuestra en virtud a la imagen y semejanza con Dios; por tanto hemos de entender, asumir, trabajar al perdón como condición y cualidad espiritual que es perfectible en cada uno.

Pretender el perdón como el de Dios es un acto muy noble de nuestra parte, pero si no lo trabajamos en nuestro interior, se verá resquebrajado por las múltiples escusas y las muchas justificaciones a la hora de la práctica verdadera de perdonarnos unos a otros como Dios nos perdona: siempre

De Repetición,  en reiteración y un poco más 
Quien ha interpretado el perdón como la “absolutización de la totalidad” no erra, sólo que lo hace, así sin más, inaccesible a la persona y lo aleja de la intención de una vivencia real que Jesús quiere connotar al valerse de la simbología bíblica de los números ya por ellos conocida y acá referida. 

Perdonar hasta 7 veces, implica en sí llevar el perdón a un estado que incluso está por encima de lo establecido por la ley, es decir, es ir más allá de la norma y de lo que lo humano puede considerar como razonable. En ello hay una “medida” de perfección que coquetea con la enseñanza de Jesús. 

Sin embargo, Jesús al perdón no lo cuantifica, y cuando absolutiza la totalidad ya contenida simbólicamente en el número siete, nos lleva a contemplar el perdón como una realidad que no se realiza en sí misma  en el “siempre” sino en el “cada vez”. 

70 veces 7, para el Señor, se trata de perdonar con la mayor perfección del perdón cada vez. uno y otra vez; reiteradamente. 
Las medidas del corazón 
Esta perfectibilidad del perdón se alcanza a través de la práctica, es decir, perdonando es que se enriquece el perdón cada vez que se entrega; no se perdona más, sino que se perdona mejor, haciendo que el perdón sea un bien del corazón que se da y haga bien al que lo recibe, y sobre todo, al que lo concede. 

70 veces 7 entonces se trata, en definitiva no de la cantidad, ni si quiera de la totalidad del perdón, sino las medidas del corazón; la proporción del amar en la práctica cuando se ama y no sólo como un sentimiento que se siente. 

Visto de este modo el perdón no es un sentimiento que se siente sino una don que se entrega.

Parafraseando el evangelio podemos concluir: “Quien mucho ama mucho perdona” puesto que el perdón es un fruto del amor. Así pues el perdón entra dentro de lo que Jesús nos dio y nos pide: “ámense los unos a los otros como yo los he amado” (Cf Jn 13, 34-36) o pudiéramos sin equivoco decir: “perdónense unos a otros como yo los he perdonado”. 

No eres tú quien perdona, sino que Jesús quien perdona en tu perdón, porque mucho te ha amado para que también puedas amar con su amor y perdonar con su perdón. 

Yerko Reyes Benavides

miércoles, 9 de octubre de 2019

Padre Nuestro. Oremos como Jesús

-En Arameo-

“Primeramente Dios” es una expresión que representa el sentir popular que todo marchará de acuerdo a lo deseado si Dios está antes que nada y primero que todo. 

Justamente pensaba en este “primeramente Dios” cuando me decidí a escribir este artículo que tiene como propósito llamar la atención sobre la oración que Jesús nos enseñó. 

En el Evangelio leemos que, en cierta ocasión, Jesús les dijo a los discípulos: “Cuando oren, ustedes digan” y seguidamente pronunció la oración que sería la Oración del Cristiano, es decir, la oración del “discípulo y seguidor” del Señor. 

Se dice comúnmente que es la oración “del cristiano” porque es un legado, un tesoro, que provine del mismo Cristo, palabra por palabra, frase por frase, toda ella nos cuenta el texto que fue pronunciada por Jesús, por su boca y sus labios. 

Te parecerá extraña la insistencia que hago en ello, pero te sorprenderá saber que no todo lo que se dice fue dicho por Jesús, fue “literalmente” pronunciado por la boca del Maestro. Lo que textualmente leemos en los Evangelios, no siempre es expresión exacta y fidedigna palabra por palabra de lo que fue dicho por Jesús.

Este debate y discusión sobre el tema lleva tiempo, y ya para la fecha, no les resulta un inconveniente este hecho a los estudiosos de la Biblia, hermeneutas y exégetas, historiadores y lingüistas, entre otros. 

Así que no sólo la oración es un tesoro por la oración en sí misma, sino porque está la certeza (sostenida por los mismo especialistas) que estás palabras provienen realmente de la boca de Jesús, y el mismo Jesús pronunciara con sus labios esta oración, la que ahora nosotros hacemos.

Esta oración es más que lo que sus palabras proclaman, es la Palabra del Verbo mismo que se vuelve en nosotros oración. Lo que decimos, no es sólo una oración, sino que es Palabra de Dios. Y una Palabra que fue pronunciada por el mismo Dios y Señor nuestro. 


Es tanta la grandeza espiritual de esta oración compartida por Jesús con nosotros, que cuando la pronunciamos, pronunciamos la Palabra de Dios en nuestros labios. ¿Lo habías pensado? No son tus palabras, no es la expresión de tu verbo el que se proclama cuando oras con las palabras del Señor. Es la voz del Señor la que resuena ¿Acaso Dios dejaría de escuchar su propia Palabra? 

No voy hacer hincapié en lo que muchos insisten, cuando abordan el tema del Padre Nuestro, que se detienen en lo que dice la oración, en si es una maravilla, que no se les hubiese ocurrido hacer publica a los discípulos a no ser que fueran las propias palabras del Maestro. 

No voy a insistir en que no se haga esta oración de forma automática y mecánica; riesgo que corre cuando se ha repetido tantas veces. Además, demás está decir que es una oración en la que Jesús, recogió en ella todo cuanto necesitamos para nuestra salvación. 

Lo que busco, al escribir estas líneas es que me acompañes en este maravillarnos ante este don y regalo que nos ha hecho el mismo Jesús: poner sus palabras en nuestros labios. Y cuando sus Palabras están en nuestra boca, es su voz la que resuena fuertemente en el cielo. 

Son muchas las veces en las que pedimos sentir la presencia de Dios en nuestra vida. ¿Qué tal si hoy tomamos conciencia que esa presencia de Dios la tenemos cada vez que pronunciamos las palabras de Cristo? 

Se establece una conexión interior entre mi ser y el ser de Jesús, una unión espiritual en donde Jesús, Verbo de Dios, se hace Palabra en mis labios, para pedir al Padre que nos dé cuanto necesitamos para ser y estar en este mundo como hijos suyos en su Hijo Jesús. 

El discurrir de mi pensamiento por estas ideas en la meditación me ha dejado sobrecogido, anonado, admirado y conmovido:
Primeramente Dios, en mis pensamientos.
Primeramente Dios, en mis emociones y sentimientos.
Primeramente Dios en mis ideas, sueños y anhelos.
Primeramente Dios, en mi proceder y en mi vivir.
Primeramente Dios, en mi ser y en mi existir.
Primeramente Dios, en lo que tengo y en lo que espero.
Primeramente Dios, en todo cuento quiero.
Primeramente Dios en mi alma y en mi corazón.
Primeramente Dios, en las obras de mis manos.
Primeramente Dios, incluso en mis labios.
Primeramente Dios, también en mi oración.


No soy digno Señor de pronunciar con mis labios tu Palabra.

No soy digno que mi voz se apodere de tu Verbo, y sin embargo, de la manera más sencilla, de la forma más humilde me invitas a orar con tus palabras.

Mi corazón no puede más que exaltarse de la emoción, ante este gesto de tu amor hacia mí.

Gracias, Señor, gracias.
Dejar que mi espíritu emprendiera el vuelo por estos cielos, trajo a mi pensamiento una idea: ¿cómo se sentirá mi corazón si mis labios no sólo dicen las palabras de Jesús, sino también, las dicen cómo Jesús las dijo, primeramente? 

No soy un lingüista y seguramente, tú que me lees, ahora, tampoco lo seas, no te voy a decir que nuestra pronunciación sea exacta o perfecta. No es el propósito de este ejercicio, sino sentir como suenan en nuestros labios las palabras de Jesús en el mismo lenguaje con las que él las proclamó: arameo. 


¿Te animas a hacer la prueba? 



PADRE NUESTRO

ABUNA DI BISHEMAYA 
Padre nuestro que estás en el cielo, 

ITQADDASH SHEMAK, 
santificado sea tu nombre, 

TETE MALKUTAK 
venga a nosotros tu reino, 

TIT'ABED RE'UTAK 
hágase tu voluntad 

KEDI BI SHEMAYA KAN BA AR'A 
en la tierra como en el cielo. 

LAJMANA HAB LANA SEKOM YOM BEYOMA 
Danos hoy nuestro pan de cada día, 

U SHEBOK LANA JOBEINA 
perdona nuestras ofensas 

KEDI AF ANAJNA SHEBAKNA LEJEIBINA 
como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden, 

WEAL TA'ALNA LENISION, 
no nos dejes caer en la tentación 

ELA PESHINA MIN BISHA. 
y líbranos del mal. 

Amén

Yerko Reyes Benavides

jueves, 26 de abril de 2018

Libertad Interior



“La Verdad los hará Libres”
Juan  8,31
“Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida”
Juan 14,6

Libres para sentir.
Libres para pensar.
Libres para intuir.
Libres para entregar.

Libres para rechazar,
también libres para aceptar.
Libres para aprender
y cuando sea necesario desaprender.

Libres para actuar,
libres para callar y guardar silencio.
Libres para proponer y luego recoger.

Libres para construir un mundo interior,
libres para escuchar utopías y
llenarse de esperanzas
guardar en el corazón los sueños
y en el espíritu las fantasías.

Libres para bailar la melodía de la creación
que resuena con fuerza en el interior,
cuando el espíritu fluye con gracia
e invade la existencia toda,
cuerpo, pensamientos y corazón.

Libres para Amar y también desamar,
libres para pedir un amor decente
que enriquece
que proyecte y haga crecer.

Libres para disfrutar del Absoluto
en los relativos que se presentan en el camino,
sin que las doctrinas golpeen el alma,
y sean causa de escrúpulos
y complejos de culpa.

Libres para descubrir la verdad,
verdad que nos hará libres.

Libre, Señor para que Tú seas en mí,
sin pretensión ni discusión,
y  yo sea libre para ser en ti,
y cuando ambos seamos uno,
ser uno con el Padre y los hermanos.


Somos esencialmente libres. La libertad es condición natural de la naturaleza humana, inherente a toda persona. No sólo es un derecho, sino también un destino, un camino, la realización de su ser y la trascendencia de su existir.

Yerko Reyes Benavides


lunes, 23 de abril de 2018

Ámame


No siempre una imagen sustituye a más de mil palabras. Una imagen puede tomar mil sentidos dependiendo de las palabras que la acompañan. Ahí radica el desafío que nos presenta la imagen que acompaña este texto, y el texto que acompaña la imagen. 

Que sea sugerente.

Por mi parte hubiese podido hacer todo un discurso. Pero no esta vez.

El discurso lo va a hacer el lector que atrapado en la imagen y luego en el mensaje, en ambos a la vez y por separado, navegará los recovecos de sus sueños, de sus deseos, de sus anhelos, y también de sus no cumplimientos e insatisfacciones para dar cuenta del Amor que dan y que reciben y el que además anhelan y esperan.

No todo lo que se dice Amor termina siéndolo.

Piensa, Medita, Ora, Decide, Actúa.

Yerko Reyes Benavides



viernes, 20 de abril de 2018

Mirar y ser mirado


Por su puesto que conoces la referencia bíblica en la que se sustenta esta afirmación. No dejamos de lado que nuestra más grande y principal inspiración, la fuente y el centro de nuestra vida espiritual es Jesucristo y el manantial de agua fresca que renueva nuestra fe, confianza y esperanza es definitivamente el Evangelio.

Aunque parecida, no es igual, no se trata de recibir, no se trata de lo que provocas en los otros, sino lo que ocasionas tú, en ti mismo. Ere tú la medida de la gracias que concibes y contemplas, o la desgracia que provocas y ocasiones para ti y los demás. 

No puedes seguir buscando fuero lo que está dentro de ti mismo. Aquí volvemos nuestros pasos por el descubrir espiritual de San Agustín que en sus Confesiones, no sólo sugiere, sino que categóricamente afirma, el error que mantuvo gran parte de su vida, motivado por las cosas de este mundo, buscando su sentido, en ellas, y no en su hacedor. Dramático se hizo la búsqueda cuando quiso entender el sentido propio de su ser y de su existir. 

Ahí se encuentra con la angustia de no poder encontrar en nada la explicación. Más su alma no estaba habida de argumentos sino de sentirse amada, reconciliada, promovida y proyectada, lanzada por la gracia al infinito a la trascendencia. 

Estamos, a veces tan "extroyectados", es decir lanzados a lo externo, que todo lo que acontece en nuestro interior lo atruibuimos a la influencia que tiene el mundo, sus prerrogativas, sus intereses, sus acciones e inculos sus reaacciones. Y cuando, no le atribuimos, la responsabilidad de lo que nos acotnece, de las cirucunstacias que pasamos, al mundo, se las atribuimos a las fuerzas del mal o de la osucridad. Decimos, y así nos justificasmo: "debiles somos y la tentación del tentador es fuerte y, sucumbimos". 

Yo no es tan valida, hoy día, aquella famosa afirmación del filosofo Ortega y Gaset en que define al ser como una consecuencuencia: "Yo soy yo y mis circunstancias". Así le da el pensador español, poder y autoridad al entorno para que intervenga en un ambietne que no le compete: "la esencia que hace ser y no ser otra cosas sino eso". El ser sólo se vera afectado en la decisión, consciente o no de dejarse o no definir por lo externo, aunque en definitiva no tenga verdadera incidencia.

¿Pero que pasa con Dios que actúa desde lo externo?

Premisa de una lógica errada. Si nos vamos a los principios regulativos de la lógica, cuando una de las premisas es falsa la conclusión será igualmetne falsa. Demos por sentado que esto es así, entnces si partimos de la premisa mensionada, llegarems a la conclusión de que Dios es ajeno al ser humano, y su distencia lo pone en otro plano. 

Necesario será que nuestra espíritu transite los caminos de la interioridad para descubrir que la Acción de Dios no se da en lo externo, sino adentro del ser humano, en lo más intimo de su intimidad. Citemos una vez más el tan ya famoso y aun no del todo aprovechado texto de San Agustín: 
¡Tarde te amé, hermosura tan antigua y tan nueva, tarde te amé!
Tú estabas dentro de mí, y yo fuera, y por fuera te buscaba, y me lanzaba sobre las cosas hermosas creadas por Ti.
Tú estabas conmigo y yo no estaba contigo.

Me retenían lejos de Ti todas las cosas, aunque, si no estuviesen en Ti, nada serían.
Llamaste y clamaste, y rompiste mi sordera. Brillaste y resplandeciste y pusiste en fuga mi ceguera.
Exhalaste tu perfume y respiré y suspiro por Ti.
Gusté de Ti y siento hambre y sed.
Me tocaste y me abraso en tu paz.
Lo externo sólo afectara lo interno según el permiso que le demos a aquello que nos afecte. Ten presente que acá no estamos haciendo ninguna valoración moral, no estamos hablando de lo bueno o lo malo, de lo correcto o lo incorrecto. Las cosas afectan, según el la fuerza que le dejemos que lo hagan a final de cuentas, quien es el pensante, el que tienen el razonamiento y los juicios, los valores y los principio, los afectos y emociones, quien es el "Consciente" de cuanto acontecen, no es el ambiente sino el ser humano.

Quizá te sorprendió la conclusión de la premisa que utilizamos en la imagen; la lógica llevaba daba otra posibilidad, la más consecuente con la afirmación antecedente, y más puesto que al leerla inmediatamente tuvimos la tentación de compararla con la consabida evangélica:
"Con la vara que midas, serás medido"
Reza la afirmación bíblica. 

Sin embargo acá no se trata de juicios, valores, apreciaciones; sino de la aceptación y aprobación, de las actitudes con las que vamos y nos reaccionamos con lo externo, las decisiones que tomamos y la manera como nos "dejamos determinar por estas" entregándoles la facultad de decidir a otros, evadiendo y evitando la que nos compete: 
"ser protagonistas de nuestro propio ser, de nuestro propio vivir"
Este pequeño trozo nos ha hecho detenernos no un segundo en la contemplación de una verdad que lastima, puesto que es más fácil atribuirle las penas y sufriientos que padecemos a otros que asumir que lo que no nos hace sufrir es en definitiva lo que decidimos que afecte, impacte, golpee y destruya nuestro mundo interior. Y sin embargo ahí, sigue Dios recogiendo los pedazos.
"Con la mirada que mires, te sentirás mirado"
Si miras con "ternura", serás mirado con ternura.
Si miras con "gracia", la gracia te será devuelta.
Si miras con "alegría", sonrisas verás por todos lados, la sonrisa será tuya.
Si miras con "bondad, serás mirado con bondad.
Si miras con generosidad", generosa será la mirada con la que seas mirado.
Si miras con atención, atenciones recibirás de vuelta y, con creces.
Si miras con amor; ¡Ay si mirarás con Amor! El mundo se rendiría a tus pies.

Yerko Reyes Benavides 

jueves, 19 de abril de 2018

Vida en Plenitud


¿Cuántas horas se han dedicado a considerar si quiera lo que significa Vida? ¿Qué hacer cuando la vida no basta y conseguimos, topamos, encontramos que a Vida se le agrega plenitud? Si ya vivir es complejo y complicado en este tiempo, ¿Cuánto más los será aspiramos si quiera a la Vida en Plenitud?

Sin embargo, la promesa de Vida en Plenitud no nos viene de cualquier parte, ni tampoco de cualquier "filántropo", "filósofo", "político", ni tampoco de algún"científico" ni de hombre común.

Esta "Plenitud" no viene del mismo Hijo de Dios que se hizo hombre, no sólo para perdonar los pecados, sino para enseñarle a este desde su misma naturaleza el camino a la grandeza, es decir, la plenitud de la esencia; donde se fusiona lo humano con lo divino, la imagen se vuelve reflejo y la semejanza se equipara.

Plenitud en Jesús no será conquista, ni tampoco competencia, no vendrá de méritos, ni tampoco de obligaciones. Tampoco la plenitud dependerá de normas, ritos o incluso mandamientos. Será ante todo don, regalo, entrega y donación.

La cosa es que tampoco habrá que esperarla, porque no es algo que venga, sino que ya vino. Para encontrarse con la Plenitud no habrá que mirar al futuro, sino al pasado, para encontrar la propuesta y la entrega, porque la Plenitud ya fue dada y entregada; y fundamentalmente al presente, donde ya se está realizando, ejecutando, aun cuando no hayamos caído en cuenta.

Dejar el Miedo es en definitiva la única condición para comenzar a estar y vivir en estado de Plenitud. Y ahora, ¿cuál es tu miedo?

Piensa-Medita-Ora-Decide-Actúa.
Metanoia

Yerko Reyes Benavides


martes, 10 de abril de 2018

"Eterno Presente"

Algún que otro libro de auto-ayuda, muy en boga y famosos en nuestros días, habla de la valía del "tiempo presente", del ahora y del aquí, para encontrar en nuestra vida algo de armonía.

Sin embago todos asumen que el tiempo es humano y su enfoque de su uso y abuso se reduce a la discreción de la persona. 

Ahora si nos quitamos el peso de llevar sobre los hombros el tiempo y se lo entregamos a quien realmente le pertenece, que a su vez se lo ha sacado y sacudido de encima, porque en eternidad no hay tiempo, ni existe manera de medirlo: 
¿Qué nos quedaría? 
La atemporalidad de un eterno presente, un poco o algo como eso. Paz, serenidad, sosiego, no hay apuro, no vamos tarde a ningún lado, sino tempranos a nosotros mismos.



Piensa, Medita, Ora, Decide, Actúa...

Yerko Reyes Benavides




Pascua de Resurrección


Pascua. ¿Cuántas han pasado desde que tengo uso de razón?

¿Acaso las he aprovechado en manera alguna?

El Camino de la Cuaresma me llevó hasta la contemplación de un Cristo flagelado, crucificado, muerto y sepultado; ahí terminó mi recorrido. Satisfecho de mi devota presencia, cumplí con lo prescrito. 

Verdaderamente vivir la Resurrección es todo un desafío, una decisión y una determinación. 

Que el tamaño de la Pascua no te de arredre en hacerla tuya.

Piensa-Medita-Ora-Decide-Actúa...

Yerko Reyes Benavides

domingo, 1 de abril de 2018

Mirar Recrea...


Tantas veces lo hemos, unas veces sutilmente sugerido; otras un poco más directamente y sin tantos floripondios:
La Palabra crea Realidad.
Ahora, damos un paso más:
La mirada la Recrea. 
Es decir, no son los ojos lo que ven la realidad sino la mirada con que vemos la realidad lo que la vuelve amiga o adversa.

Cuida lo que dices y limpia de vez en cuando y de tanto en tanto tus ojos, para que puedas descubrir la claridad que en todo Dios dispuso para que a cada uno llegue y toque un signo de su amor divino.

Metanoia:
Piensa-Medita-Ora-Decide-Actúa
Yerko Reyes Benavides

sábado, 31 de marzo de 2018

El Amor será nuestra Remisión


Realidades y mitos. Vivimos entre dos corrientes de un mismo Río que nos conduce manso unas veces y otras nos arrastra, incautos a dónde nos lleva.

La fe de lo intangible, se sustenta en lo visible, en las cosas que percibimos. A través de estas imaginamos realidades espirituales. Sin embargo, a lo inmaterial vamos por lo material, y sin este último pocas veces logramos trascender. Necesitamos la estampa de Jesús de Nazaret, para darnos cuenta de los ultrajes que el Hijo de Dios recibió por nuestra salvación.

Caemos en la trampa del Rito, y este se convierte en vehículo que en círculos nos transporta y no nos eleva. Nos pasea por los misterios para dejarnos, como carrusel en mismo punto de partida. Cambios, transformación, conversión o metanoia no conseguimos en actos rituales y sacramentales.

Mágico es el acto de nuestro amor, el azar lo domina, puesto que por los sentidos se rige y camina. El Dios Amor, no lo vemos, no lo tocamos, no lo olemos...

Sin embargo, es él mismo quien nos pide que hagamos un salto. Nos lancemos al abismo de su Amor. ¿Abismo es caída o es subida?

La lógica humana nos habla de caída. Pues en el "sin sentido" del amor divino, lo que en lo humano es caída en Dios es subida, alzamiento, redención: Resurrección.

Necesitamos solar.

¿Qué soltamos?

Lo sensible, para alzarnos con lo intangible: El Amor sera nuestra remisión.


martes, 20 de marzo de 2018

Maneras y Manera, que no es igual


No voy a hacer una apologética del Amor. Ni si quiera voy a entrar en alguna definición. En algún escrito anterior probablemente esté esa parte etimológica, aparte de la doctrinal, apegada a las tradiciones y magisterio.

Acá, cuando entramos al Taller del Carpintero, vamos con la costra encarnada y totalmente incrustada en la piel, en el alma, en el corazón. Vamos para que sea Jesús quien nos de el jalón que necesitamos para que la herida ventile y los fluidos acumulados drenen hasta limpiar toda el área en cuestión. Ahí comienza la curación. La costra ha de ser arrancada y la mano ágil del carpintero de Nazaret no tendrá inconveniente de hacerlo, con recato pero también con firmeza.

Con la experiencia a flor de piel, decimos, hay muchas maneras de amar y la mayoría de sufrir por ellas, con ellas, en ellas o sin ellas. Si, en realidad así de complicados somos. Nuestros no saber se convierten en nuestra mayor pretensión, y vamos por la vida pretendiendo saber lo que no sabemos en realidad: Amar.

Descansa un poco, Jesús ya viene, y mientras lo haces pregúntate solo esto: ¿De qué amor vienes? y, si sinceramente respondes, sabrás lo que te espera al llegar Jesús.

Yerko Reyes Benavides

sábado, 17 de marzo de 2018

Depende, y ¿de qué Depende?


Hay un refrán o adagio popular que reza: "Todo depende con el cristal con el que se mire". Y yo, diría, porque no nos quitamos los cristales, vendas y mortajas y de una vez empezamos a ver las cosas tal cual como son y no desde ningún lugar postura, posición, prejuicio o condición. Todo absolutamente todo es un depende. 

Y el único depende que vale la pene sostener es el que proviene de Dios. Ese depende, si vale la pena preguntárselo: Depende. ¿Y de qué depende? De cómo lo ve Dios. Y, no respondamos lo que nosotros creemos diría Dios en cada caso, busquemos a Dios y, su Reino se nos dará por añadidura.

Recomiendo para completar la meditación que leasmo el articulo que recientemente publique aca  mismo y seguramente sservirá para que limas y lijas del Carpintero, alisen las arrugas e imperfecciones de tu madera, que aunque es buena, con la que estas hecho, le falta un poco de trabajo. 

PD. Lectura Complementaria a la Meditación: Deja a la Belleza en Libertad

martes, 13 de marzo de 2018

¿Con o Sin?

El mundo, lo que llamamos realidad no está hecho de objetos concretos que existen independientes, aislados completamente del sujeto que los observa. Se da una iteración, el uno interviene en el otro. El sujeto al observar al objeto reconoce su existencia, puesto que le da poder para afectarse por aquello que observa.

La afectación la definirá el observador, no el objeto, que sólo tiene existencia en el reconocimiento que hace el sujeto de este. Así, tanto sujeto como objeto se relacionaran, se reconocerán y se afectaran, pero sólo uno de este binomio decidirá el cómo.

La observación objetiva es una falacia de la ciencia experimental. No hay observación sin intervención. El sujeto siempre se verá afectado por lo que observa y lo observado recibirá consistencia por el sujeto que lo observa.

Siendo conscientes de esto, y saltándonos el debate metafísico, que se establece en la pregunta por la esencia de la cosas (dejémosle momentáneamente este debate a los filósofos) vamos a los criterios de afectación que son los que utiliza el sujeto para relacionarse con el mundo, las cosas, la realidad, las personas e incluso Dios.

Estos criterios es el resultado de la herencia por una parte (en la cual el sujeto no interviene) y por otra, y la más importante el aprendizaje. Esto nos permite dejar colar una observación: si es aprendido, puede ser desaprendido y, a partir de ahí “construir” un nuevo criterio de observación o afectación.

En el Taller del Carpintero venimos no remedar las patas rotas de la silla en donde se asienta nuestra alma, sino a cambiar de plano los sustentos, mejorando la calidad de la madera, cambiando incluso el tiempo de madera, corrigiendo los desperfectos, lijando las asperezas, cepillando la pintura vieja, para poner un barniz nuevo y lustroso.

Todo tiene su consistencia inherente a su esencia, decíamos. Pero la forma en cómo influyan en nosotros los objetos –realidad- será decisión nuestra. La vida será bella como un paraíso aun en medio de un desierto; o un infierno aun en medio de un osáis, dependiendo de los criterios seleccionados para relacionarnos con la realidad.

Razón tenía aquel viejo adagio que reza:
“No te lastima quien quiere sino quien puede”
No eres el resultado de tus circunstancias, sino el producto de tus criterios, el constructo de tus aprendizajes y el resultado de tus decisiones. La buena noticia es que todo eso puede cambiar. Y gracias a Dios por el cambio, que en religión se le llama “conversión”.


Ahora tiene sentido completamente aquella expresión con la que comienza la vida pública de Jesús descrita en el Evangelio de San Juan:
“Conviértanse porque ya está cerca el Reino de los Cielos”.
Para decirlo más claro y que no queden dudas en tu interior.

Si tus criterios son oscuridad, todo a tu alrededor será noche, desolación y tristeza, aun siendo pleno día. Por el contrario si tus criterios son luz, todo a tu alrededor resplandecerá y aparecerá ante tus ojos trasfigurado, incluso tú mismo.

Yerko Reyes Benavides


jueves, 8 de marzo de 2018

Amen...

Me gusta la gente que no a todo le dicen "Amén" sino: Amen.

Me gusta la gente que de vez en cuando se cuestiona y pregunta por sí mismo, por la vida e incluso hasta por Dios. 

Me gusta la gente que no se queda callada ante la revelación divina y se atreve y pregunta, para despejar cualquier inquietud del corazón y el pensamiento y poder entregarse a Dios completamente.

Me gusta la gente que dice: "¿Y cómo sucederá esto? puesto que yo...? Para luego decir con convicción: "He aquí la esclava del Señor". 

Si, Señor, esa es la clase de gente que me gusta. La que se pregunta, la que busca, la que sale y no se resigna, ni se conforma. Puesto que el Reino de los Cielos no está hecho de conformismos, ni resignaciones, sino que está impulsado por la gente que se arriesga y es osa. 

Decir sólo Amén sen el Amen, es ir en contra incluso del Evangelio del Carpintero. ¿Lo entiendes? 

Me gusta la gente que aun a riesgo de equivocarse prefiere el "Amen" que el "Amén". Porque el primero implica riesgo y el segundo seguridad, comodidad y no hace nada más que quedarse anclada en las costumbres y tradiciones y el Reino de Dios es más que eso, mucho más que amén. 

No lo entiendes ¿Cierto? La Revelación es osadía de Dios, es el riesgo que Él divinidad inescrutable asumió para ser escrutado por el hombre. Su amor lo llevó a manifestarse y dejarse conocer y sobre todo amar. Entonces más que un Amén, Dios quiere que Ames. 

"Hágase en mi tu Palabra" no tiene nada que ver con el "Amén", sino con el Amor. Y por eso, no es obediencia sino convicción. Y en la convicción se hace en propia vida la Voluntad de Dios que conlleva el Amén. 

Me gusta la gente que se entrega al "Amen" y van con todo: Alma, Vida y Corazón.

Yerko Reyes Benavides


martes, 6 de marzo de 2018

Ayuno, ¿De qué?


Revisa tus pensamientos, sacude las bases en las que has cimentado tus ideas. Vapulea tus criterios no sea que sean prejuicios que te hacen sacar erradas conclusiones que luego conviertes en execraciones y condenaciones; dolorosas cruces que montas sobre las espaldas de tus semejantes; pero que a la final al único que lastima es a ti mismo. 

Advierte en este proceso consciente de tomar conciencia que no todo lo que piensas es una brillante idea, o termina siendo una verdad inobjetable y, muchas veces sin darte cuenta te conviertes en un pensador infértil porque consumes y produces: "PENSAMIENTOS CHATARRA".

Este tipo de pensamientos ocupan un espacio considerable que es necesario para la gestación de ideas creativas, proyectos de autodesarrollo, de autoestima bien fortalecida en las bases de la “Inteligencia Emocional”, valoración apropiada de la propia vida.

También los pensamientos chatarra restringen las revisiones coherentes de la realidad y el establecimiento de sanos criterios para interpretarla y dejarse conmocionar por ésta.

Ocupan el espacio de los momentos de recreo y descanso mental, tan necesarios para la homeóstasis, es decir, reencontrar la serenidad interior y el equilibrio; instante en el que “te desconectas de ti mismo” para entrar en reposo y descanso de tanto pensamiento agobiante.  

Los pensamientos chatarra, así como la “comida chatarra” atrofian la salud mental como la otra la estomacal y corporal; impiden la incorporación nociones –como nutrientes- que favorecen el crecimiento personal, el desarrollo, el aprendizaje, la ruptura de paradigmas obsoletos y la incorporación de nuevos criterios de valoración.

Pídele al Carpintero de Nazaret que pase la fina lija por tu “cabeza  y corazón” para que cepillados por artesano y diestra mano desarraigue de ti los nocivos pensamientos chatarra.

Yerko Reyes Benavides

viernes, 2 de marzo de 2018

De pensamientos están llenas las visiones.


¿Por qué no puedo ver la belleza de la Creación de la que tanto me habla Dios? ¿Será que para mi esta negada la contemplación de las cosas bellas que, según los bíblicos relatos el Padre de Bondad regó por doquier para alegrar mi existir?

No, no está nada mal afuera, todo es lo que ha de ser, incluso de las personas se trate. Ellas buenas o malas, en virtud o en desgracia son lo que son, pero tú eliges cómo las ves, cómo las percibes, como te dejas impactar por ellas, si con fuerza y violencia o con paz y serenidad. 

Será tu decisión y tu visión lo que al final de cuentas importará. Sobre lo único que tienes control, y no del todo, puesto que de rodillas de vez en cuando has de caer es, sobre tus pensamientos, emociones y sentimientos. La construcción del mundo será el resultado de la combinación de aprendizajes, experiencias, decisiones y determinaciones. 

Entra esta noche al Taller del Carpintero, pide que te ajuste tus pensamientos y por primera vez comenzarás a ver como Dios ve, y mejor, como Dios a ti te ve y te ama. 

Yerko Reyes Benavides
El Taller del Carpintero

miércoles, 28 de febrero de 2018

Amando en Desamor: Muero

¿Qué es el desamor? 

Ya muchos autores serios, poetas y cantores han dejado por sentado que lo contrario al Amor no es el odio sino el desamor.

Un profundo vacío en el alma que subsiste a expensas del amor. Amando, y sin querer, se ama en desamor:

Amar por responsabilidad.

Amar para no confrontarse a los estándares, sociales; a los arquetipos estructurados por el colectivo; para no caer en el hondo pozo de los prejuicios.

Amar por convencionalismos.

Amar por complacencia.

Amar para no romper con tradiciones, costumbres y/o culturas, incluyendo creencias religiosas.

Amar para mantener un estatus, posición social o rol social, cultural y religioso.

Amar por resignación.

Amar por mandatos, códigos, dogmas o regulaciones.

Amar sin ganas de hacerlo.

Amar sin entrega.

Amar sin compromiso interior.

Amar sin transformación.

Amar sin aprendizaje.

Amar sin sentido de perfectibilidad.

Amar sin transcendencia.

Amar así es desamor.

Y la vida no subsiste en desamor.

Yerko Reyes Benavides
El Taller del Carpintero


#Metanoia
#Espiritualidad

sábado, 24 de febrero de 2018

Desgarrando la Corteza


En nuestro Itinerario Espiritual, cuando es verdadero camino y se dan pasos conscientes de crecimiento interior, lo primero que desaparece es la rigidez del pensamiento que se vuelve permeable. Es decir, aflora la necesidad de ir más allá, siempre más allá de lo alcanzado, de lo descubierto, de lo hallado o encontrado. 

Un certeza no es un punto de llegada definitivo del pensamiento, sino solamente el inicio de un nueva búsqueda; como el explorador que ha encontrado un paraje inexplorado de una extensa selva que le ofrece, por un lado la seguridad de su existencia y la incertidumbre de que se genera de la simple pregunta: ¿Qué habrá más adentro, si camino cinco pasos en aquella dirección? o ¿Con qué me toparé camino diez en esta otra dirección?

La dogmática es buena para la teología, no para la espiritualidad ya, que el alma se mueve en "frecuencia" distinta a la de la razón; a veces coincide en un punto, otras veces caminan en paralelo y la mayoría de las veces en direcciones contrarias; sino pregúntele a Cristo en la, cruz. 

El Carpintero de Nazaret, en el taller aprendió a acariciar la madera de distintas formas, a darle vuelta en su manos al tronco, a mirarla desde distintos ángulos, porque sólo así podría descubrir en él la belleza oculta detrás de las capas de corteza que revisten su esencia verdadera. 

Sólo en manos del artista de la madera, está encontrará la plenitud de su esencia, la razón de su existencia; así el ser humano en manos de Dios.

Sacar la corteza que recubre el alma sólo ser hará en la contemplación y la meditación de los misterios del Amor de Dios guardados en el corazón. 

María de Nazaret, nos tomará de la mano, para mostrarnos el camino espiritual de la verdadera contemplación. 

El Taller del Carpintero
Yerko Reyes Benavides