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martes, 12 de octubre de 2021

Los Pensamientos de un Corazón Bueno

Para una Vida Espiritual con Sentido.
San Juan XXIII


En una ocasión Jesús compartiendo con sus discípulos les hacía esta observación:
“De lo hay en el corazón en abundancia, de eso habla la boca” (Mateo 12,34)
Cuando el corazón y la boca se conjugan y se articulan para el bien es un don y ha de haber sido concedido, de forma peculiar y especial, al Papa Juan XXIII pues no has dejado un legado de bondad y compasión que dice mucho de la nobleza de su vida y espiritualidad.

Sin pretender agotar, en pocas líneas, una vida dedicada al servicio de Dios, proponemos en este escrito algunos pensamientos expresados por el Papa Bueno que nos han quedado como herencia espiritual.


Con el corazón puesto en Dios:

"Dios es todo: yo soy nada. Y por hoy basta."

“Los sentimientos de mi pequeñez y mi nada me mantuvieron siempre en buena compañía.”

"Tras una falta, un acto de humildad profunda; luego volveré a empezar alegre, sonriente siempre, como si Jesús me hubiese hecho una caricia..."

La humildad como virtud espiritual:

"A propósito de humildad evitaré en cuanto sea posible el hablar de mí en primera persona"

El propósito de la espiritualidad:

"Alegría siempre, paz, serenidad, libertad de espíritu en todas las cosas."

"No busco ni quiero la gloria de este mundo; la espero muy grande, en el otro."

Con la mirada puesta en las personas:

«Sólo por hoy haré una buena acción y no lo diré a nadie»

“Nada de lo que ocurra a los hombres nos debe resultar ajeno.”

“Nunca vaciles en tender la mano; nunca titubees en aceptar la mano que otro te tiende.”

“Me han mirado a los ojos con mis ojos. He puesto mi corazón cerca de su corazón”.

Con la esperanza puesta en el Señor:

“No consulte a su temor, sino a sus esperanzas y sueños. No piense acerca de sus frustraciones, sino sobre su potencial”.

«Nadie conoce los caminos del futuro, pero cualquiera de ustedes que pase la noche solo y angustiado, encontrará en mi ventana una luz encendida»

«Si Dios creó sombras es para destacar mejor la luz»

Que en estos pensamientos encontremos inspiración para nuestra vida de fe y de amor en Dios.

Yerko Reyes Benavides

miércoles, 10 de octubre de 2018

Remembranza de un “Hombre Bueno”

...y de un Santo para toda la Iglesia

“Ha quedado en el recuerdo de todos la imagen del rostro sonriente del Papa Juan y de sus brazos abiertos para abrazar al mundo entero. ¡Cuántas personas han sido conquistadas por la sencillez de su corazón, unida a una amplia experiencia de hombres y cosas!" 

(Juan Pablo II en la homilía de su Beatificación)


Angelo Giuseppe Roncalli nació el día 25 de noviembre de 1881 en Sotto il Monte, diócesis y provincia de Bérgamo (Italia). Fue el cuarto de catorce hermanos. 

Su familia vivía del trabajo de los campos, cultivados en régimen de aparcería. Al tío Zaverio, padrino de bautismo, atribuirá Angelo Roncalli su primera y fundamental formación religiosa: 
“Él dio a su ahijado, sin intención de convertirlo en sacerdote, todo cuanto podría servir con la máxima edificación y eficacia a la preparación no de un simple sacerdote, sino de un Obispo y de un Papa, como la Providencia había querido y decidido” 
Así escribirá de él el Papa Juan en 1959. El clima religioso de la familia y la fervorosa vida parroquial, guiada por el párroco don Francesco Rebuzzini, fueron la primera -y fundamental- escuela de vida cristiana, que marcó la fisionomía espiritual de Angelo Roncalli. 

Recibió la confirmación y la primera comunión en 1889 y, en 1892, ingresó en el Seminario de Bérgamo, donde estudió hasta el segundo año de teología y donde empezó a redactar los apuntes espirituales que escribiría hasta el fin de sus días y que han sido recogidos en el Diario del alma. Aquí empezó su práctica de la dirección espiritual asidua. 

El 1 de marzo de 1896 don Luigi Isacchi, director espiritual del Seminario de Bérgamo, lo admitió en la Orden Franciscana Seglar, cuya Regla profesó el 23 de mayo de 1897. 

De 1901 a 1905 fue alumno del Pontificio Seminario Romano, gracias a una beca de la diócesis de Bérgamo. 

Fue ordenado sacerdote el 10 de agosto de 1904, en Santa María in Monte Santo, de Piazza del Popolo, en Roma. En 1905 fue nombrado secretario del nuevo Obispo de Bérgamo, Mons. Giacomo Maria Radini Tedeschi. 

Tras la muerte del Obispo, en 1914, don Angelo prosiguió su ministerio sacerdotal dedicado a la docencia en el Seminario y a varias ramas de la pastoral, sobre todo asociativa. 

En 1921 empezó la segunda parte de la vida de don Angelo Roncalli, dedicada al servicio de la Santa Sede. Llamado a Roma por Benedicto XV como Presidente de Italia del Consejo Central de las Obras Pontificias para la Propagación de la Fe, recorrió muchas diócesis de Italia organizando Círculos de Misiones. 

En 1925 Pio XI lo nombró Visitador Apostólico para Bulgaria y lo elevó al episcopado con el título de Areopoli. 

Su lema episcopal, programa que le acompañó durante toda la vida, era: “Oboedientia et pax”. 

Sobrellevó en silencio las incomprensiones y dificultades de un ministerio marcado por la marginalidad. Afinó su confianza y entrega en Jesús crucificado. 

En 1935 fue nombrado Delegado Apostólico en Turquía y Grecia. Era un vasto campo de trabajo. Angelo trabajó con intensidad al servicio de los católicos y se destacó por su dialogo y talante respetuoso con el mundo ortodoxo y con el mundo musulmán. 

En diciembre de 1944 Pio XII le nombró Nuncio Apostólico en París. 

Fue un observador atento, prudente y lleno de confianza en las nuevas iniciativas pastorales del episcopado y del clero de Francia. Se distinguió siempre por su búsqueda de la sencillez evangélica, incluso en los asuntos diplomáticos más intrincados. Procuró ser sacerdote en todas las situaciones. Lo animaba una piedad sincera que se transformaba todos los días en prolongado tiempo de oración y de meditación. 

En 1953 fue creado Cardenal y enviado a Venecia como Patriarca. Al tiempo que avanzaba su edad, aumentaba su confianza en el Señor, entregado a una laboriosidad pastoral activa, emprendedora y gozosa. 

A la muerte de Pio XII, fue elegido Papa el 28 de octubre de 1958, con el nombre de Juan XXIII. Su pontificado, que duró menos de cinco años, lo presentó al mundo como una auténtica imagen del Buen Pastor. Manso y atento, emprendedor y valiente, sencillo y activo practicó cristianamente las obras corporales y espirituales de misericordia, visitando a los encarcelados y a los enfermos, recibiendo a hombres de todas las naciones y credos y cultivando un exquisito sentimiento de paternidad hacia todos. 

Su magisterio, sobre todo sus Encíclicas Pacem in Terris y Mater et Magistra, fue muy apreciado. 

Convocó el Sínodo Romano, instituyó una Comisión para la revisión del Código de Derecho Canónico y convocó el Concilio Ecuménico Vaticano II. 

Falleció el 3 de junio de 1963, por la tarde, en un profundo espíritu de abandono en Jesús, deseoso de su abrazo y rodeado de la oración cordial del mundo, que parecía haberse parado para recogerse en tomo a él y respirar con él el amor del Padre. 

Fue beatificado por Juan Pablo II el 3 de septiembre de 2000. Su fiesta litúrgica quedó fijada el 11 de octubre, día de la apertura del Concilio Vaticano II. Y así lo sigue siendo aún, ahora ese día se le venera como Santo para la iglesia, canonizado junto al mismo Juan Pablo II el 5 de Julio de 2013, Fiesta de la Divina Misericordia, domingo segundo después de la fiesta de Resurrección.

Oración a San Juan XXIII


"Dios, Padre amado, que nos diste como Santo Padre a San Juan XXIII, llamado por todos el Papa de la paz y el Papa bueno.

Te pedimos Padre por su intercesión ser portadores en esta tierra del don maravilloso de tu paz y ser por tanto hombres y mujeres de diálogo, comprensión y tolerancia.

Ayúdanos Señor a ver a todos los que nos rodean como hermanos e hijos de un mismo Dios y a buscar en todo momento el entendimiento sin desvirtuar tu luz y tu verdad.

Queremos, como San Juan XXIII, que nos reconozca el mundo entero porque, como discípulos tuyos, nos amamos unos a otros.

Gracias por este ejemplo de virtudes. Y unidos a todos los santos del cielo y en especial a este Papa bueno te suplico Padre Santo esta gracia particular que necesito (haga aquí su petición).

Gracias te doy de antemano, Señor, porque al ruego de tan gran intercesor estoy seguro de que me será concedida".

Amén

domingo, 16 de septiembre de 2018

Buscando la Libertad

San Juan XXIII, nuestro Patrono espiritual nos dejó una encomienda importante:
Buscar la Libertad en todo y ante todo. 
Hablar de este tema es dirimir muchos e intensos debates puesto que nadie se pone de acuerdo en el significado intrínseco de la noción de Libertad. Término que resulta confuso incluso si se aborda estrictamente desde el ámbito de la filosofía.

Se complica más si accedemos a él desde la Ética o nos paseamos por él con los principios de la Moral. Otro tanto nos dirá la Antropología, e incluso la Biología aportara un elemento a su consideración. Otras ciencias también vendrán a abultar la noción de este concepto. 

Etimológicamente hablando:
El origen de la palabra libertad lo encontramos en el latín “libertas”, “libertātis”. Al término “libre” se le ha añadido el sufijo “tad”, que significa “cualidad de”, y por disgrafía ha conformado la palabra “libertad”, que significa “cualidad de libre“.
Lo que nos ubica en una definición más o menos aceptada y aceptable:
Facultad o arbitrio que una persona tiene de obrar de tal o cual forma, sin ningún tipo de impedimento.
La noción de libertad, en principio es de orden físico, es decir, se concentra en la libertad de acción, de movimiento (incluye todo lo que concierne a la naturaleza humana).

Sin embargo, "El Papa bueno" al plantear el tema de la liberad no se confine a esta definición, sino que busca trascenderla, puesto que no se trata sólo del hacer. Es decir, libertad no es sólo "la facultad para hacer o no" sino la condición de "Ser" y "Manifestarse". 

Esto nos lleva a un planteamiento trascendente de la noción -básica- de Libertad, ya que no sólo se trata de alcanzar una emancipación, sino de proyectarse más allá de simplemente inmediato (material o inmanente).

La libertad por tanto implicará y conllevará en todo al espíritu, donde está y radica en última instancia, la identidad de la persona. 

La libertad dejará por ende, de ser sólo un fin;  pasará a ser, a partir de esta noción trascendente, pasará a ser para la persona, motivo alegría permanente, impulso de autenticidad, ya que abarcara un camino de vida, un proceso vital,  una forma de comprenderse y realizarse como persona; de vivir completamente acorde a su propia esencia: lo humano y de abrirse a lo divino que va descubriendo en su propia naturaleza (hecha a imagen y semejanza de Dios).

La frase que resaltamos en este escrito nos permite acercarnos a esta noción de Libertad, entenderla para vivirla en cada acto, no solo suspirar por un acto libertario, sino ser en todo momento libres: 


Yerko Reyes Benavides

domingo, 1 de noviembre de 2015

Mensaje Espiritual

En este primer día del mes de noviembre quiero, como publicación inicial de nuestra Revista de Espiritualidad darle paso a un mensaje espiritual que sea luz en medio de las tinieblas de tantos problemas, penas, preocupaciones y tristezas que estamos atravesando.

Este mensaje espiritual no es de mi autoría; pertenece a quien me inspira por la bondad de su corazón y seguramente también podrá inspirarte a ti a que valores el día de hoy y los venideros con una mirada de confianza y de esperanza en Dios.

Con la seguridad y la certeza de sentir la huella de Dios en el caminar cotidiano, aunque el camino nos resulte cuesta arriba, difícil, turbulento o doloroso:

"Sabrás del dolor y de la pena de estar con muchos, pero vacío; sabrás de la soledad de la noche y de la longitud de los días; sabrás de la espera sin paz y de aguardar con miedo.

Sabrás de la soberbia de aquellos que detentan el poder y someten sin compasión.
Sabrás de la deserción de los tuyos y de la impotencia del adiós.
Sabrás que ya es tarde y casi siempre imposible.
Sabrás que eres tú el que siempre da y sientes que pocas veces te toca recibir.
Sabrás que a menudo piensas distinto y tal vez no te entiendan.

Pero sabrás también:

Que el dolor redime.
Que la soledad cura.
Que la fe agranda.
Que la espera sostiene.
Que la humildad ennoblece.
Que la perseverancia templa.
Que el olvido mitiga.
Que el perdón fortalece.
Que el recuerdo acompaña.
Que la razón guía.
Que el amor dignifica.

Porque lo único que verdaderamente vale es aquello que está dentro de tí. Y por encima de todo está Dios. Sólo tienes que descubrirlo. Y así hallarás la verdadera paz"
.

                                                                                                  San Juan XXIII. Papa

martes, 14 de julio de 2009

Decálogo de la Serenidad



  1. Sólo por hoy trataré de vivir exclusivamente el día, sin querer resolver el problema de mi vida todo de una vez.
  2. Sólo por hoy tendré el máximo cuidado de mi aspecto: cortés en mis maneras, no criticaré a nadie y no pretenderé mejorar o disciplinar a nadie, sino a mi mismo.
  3. Sólo por hoy seré feliz en la certeza de que he sido creado para la felicidad, no sólo en el otro mundo, sino en este también.
  4. Sólo por hoy me adaptaré a las circunstancias, sin pretender que las circunstancias se adapten todas a mis deseos.
  5. Sólo por hoy dedicaré diez minutos de mi tiempo a una buena lectura; recordando que, como el alimento es necesario para la vida del cuerpo, así la buena lectura es necesaria para la vida del alma.
  6. Sólo por hoy haré una buena acción y no lo diré a nadie.
  7. Sólo por hoy haré por lo menos una cosa que no deseo hacer; y si me sintiera ofendido en mis sentimientos procuraré que nadie se entere.
  8. Sólo por hoy me haré un programa detallado. Quizá no lo cumpliré cabalmente, pero lo redactaré. Y me guardaré de dos calamidades: la prisa y la indecisión.
  9. Sólo por hoy creeré firmemente aunque las circunstancias demuestren lo contrario- que la buena providencia de Dios se ocupa de mí como si nadie existiera en el mundo.
  10. Sólo por hoy no tendré temores. De manera particular no tendré miedo de gozar de lo que es bello y de creer en la bondad.
San Juan XXIII