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sábado, 23 de mayo de 2020

Meditación Fugaz: Hablando de "Circunstancias"

No soy lo que son las circunstancias. Ni si quiera tengo la obligación de sentirlas “mías”, como si fueran una parte de mi a la que no puedo renunciar. 

Las circunstancias, eso sí, son el escenario en el cual se presenta y también se representa esta vida. No puedo renunciar a unas circunstancias que le den contexto a este acto de vivir, aunque siempre tengo la opción, y que no lo olvide, de cambiar el escenario. 

Así pues, estas circunstancias que reconozco presentes, en este ahora y en este instante, no me definen, aunque para entender lo que voy siendo, necesito del contexto que ellas le proporcionan a las decisiones que voy tomando. 

Que la imponencia con la que la que impactan las circunstancias tu existir, no hagan de ti su víctima o su cómplice. No tienes la obligación de dejarte atrapar por los caprichos y antojos de las circunstancias cuando se hacen hirientes, perniciosas, injuriosas. 

Si esta esencia que te define y me define, estuviera sujeta exclusivamente a este mundo y sus ademanes, las circunstancias serían su premio y también su castigo. 


Por gracia, lo que somos, trasciende este mundo, su tiempo y sus circunstancias, y dan la paz que necesita el espíritu para cambiarlas cuando lo que en verdad se es, por ellas queda en peligro de fenecer para siempre. 

Fluimos con las circunstancias, no lo olvidemos; pero no somos su producto, ni tampoco su resultado. Las circunstancias necesitarán de nuestro permiso y aprobación para apoderarse de nuestra esencia, y hacer de nuestra vida una pluma movida por sus caprichos y sus antojos. 

Y por mucho dominio que tengan en nosotros las circunstancias, sólo serán el contexto de nuestra existencia que fluye a la trascendencia, movido por la libertad que proporciona saber que siempre puedo decidir cambiarlas. 
¿Para qué sirven, entonces, las circunstancias? 
Para aceptar sin juzgar, para perdonar sin ni condenar y para entender lo que cada uno va siendo. Le da un lugar a la compasión y a la misericordia. 

Si Dios no supiera de nuestras circunstancias, hace rato, de nosotros se habría olvidado. 

Yerko Reyes Benavides

viernes, 24 de mayo de 2019

La Vida

En búsqueda de Sentido y Trascendencia

“Efímera se hace la Vida si no hay en ella, 
ni Sentido ni Trascendencia” 
____________________


Rápido avanza la vida, tan rápido camina, que en un abrir y cerrar de ojos se han escapado los años, como la arena que se escurre entre los dedos sin poder, por más empeño que se haga, retenerla en la palma de la mano. 

El Salmista contemplando lo efímero de la vida se decía a sí mismo, en su cantar: 
"Mil años en tu presencia son un ayer, que pasó; una vela nocturna". (Sal 89,4)
Todo puede pasar en el suspirar divino, una vida se puede dar y también perder por completo si no se sabe qué se va a hacer con ella. 

Muchos pasan la vida, les pasa la vida y en la vida que viven, no pasa nada. 

Toda vida como don recibida tiene un sentido y un propósito. Dios en la eternidad de un día, toca a la puerta del alma y llama con suavidad al principio; luego con apremio invita, no quiere llegar sin más al final donde ya no hay vuelta atrás. 

Pablo nos refiere la prioridad que ha tener lo fundamental en la vida, que si no se atiende oportunamente, corre el riesgo de diluirse en lo intrascendente y ahí perderse. Así, entonces, deja escrito Pablo: 
“El amor de Cristo nos apremia” (Cf. 2Cor 5,14-15).
Nuestro destino es la eternidad, más a ella se llega en la finitud de un tiempo dado. No podemos esperar y por eso nos urge el Amor, al que muchas veces dejamos a la suerte o la fortuna. 
¿Has tenido tiempo para meditar en el misterio de la vida?
¿Has tenido ocasión de descubrir el don de tu propia vida y en el quedar extasiado? 
Mejor aún 
¿Te has dado la oportunidad de encontrarte con el misterio divino que está presente en tu propia existencia? 
Puede parecer filosófico todo esto, a veces es bueno abordar los grandes cuestionamientos existenciales, éstos siguen esperando respuesta satisfactoria y no por los intelectuales de la historia sino por ti o por mí que somos, personas de a pie, ni intelectuales renombrados ni filósofos entronizados. 

No hace falta recalcar lo fundamental del asunto, ya que el ser humano es la única entidad del cosmos conocido que tiene esa posibilidad: la de cuestionarse a sí mismo, ante lo inevitable de su perfectibilidad. 

El ser humano es el único que teniéndolo todo en su propia naturaleza se va haciendo así mismo en el tiempo. Sólo así logra trascenderse a sí mismo. 

¿Te abrumo con todo esto? 

Tranquilo, todavía hay tiempo para que tanto tú como yo, nos demos la oportunidad de descubrirnos en el misterio de la vida que se nos ha concedido y con ella hagamos algo más que sólo pasar. 

Hoy es un buen día para comenzar a pensar y discernir si la vida que tienes es la vida que quieres, y sobre todo, si es la vida que Dios quiso, quiere y querrá para ti desde la misma Eternidad cuando te pensó y te amó. 

Hazte un propósito hoy mismo, no esperes a después, somos expertos en dejar para más tarde lo que es importante; lo fundamental lo vamos depositando en el baúl de los “despueses” y, lamentablemente ese baúl queda guardado en el rincón de nuestros olvidos. 

Este mismo día puedes darte el tiempo para contemplar el gran don y milagro de tu vida, descubrirlo como el tesoro más preciado que existe en todo el universo y, discernir si lo que estás haciendo con tu vida y la forma en que la vives se corresponde al don que has recibido. 

De este propósito se viene un compromiso ineludible, uno que no puede ser postergado por más tiempo: 

Si aún no te has valorado en justa proporción es tiempo de comenzar. Sobre todo si quieres algo más que la vida pase por ti y no tú por la vida siendo totalmente consciente del milagro que eres de Dios y haciéndote presente (sentir en este mundo) 

Además viene algo todavía más significativo: encontrado el sentido de tu propia vida, ahora comienza el proceso de hacer que ésta sea trascendente. Un camino de realización personal en el que la Voluntad del Padre Dios, sea el centro de tu acción, teniendo la certeza que es lo que te hará alcanzar la plenitud. 

Todo milagro tiene un propósito, una finalidad, y también confiere una oportunidad única. 

¿Cuál será el que Dios te dio a ti?


Yerko Reyes Benavides

lunes, 31 de diciembre de 2018

Reflexión: Un 31 de Diciembre

"En Dios no existe el tiempo: ni ayer, ni hoy, ni mañana. 
La Eternidad es suya y esta no se marca 
por las agujas de un reloj o las hojas de un calendario. 
Dios es Alfa y también Omega
No como una linea que uno dos puntos, 
lo es a la vez"
(Yerko Reyes Benavides)

El 2018 está llegando a su fin; al menos eso es lo que se dice por todas partes.

A lo que pienso: no, no es un día diferente al resto de los días del año. No trae ni más ni menos horas; los minutos no corren más rápido, ni los segundos más lento. No hay acontecimientos cósmicos extraordinarios que no se correspondan al orden natural del universo.

Con sus 24 horas normales, siendo un día más, como otros tantos, no pasa nada si buscamos alejarnos de la algarabía de las supersticiones con las que este día se ha revestido. Escaparnos un rato de la vanidad del consumo indiscriminado; ¿consumo de qué? de lo que sea. Refugiamos dentro de nuestra intimidad y ahí respirar tranquilos un buen rato, pues sólo ahí podemos ser, sin más. 

Estando en nuestro yo y mismidad, nos da la oportunidad de agradecer lo que se nos ha dado, lo que por nuestro esfuerzo y mérito hemos alcanzado y, de paso aprovechamos para hacer consciencia de que los días por venir, dependerán de nosotros mismos y de la gracia de Dios que haya en nuestro interior; esa que hemos propiciado y que seguiremos buscando.

Lo necesitamos, ¿qué? un poco de silencio. Por tal motivo nos damos un chance, en medio del cúmulo de cosas con las que atiborramos este día, para pedirle a Dios que no nos falte su auxilio, su gracia y misericordia.

Renovados en voluntad espiritual, hacernos el propósito verdadero de ser causa y ocasión de los cambios y la transformación que este mundo necesita, claro está, empezando por propia casa.

Así pues, no te voy a decir lo que se suele decir este día: "te deseo lo mejor"; "que la suerte te acompañe en el venidero año"; "Que el próximo sea mejor que este que termina"… etc.


No, porque me siento tu amigo y tu hermano, y por eso, no voy a colaborar contigo en tus creencias mágicas, ayudándote a invocar los inexistentes dioses de la "fortuna" y "el azar".

Lo que si voy a hacer en este día es pedirte que te detengas conmigo y me acompañes un momento y juntos nos demos cuentas que la vida es perfectible, es decir que siempre se puede ser mejores, y que eso no depende de la suerte, sino de un trabajo constante; la intervención consciente en la propia existencia: la mía, la tuya; la de muchos (familia por ejemplo).

¿Quieres un año nuevo mejor?: mejora tu condición interior, la calidad de vida espiritual que llevas y, lo demás llegará a ti solo. Te lo repito nuestra humanidad está dotada de una hermosa virtud: como personas siempre podemos ser mejores y se nos da el regalo del tiempo (sólo que este pasa rápido, y la vida se nos puede ir en un suspiro; no nuestro, sino el de Dios).

La perfectibilidad está en cada uno de nosotros y el mismo Jesús la reclamó al ver que las personas en vez de surcar los cielos con sus alas desplegadas, prefería pasarse la vida picoteando las migajas del suelo.

El primer paso en el itinerario de la perfectibilidad es la introspección, es decir hacer el camino hacia nuestro propio interior; ya te lo había dicho.

Esto no lo realizamos con tanta frecuencia, ni si quiera en cuaresma, porque hacer ese recorrido es, con toda seguridad encontrarse con cosas que no nos van a gustar de nosotros mismos y que ameritarán un verdadero trabajo; algo en lo que no estamos dispuesto a invertir ni tiempo ni recursos. A la final terminamos diciéndonos, que es nuestra torpe manera de justificar nuestra decidía: “¿para qué? ¡Así estoy bien! ¡El que me quiera que me quiera como soy!.

Si de verdad quieres que el venidero año sea algo diferente, no te vista de amarillo; no saques con desafuero y desesperación unas maletas a la calle (te ves ridículo, te lo digo con cariño), ni tampoco te atragantes con uvas pidiendo un deseo para cada mes del año. Eso no funciona. Ninguna de esas cosas va a marcar ninguna diferencia. Lamento quitarte la inocencia: la “diosa fortuna” no existe.

La que si existe es tu determinada determinación de hacer la diferencia. Esa cuesta. Pero cambiando tú cambias todo lo demás. 

Entonces, en este día que lo diferente no sean los rituales que utilizas para invocar el “azar y la "fortuna”. A las doce de la noche lo único que pasará es que la tierra emprenderá una vez más como lo ha hecho desde hace millones de años un nuevo ciclo de traslación. 365 días le llevará  darle una vuelta más al sol; nada más. Los que vaya a pasar en ese período te tiempo no de penderá ni de los astros, ni del cosmos, ni de los demonios danzantes, tampoco del azar, sino sólo de ti. 

Hay en el mundo problemas reales que necesitan gente consciente, dispuesta a esforzarse para que en el tiempo que dura esa traslación haya menos gente pasando hambre, más personas con trabajos estables, que las instituciones cuya misión es servir a la comunidad, funcionen; que los políticos dejen la retórica trasnochada y que su verborrea no sea distracción para llenar sus bolsillos con el erario publico y de verdad se ocupen del bienestar de los ciudadanos. Que la educación llegue a todos, que la gente que vive situaciones de indignidad y humillación puedan ser ayudados para mejorar su calidad y condición de vida; que haya medicinas en los hospitales y comida en los anaqueles.

Cuando entiendas que el protagonista de tu existencia eres tú mismo y no la fortuna, la magia, los mitos, los ritos esotéricos que practicas entonces, sólo entonces por fin un ciclo nuevo para el universo comenzará, porque con tu “metanoia” habrá un cambio sustancial traerá un “big bang” espiritual que estremecerá el universo.

Y mi saludo del fin del ciclo de traslación de la tierra en este 2018, lo que tu llamas año, hoy será, lo que en otras ocasiones me has leído:
Piensa – Medita – Ora – Decide – Actúa. 
Con mucho respeto y consideración de mi parte para ti, que a la final te aprecio mucho, y ese cariño está presente hoy y siempre.

Yerko Reyes Benavides

domingo, 16 de septiembre de 2018

Buscando la Libertad

San Juan XXIII, nuestro Patrono espiritual nos dejó una encomienda importante:
Buscar la Libertad en todo y ante todo. 
Hablar de este tema es dirimir muchos e intensos debates puesto que nadie se pone de acuerdo en el significado intrínseco de la noción de Libertad. Término que resulta confuso incluso si se aborda estrictamente desde el ámbito de la filosofía.

Se complica más si accedemos a él desde la Ética o nos paseamos por él con los principios de la Moral. Otro tanto nos dirá la Antropología, e incluso la Biología aportara un elemento a su consideración. Otras ciencias también vendrán a abultar la noción de este concepto. 

Etimológicamente hablando:
El origen de la palabra libertad lo encontramos en el latín “libertas”, “libertātis”. Al término “libre” se le ha añadido el sufijo “tad”, que significa “cualidad de”, y por disgrafía ha conformado la palabra “libertad”, que significa “cualidad de libre“.
Lo que nos ubica en una definición más o menos aceptada y aceptable:
Facultad o arbitrio que una persona tiene de obrar de tal o cual forma, sin ningún tipo de impedimento.
La noción de libertad, en principio es de orden físico, es decir, se concentra en la libertad de acción, de movimiento (incluye todo lo que concierne a la naturaleza humana).

Sin embargo, "El Papa bueno" al plantear el tema de la liberad no se confine a esta definición, sino que busca trascenderla, puesto que no se trata sólo del hacer. Es decir, libertad no es sólo "la facultad para hacer o no" sino la condición de "Ser" y "Manifestarse". 

Esto nos lleva a un planteamiento trascendente de la noción -básica- de Libertad, ya que no sólo se trata de alcanzar una emancipación, sino de proyectarse más allá de simplemente inmediato (material o inmanente).

La libertad por tanto implicará y conllevará en todo al espíritu, donde está y radica en última instancia, la identidad de la persona. 

La libertad dejará por ende, de ser sólo un fin;  pasará a ser, a partir de esta noción trascendente, pasará a ser para la persona, motivo alegría permanente, impulso de autenticidad, ya que abarcara un camino de vida, un proceso vital,  una forma de comprenderse y realizarse como persona; de vivir completamente acorde a su propia esencia: lo humano y de abrirse a lo divino que va descubriendo en su propia naturaleza (hecha a imagen y semejanza de Dios).

La frase que resaltamos en este escrito nos permite acercarnos a esta noción de Libertad, entenderla para vivirla en cada acto, no solo suspirar por un acto libertario, sino ser en todo momento libres: 


Yerko Reyes Benavides

martes, 14 de agosto de 2018

Soñar, mi virtud

“Lo más significativo de la vida no es soñar.
Sino tener a quien abrazar
cuando los sueños comienzan
 a hacerse realidad”.


Soñar, soñamos todos, aunque sueños no queramos, dormidos aparecen en el horizonte de nuestra inconsciencia.

Capacidad maravillosa de nuestra mente, que a pesar que renunciamos a los sueños, éstos se siguen mostrando como expresiones simbólicas que dejan al descubierto de nuestro intelecto los deseos más íntimos de nuestro corazón; los miedos que subyacen en nuestro interior producto de nuestra frustración.

Lenguaje del alma son los sueños que soñamos, inconscientes. Habla, no nuestro instinto, sino los anhelos secretos, de aquello que nos hace ser siempre niños.

De niños es soñar, no es un mundo de fantasía, sino ver la vida con otros ojos: lo de la ilusión y la esperanza; donde la malicia no cabe, y la libertad es plena, incluso para volar.

¡Qué tontos somos! Pensamos que la única manera de volar es despegar nuestros pies del suelo y elevarnos por los cielos. No, el niño no se cierra en los paradigmas de la lógica que enseña que para volar alas se han de tener. Los sueños no contemplan la aerodinámica, sólo se lanzan a conquistar el espacio, que no está arriba en lo alto del cielo, sino en lo profundo y más íntimo de la imaginación; el sueño mismo.

Maravillosos son los sueños nocturnos, mas aquello que soñamos despiertos son los mejores, puesto que le dan calor a la vida, orientan los pasos, amplían las perspectivas; nos hacen salir del marco doctrinal y conceptual en el que nos empeñamos someter la vida: ¿Y decimos ser libres?

La libertad viene de la capacidad de soñar, de extender las alas y echar a volar la imaginación indómita, que nos lleva a vencer los temores y a dejar en cada acto lo mejor que de nosotros.

Los sueños son una invitación a dejar atrás los miedos, pero también las posesiones. Poseer nos ancla, nos limita: poseo la verdad decimos; y cuando llegamos a tal convicción dejamos de soñar; la verdad es nuestra, dejamos de buscar. Y cuando esto sucede perdemos la libertad, nos hacemos esclavos de la verdad que poseemos.

¿Cuándo la realidad se acabó? cuando dejamos de soñar y nos conformamos con que no hay nada más que hacer, ni un talento más que descubrir; la vida se vuelve aburrida, dejamos de existir.

“Sueño luego existo y la libertad es mi almohada".

Yerko Reyes Benavides

sábado, 21 de julio de 2018

Ironía de la vida: Perderse para encontrar lo que no se está buscando.

En este artículo, no voy a abundar en explicaciones. No hacen falta. Lo dicho, dicho queda, sólo falta que en tu propio proceso reflexivo comprendas lo que está más allá de las palabras y te encuentres con la propia experiencia; aquella que te pone delante de procesos que parecieron tormentas impetuosas que sacudieron con fuerza la existencia.

Nadie se pierde por gusto, sino a disgusto, por estar distraído, pero sólo ahí verdaderamente cuando idea no se tiene es que se encuentra la genialidad.

La consideración que no está tomada en cuenta es que no necesitamos el azar y de vez cuando podemos elegir ir a perdernos por caminos intransitados que nos lleven a lugares inexplorados, sobre todo si del alma y el pensamiento se tratan.

Sólo cuando me he perdido he encontrado y no buscándome me he encontrado. 


Yerko Reyes Benavides

miércoles, 27 de junio de 2018

Humano, ¿Humanidad?

¡Hace rato que no te veíamos!
 
Visítanos con más frecuencia que esta, tú pagina también, querido Principito.

Tú siempre nos has ayudado a centrar nuestras ideas con tu inocencia y la sencillez de tus planteamientos transparentes.

Bienvenido seas, una vez más, no nos olvides tanto y gracias por ponernos a pensar que una cosa es humanidad y otra ser humano de verdad y que esa humanidad cuesta verla sobre todo cuando el humano se convierte en un carnicero de la humanidad.


Yerko Reyes Benavides

jueves, 14 de junio de 2018

Y... ¿Qué es el amor?

Me preguntas ahora, como tantas otras veces lo has hecho: ¿Qué es el amor? 


Poetas, músicos, filósofos, teólogos incluso biólogos y hombres de letras, versados en los asuntos de las ciencias de todo tipo e incluso gente como tú o yo hemos en algún punto topado con la pregunta y aventurado una respuesta. 

Precisamente es en los hombres versados, escritores sobre todo o músicos o poetas en quienes nos hemos aferrado y sabiéndonos una frase por ellos dicha o escrita en algún lado, hemos respondido a la pregunta para quedar bien con nosotros mismos y rápidamente cambiar de tema, tanto si surge incomodo en nuestro pensamiento o en una conversación con uno grupo de amigos. 

Ponemos cara de intelectuales y soltamos “parafraseada” la cita que a duras penas nos hemos aprendido de memoria, pero aseguramos que así tal cual la hemos leído. A final de cuentas, vergüenza nos da, afirmar que del tema no tenemos ni idea; que nuestras vivencias no son lo suficientemente sustanciosas para elaborar una definición definitiva de lo que se nos inquiere. 

Poco hace, me encontraba conversando con una amiga y le pregunté, sorpresivamente para ella y también para mí, porque no sé de dónde la desfachatez de lanzar así sin anestesia una pregunta que hace encender los matices rojizos de las mejillas: ¿Alguna vez, de verdad, te has enamorado? 

Para sorpresa de ambos, surgió sin más un silencio cómplice de no querer o mejor dicho no saber que decir. De hecho, a trompicones llegamos a la pregunta que es la que de verdad importaba en aquel informal diálogo: 

¿Qué es el amor? ¿Qué es el amor para saber, si alguna vez me he amado de verdad o me han amado de verdad? 

No, no pondré en este escrito el resultado de aquella conversación. Eso queda en el sigilo de una confesión que no fue tal. Pero si, mi intención en el fondo es que ya, espero, te estés tú mismo haciendo las preguntas que ocuparon la atención de mi amiga y yo en ese dialogo afable que sostuvimos un día. 

No es mi pretensión, como lo es la de algunos escritores darte formulas “procesadas” para que las consumas y en tu próxima conversación puedas tener alguien más a quien citar. Mi intención es que ahora procures elucubrar, pensar, filosofar tú mismo, sobre el amor, su esencia, su sustancia, su fundamento y su sustento. 


Mi motivo, la razón de compartir este artículo contigo y que escribo con temblor en las manos de saber para mí que tengo un “no se” entre pecho y espalda para decirte no lo que es el amor sino lo que no es, en definitiva me inquieta. 

Quiero despertar en ti la curiosidad y mover en ti el deseo de búsqueda: ¿de qué? me dirás; no amigo lector, no de respuestas sino vivencias, puesto que, y acá, voy a hacer lo que no quería, decirte algo de lo que el amor es: el amor aunque puede racionalizarse, conceptualizarse, definirse en conceptos e incluso describirse “objetivamente” nada de eso en última instancia dará valor a lo que pasa en ti sino la propia vivencia, la experticia de amar y ser amado y sobre todo de hacerse/deshacerse en el amor. 

La experiencia será la que validara las hipótesis que el intelecto establece de un terreno que no le es propio, sino que se cobija en el alma, en el espíritu y en el corazón. 

“Amar, se ama, amando”. 

No hay otro camino. Y termino diciendo no lo que el amor es, sino lo que el amor no es y el amor lo que no es: “un sentimiento”; sólo un sentimiento. Es eso y no lo es, y aun es más. 

Los sentimientos (nos dice la psicología, ciencia en la que sustento esta propuesta) nos enseña que son habilidades (adquiridas) que depende de destrezas y competencias, y que por ende pueden ser modificadas, desaprendidas y aprendidas. Pero a lo que iba, los sentimientos van y vienen. Hoy están y nos acompañan por un tiempo, luego desaparece, como el viento que pasa deja su frescor en el rostro y luego sigue su camino. 

Si el amor sólo lo vemos como un sentimiento entonces será tan pasajero como la brisa y nos abandonará con prontitud, por eso, amar es más que un sentimiento. 

¿Qué es el amor? 

… 

Yerko Reyes Benavides

lunes, 11 de junio de 2018

"Acúsome, padre..."


Veo a muchos ocupados y concentrados en los efectos del mal. Como si el “demonio” actuara a sus anchas. Incluso algunos piensan que lo malo que hay es por el demonio. Forma inconsciente de eximirse de la responsabilidad personal y colectiva que hay implicada en cada situación de mal en el mundo.
“Acúsome padre, que el demonio me hace pecar”… 
¡Dios! por Dios.

¿Hasta cuándo le atribuiremos a otros (reales, alegóricos, figurativos o metafóricos) la responsabilidad de nuestros actos?

Por ahí se dice, y que forma de manipular la conciencia que la mejor estrategia del diablo es hacer pensar que no existe, o que no hace su trabajo. El pensamiento mítico y mágico nos tiene atrapado en sus redes y no nos suelta y tampoco pataleemos mucho para desprendernos de este. Puesto que es más cómodo pensar que la culpa la tiene satanás por tanto mal en el mundo.

Así lavo en las aguas de sheol  y la gehena mis indiferencias, mis indolencias, mis indiscreciones, mi falta de compromiso, mi flojera para la conversión, mi apatía para emprender aprendizajes que me lleven a una comprensión mayor y más eficaz del misterio divino y mi participación en él.
“No me duelen los actos de la gente mala, me duele la indiferencia de la gente buena” (Martin Luther King)
En pleno siglo XXI todavía arrastramos como un lastre el pensamiento mágico, bien justificable de épocas remotas. La ciencia no tiene todas las respuestas, eso sí, pero no podemos seguir pensando que el mal que hay a nuestro alrededor es por “una mal de ojo”, o que algunos malos se mantienen en el poder por “cantos, danzas, cultos y ritos babalaicos”.

Pensar en ello no sólo es signo de nuestra inmadurez intelectual, sino es desafiar a la acción divina realizada en Cristo. Es no haber comprendido de qué se trató la Cruz y mucho menos la Resurrección.

Para que las cosas comiencen a cambiar, por favor, menos pensamientos mágicos, más compromiso personal, más decisión trasformadora a través de la intervención directa en la realidad basados en sólidos principios, coherencia entre el pensar, decir y hacer, criterios de interpretación basados en la autoridad del conocimiento y también más entendimiento espiritual (Inteligencia Espiritual) de la gracia de Dios en el corazón y de la acción divina que se mueve en nuestro vivir cotidiano.

Somos nosotros mismos la propuesta del Reino de Dios, operante y operativo acá y ahora.



jueves, 26 de abril de 2018

Libertad Interior



“La Verdad los hará Libres”
Juan  8,31
“Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida”
Juan 14,6

Libres para sentir.
Libres para pensar.
Libres para intuir.
Libres para entregar.

Libres para rechazar,
también libres para aceptar.
Libres para aprender
y cuando sea necesario desaprender.

Libres para actuar,
libres para callar y guardar silencio.
Libres para proponer y luego recoger.

Libres para construir un mundo interior,
libres para escuchar utopías y
llenarse de esperanzas
guardar en el corazón los sueños
y en el espíritu las fantasías.

Libres para bailar la melodía de la creación
que resuena con fuerza en el interior,
cuando el espíritu fluye con gracia
e invade la existencia toda,
cuerpo, pensamientos y corazón.

Libres para Amar y también desamar,
libres para pedir un amor decente
que enriquece
que proyecte y haga crecer.

Libres para disfrutar del Absoluto
en los relativos que se presentan en el camino,
sin que las doctrinas golpeen el alma,
y sean causa de escrúpulos
y complejos de culpa.

Libres para descubrir la verdad,
verdad que nos hará libres.

Libre, Señor para que Tú seas en mí,
sin pretensión ni discusión,
y  yo sea libre para ser en ti,
y cuando ambos seamos uno,
ser uno con el Padre y los hermanos.


Somos esencialmente libres. La libertad es condición natural de la naturaleza humana, inherente a toda persona. No sólo es un derecho, sino también un destino, un camino, la realización de su ser y la trascendencia de su existir.

Yerko Reyes Benavides


sábado, 21 de abril de 2018

El Lenguajear del Alma

Expresión y manera incomprendida con la que el Espíritu se comunica.


A veces creemos que estamos mal, cuando el tiempo y las circunstancias no nos favorecen. Creemos que ha comenzado una tempestad y una tormenta asola nuestra vida; toca con fuerza las ventanas y puertas de nuestra existencia. Vemos tambalear las bases de todo cuanto hemos hecho, realizado, soñado, construido. Sentimos miedo que las bases de la casa de nuestra existencia que hemos levantado, la hayamos asentado sobre arena, en vez de sobre sólida roca.

Creemos tener una idea de bienestar que ha sido parte del constructo de aprendizajes adquiridos a lo largo de la vida. Jamás nos hemos cuestionado sobre la intención, finalidad, propósito y objetivos de la educación conferida.

Como inocentes e ingenuos hemos caído en la educación formal que conduce a establecer unos criterios y parámetros de juicio, que no hemos ni siquiera revisado a ver si estamos de acuerdo con ellos y se ajustan o no a nuestro intereses, sobre todo cuando a trascender e ir más allá de lo “preconcebido y preestablecido” se trata.

El alma, el espíritu del hombre  que no está sujeto a los convencionalismos de la vida contemporánea, porque su génesis no está en el aquí y en el ahora de los interés actuales, sino que se remota a la eternidad.
Este espíritu que tampoco está sujeto, aunque si momentáneamente contenido, a las limitaciones de la naturaleza, y que responde como se ha dicho a lo trascendente sacudiéndose lo inmanente, llega un punto de quiebre donde se retuerce, se quiebra y comienza a hablar.
Este hablar se da en un leguaje ininteligible, desconocido, jamás le hemos dado la oportunidad al espíritu que se manifieste abiertamente, aunque sabemos que está ahí, que lo “tenemos” que él “nos posee” o en su defecto “que lo poseemos”.

Su forma de expresarse nos resulta ajena, extraña, rara. Sacude, golpea, estremece, su primer indicio es se muestra en algo que nos resulta bastante familiar: “la insatisfacción”. Es cuando aparece está cuando nos damos cuenta por primera vez que el espíritu vive dentro de nosotros.

El dolor es lo segundo en aparecer y más que como una afección somática el dolor es espiritual, está dentro, muchas veces es inexplicable, y como no se manifiesta en parte alguna del cuerpo es desestimado, menospreciado, desatendido. Al dolor instalado, viene el sufrimiento como consecuencia permanente. 
El alma habla y no se detiene, gime, grita, necesita ser escuchada, y trastoca todo lo interior a ver si desde lo exterior encuentra atención. Mas como no se conoce su lenguaje, paliativos, van y vienen. 
Pañitos calientes, frases cliché: “todo estará bien” no faltan. Pero no están asentadas bajo una verdadera intención de acompañamiento.

Este lenguaje extraño y aparentemente incoherente del alma, nos resulta tan desconcertante que en ciertas circunstancias se vuelve desagradable; es tan chocante que se le llega a estimar como dañino; tóxico, perjudicial, contrario a todo bienestar (no hay tiempo que perder, a lo “malo” hay que corarlo de inmediato, no se confía, ni se espera, a ver que resulta, criterios escasos tenemos para ir más allá de lo inmediato).

Como algo negativo se etiqueta, y los prejuicios vuelvan sobre paradigmas ya montados sobre el entendimiento que le restan la capacidad de visión, lo acorralan y lo encierran. Este cerco que se establece al intelecto, es más dañino que el dolor mismo, porque lo que no hace doler el dolor lo hace el pensamiento; el espíritu en el dolor habla, y algo busca, que no se traduce en un bienestar inmediato, pero se abre a perspectivas amplias de mañanas mejores, con más sentido.

Este lenguaje incomprensible la razón lo rechaza. ¿No es obvio el proceder de la conciencia? Lo que desconoce lo estigmatiza, lo condena, lo persigue y lo elimina, a costa incluso de la misma esencia o mejor dicho de la vida misma.
¡Oh paradoja! Acaba con la Vida para quedarse con una vida en sobrevivencia, rasguñado, mendigando algo de bienestar. Anhelando la utopía de la felicidad.
La razón rechaza dicho lenguaje a tal punto que no lo deja fluir, no deja que el espíritu y el alma fluyan en su canto caótico, desordenado y desorientado en la razón y para el intelecto, pero ordenado y preciso en la raíz misma de la vida que aclama espacio para surgir, aflorar, abrir los pétalos de su plena existencia.

Al contradecir la razón este movimiento interior y al pretender tomar el control, lo que ocasiones es peor que el caos: una descompensación total del ser. El conflicto se agudiza y el alma entra en total incoherencia. Tan extraño nos resulta todo esto que no hay menos que esperar que el proceso de aniquilación del ser y la destrucción del espíritu aparezcan en el horizonte de la conciencia o del inconsciente si se quiere.

 El deseo de “no vida” aparece y se toma como anhelo de “suicidio” y no como el de promover la antítesis para que se fortalezca la tesis. Es decir de la “no vida” sale fortalecida la compresión real y amplia de lo que “vida si es”.

A este punto te preguntarás, haciendo uso de uno de los argumentos recurrentes, en donde se entrampa la razón, justamente el andamiaje intelectual en el que se soporta el razonamiento occidental: ¿Esto será “malo” o “bueno”? O, también suele suceder, que saltando la pregunta, evitando la molestia si quiera de pensar, se va directamente a la afirmación categórica o a la negación absoluta: “Lo que me hace sufrir, el dolor y los padecimientos, siempre serán malos” e “incluso contrarios al deseo de Dios”. Otra trampa que le ponemos al espíritu que anhela liberarse es colocarle el grillete de “la Voluntad de Dios”.

El juicio de valor, la “normatizaición” del pensamiento, los juicios, el absoluto de los paradigmas y de la estructuras de pensamiento estructuras sobre la “moralización” sólo entrampan al pensamiento, lo restringen, y como un perro que persigue su propio cola se queda dando vueltas en el círculo de sus propios argumentos preconcebidos.

Llegar a una conclusión sólo basados y sustentados en juicios de valor, sin si quiera validarlos, actualizarlos, o al menos estremecerlos un poco, a ver si al reacomodarse nos sugieren un orden distinto para encontrar conclusiones innovadoras que nos saquen de las comodidades existenciales y nos lleven a descubrir espacies nuevos en los que el alma pueda desenvolverse, es tan dañino y perjudicial que es preferible la enfermedad que el remedio.

Dependerá del grado de inteligencia, las tres que a Trinidad Santísima en el alma asemeja, para validar algunos procesos internos, lo que conlleva sobre todo a explorar los rincones oscuros del alma donde se esconden por momentos la estética, la lúdica, la bondad y la belleza. En esta búsqueda guiada o auto-orientada, se evitará el juicio (toda valoración: ni bueno ni malo, ni positivo ni negativo) para dar paso a la contemplación de los talentos latentes que, probado está en “estados depresivos” se excitan y exaltan, para sabiéndolo(s) reconocer pueda la inteligencia “trinitaria” aprovechar en ocasionar un camino de restauración desde la nada con un punto de partida.
Las inteligencias a las que se hacen mención en este artículo son: Inteligencia Intelectual (racional), Inteligencia Emocional e Inteligencia Espiritual.
El golpe fuerte del lenguajear del alma (depresión de grave a severa en algunos casos) no apabulle el estado de conciencia, necesario para atender la interacción de las inteligencias, para que de un estado “supuestamente” caótico y de “no vida” surja el brillo de la luz divina en el alma, que comunica el más grande de todos los anhelos la trascendencia.

Cuando los estados de ánimos y las emociones se descontrolan de manera inexplicable, y nos toman, a si simpre suele suceer, desprevenidos y sin recursos, no ha de espantarnos, aunque deseos de no vida generen. El miedo a no saber qué hacer, o si en algún momento esto va a pasar, consume las posibilidades de atender lo que el leguaje del alma está clamando y que no encuentra otra vía que somatizarlo.

Jesús solía decir:
“El Espíritu está pronto y dispuesto pero la carne es débil, así que velen”
 Con ello representa cómo el Espíritu interviene para hacer audible y comprensible el lenguajear del alma que requiere atención, cuidado y sobre todo un cambio de rumbo, porque de “no vida” no quiere más sobrevivir, sino que anhela la “vida en abundancia” que no necesariamente se traduce en “felicidad” sino en “tranquilidad” y en libertad de espíritu” para ser y hacer, dejando fluir a raudales: Estética, Lúdica, Bondad y Belleza.

La lógica, la razón, el sentido común quedan mudos, la moral queda trascendida, puesto que la bondad es más que las normas que la limitan y la restringen.

Recojamos ya llegados al final de este artículos dos lecciones breves:

La primera: es necesario familiarizarse con el lenguajear del alma, para que cuando aparezca con fuerza no nos lleve a una “no vida” perniciosa, sino más bien nutritiva, de la cual salga “vida en abundancia”. 
La segunda lección, es no desaprovechar el resultado del lenguajear y aprovechar el instante para que acontezca en el ser una verdadera y real metanoia. La transformación existencial verdadera y completa. Con cambio de actitudes, esto implicara dos procesos consecutivos y necesarios: “deconstrucción del yo y construcción del ser” y “desaprendizaje de absolutos para aprender nuevos paradigmas con la intención de ser revisados y actualizados constátenme.

Yerko Reyes Benavides

viernes, 20 de abril de 2018

Mirar y ser mirado


Por su puesto que conoces la referencia bíblica en la que se sustenta esta afirmación. No dejamos de lado que nuestra más grande y principal inspiración, la fuente y el centro de nuestra vida espiritual es Jesucristo y el manantial de agua fresca que renueva nuestra fe, confianza y esperanza es definitivamente el Evangelio.

Aunque parecida, no es igual, no se trata de recibir, no se trata de lo que provocas en los otros, sino lo que ocasionas tú, en ti mismo. Ere tú la medida de la gracias que concibes y contemplas, o la desgracia que provocas y ocasiones para ti y los demás. 

No puedes seguir buscando fuero lo que está dentro de ti mismo. Aquí volvemos nuestros pasos por el descubrir espiritual de San Agustín que en sus Confesiones, no sólo sugiere, sino que categóricamente afirma, el error que mantuvo gran parte de su vida, motivado por las cosas de este mundo, buscando su sentido, en ellas, y no en su hacedor. Dramático se hizo la búsqueda cuando quiso entender el sentido propio de su ser y de su existir. 

Ahí se encuentra con la angustia de no poder encontrar en nada la explicación. Más su alma no estaba habida de argumentos sino de sentirse amada, reconciliada, promovida y proyectada, lanzada por la gracia al infinito a la trascendencia. 

Estamos, a veces tan "extroyectados", es decir lanzados a lo externo, que todo lo que acontece en nuestro interior lo atruibuimos a la influencia que tiene el mundo, sus prerrogativas, sus intereses, sus acciones e inculos sus reaacciones. Y cuando, no le atribuimos, la responsabilidad de lo que nos acotnece, de las cirucunstacias que pasamos, al mundo, se las atribuimos a las fuerzas del mal o de la osucridad. Decimos, y así nos justificasmo: "debiles somos y la tentación del tentador es fuerte y, sucumbimos". 

Yo no es tan valida, hoy día, aquella famosa afirmación del filosofo Ortega y Gaset en que define al ser como una consecuencuencia: "Yo soy yo y mis circunstancias". Así le da el pensador español, poder y autoridad al entorno para que intervenga en un ambietne que no le compete: "la esencia que hace ser y no ser otra cosas sino eso". El ser sólo se vera afectado en la decisión, consciente o no de dejarse o no definir por lo externo, aunque en definitiva no tenga verdadera incidencia.

¿Pero que pasa con Dios que actúa desde lo externo?

Premisa de una lógica errada. Si nos vamos a los principios regulativos de la lógica, cuando una de las premisas es falsa la conclusión será igualmetne falsa. Demos por sentado que esto es así, entnces si partimos de la premisa mensionada, llegarems a la conclusión de que Dios es ajeno al ser humano, y su distencia lo pone en otro plano. 

Necesario será que nuestra espíritu transite los caminos de la interioridad para descubrir que la Acción de Dios no se da en lo externo, sino adentro del ser humano, en lo más intimo de su intimidad. Citemos una vez más el tan ya famoso y aun no del todo aprovechado texto de San Agustín: 
¡Tarde te amé, hermosura tan antigua y tan nueva, tarde te amé!
Tú estabas dentro de mí, y yo fuera, y por fuera te buscaba, y me lanzaba sobre las cosas hermosas creadas por Ti.
Tú estabas conmigo y yo no estaba contigo.

Me retenían lejos de Ti todas las cosas, aunque, si no estuviesen en Ti, nada serían.
Llamaste y clamaste, y rompiste mi sordera. Brillaste y resplandeciste y pusiste en fuga mi ceguera.
Exhalaste tu perfume y respiré y suspiro por Ti.
Gusté de Ti y siento hambre y sed.
Me tocaste y me abraso en tu paz.
Lo externo sólo afectara lo interno según el permiso que le demos a aquello que nos afecte. Ten presente que acá no estamos haciendo ninguna valoración moral, no estamos hablando de lo bueno o lo malo, de lo correcto o lo incorrecto. Las cosas afectan, según el la fuerza que le dejemos que lo hagan a final de cuentas, quien es el pensante, el que tienen el razonamiento y los juicios, los valores y los principio, los afectos y emociones, quien es el "Consciente" de cuanto acontecen, no es el ambiente sino el ser humano.

Quizá te sorprendió la conclusión de la premisa que utilizamos en la imagen; la lógica llevaba daba otra posibilidad, la más consecuente con la afirmación antecedente, y más puesto que al leerla inmediatamente tuvimos la tentación de compararla con la consabida evangélica:
"Con la vara que midas, serás medido"
Reza la afirmación bíblica. 

Sin embargo acá no se trata de juicios, valores, apreciaciones; sino de la aceptación y aprobación, de las actitudes con las que vamos y nos reaccionamos con lo externo, las decisiones que tomamos y la manera como nos "dejamos determinar por estas" entregándoles la facultad de decidir a otros, evadiendo y evitando la que nos compete: 
"ser protagonistas de nuestro propio ser, de nuestro propio vivir"
Este pequeño trozo nos ha hecho detenernos no un segundo en la contemplación de una verdad que lastima, puesto que es más fácil atribuirle las penas y sufriientos que padecemos a otros que asumir que lo que no nos hace sufrir es en definitiva lo que decidimos que afecte, impacte, golpee y destruya nuestro mundo interior. Y sin embargo ahí, sigue Dios recogiendo los pedazos.
"Con la mirada que mires, te sentirás mirado"
Si miras con "ternura", serás mirado con ternura.
Si miras con "gracia", la gracia te será devuelta.
Si miras con "alegría", sonrisas verás por todos lados, la sonrisa será tuya.
Si miras con "bondad, serás mirado con bondad.
Si miras con generosidad", generosa será la mirada con la que seas mirado.
Si miras con atención, atenciones recibirás de vuelta y, con creces.
Si miras con amor; ¡Ay si mirarás con Amor! El mundo se rendiría a tus pies.

Yerko Reyes Benavides 

martes, 13 de marzo de 2018

Deja a la Belleza en Libertad

¿Qué es la belleza? 

¿Qué hay en ti que, incluso, tantos pierden hasta la cabeza?

En cortas líneas, quizá, no pueda encontrar respuesta acertada para tan filosófica pregunta que ocupa también a cantores y poetas, porque se trata de gustos, colores y preferencias. Las apetencias hacen de lo bello algo que en vez de exaltar lastima y, alguien por sentirse en los amplios atrios de la belleza se pierde a sí mismo, consumido por su propia hija: la vanidad.

A la interpretación de la belleza concurren todos los intereses, los personales y los colectivos, los sociales, culturales, políticos e incluso de económico potencial, puesto que la belleza es comercial; tampoco queda alejado la ética y peor aún la restrictiva moral, en ella también la religión posa sus haberes. Tantos van tras la belleza que la restringen, la trozan en pedazos y cada uno se lleva una parte, haciendo de ésta un adefesio que poseerla es una tragedia más que una ventura.

Se puede decir de la belleza es no un atributo que se confiere a algo o alguien, no es en el ojo del que la contempla donde reside su natural atractivo. La belleza viene en forma de estética y pertenece a la naturaleza de cada cosa. Todo es bello, estético, independientemente del sujeto que la observa, y jadeante decide poseerla. No se basa en criterios o idiosincrasias y mucho menos en prejuicios de fenotipos y estereotipos. La belleza se mide, la estética no y, nos guste o no, la belleza solo será tal cuando sea vista en su estética y no en sus ademanes y formas.

Cuando algo se dice bello, y se le otorga dicha posesión, lo bello se vuelve placentero, manjar de deleite de los sentidos, punto de partida para la contemplación y la posterior transcendencia. Por ello, no queda más remedio que de lo bello disfrutarlo más no poseerlo.

Es un error, producto de la vanidad y la egolatría querer adueñarse de la propia o ajena belleza. Poseer es negarle la libertad a algo o alguien, aunque la jaula de su encarcelación este construida con barrotes de fino cristal y refinado oro.

La estética de la belleza necesita para ser explosión de sensualidad en los sentidos y gozo del alma y corazón de quien la contempla en sí y en otros, de su natural libertad. Es en esta libertad donde encuentra su realización, su perfección y se constituye en fuente de expansión interior y puerta para cruzar los linderos de lo simplemente material y humano. Se toca con ello la divinidad, donde la belleza, estética y libertad encuentran su éxtasis, quicio y culmen.

Jesús de Nazaret fue un gran contemplativo de la estética y en todo encontraba belleza, tanto en la naturaleza como obra de Dios o en la persona como hija de la divinidad. Con frecuencia tenía arrebatos poéticos que lo conectaban con lo que a su alrededor acontecía y que para la mayoría de tanto estar, pasa desapercibido y no se contempla con agradecimiento.

El solía decir:
“Miren lo lirios del campo que ni hilan ni tejen. Sin embargo, les digo, que ni Salomón en su esplendor se vistió como uno de éstos”.
La vanagloria característica de nuestro ego y orgullo nos lleva no a disfrutar de la belleza en las cosas, en las personas e incluso en propia piel. El poseer se despierta como monstruo que todo lo consume y lo atrapa en sus tentáculos y por ello en vez de proteger a la flor, la cortamos de su tallo y la colocamos en la solapa de nuestra vanidad. Lo que no percatamos en el instante de nuestro posesivo arrebato es que la flor desprendida de su raíz comienza inmediatamente a morir, e iniciado ese proceso lo que consideramos bello fenece, pierde su encanto y su brillo, y aunque en la muerte también hay estética, no agrada porque recuerda nuestra finitud; justo la que evita nuestra vanidad.

Por querer poseer a la belleza la convertimos en finalidad en propósito de nuestras ansias, en objeto que se compra y también se vende, se le pone precio, y todo lo que vale aunque sea a precio de oro una vez que se tiene, pierde su natural encantó, la atención se concentra en un nuevo objeto de posesión. Lo bello ocupa un lugar en una repisa, resquicio que poco se mira cuando ya se posee y se olvida y triste queda, marchita y muere.

La vanidad es cosa seria en seres tan pequeños e ínfimos como nosotros los seres humanos, los únicos capaces de disfrutar el placer de lo bello y dejarlo vivir, que sea y exista independientemente a nuestra fatuidad. No hemos entendido el plan de Dios y de esencia bella de todo hemos convertido lo hermoso en algo horroroso puesto que muta en tormento, dolor y desfortunio. Por la belleza mal concebida, se mata, se muere y se se suicida y se asesina.

Lejos de disfrutar y alegrar el corazón con lo bello de todo en todos, se comercializa, de sujeto de sí mismo, se vuelve en objeto de codicia, por tanto se desvirtúa su esencia, y a lo que gratis se recibe, se convierte en costoso lujo que no satisface los sentidos porque ya no tiene su natural encanto, ese que enamora y hace explotar la emoción en su contemplación.

El resultado es obvio, la belleza degenera, y se transforma muy a su pesar y original naturaleza en objeto de perdición y no de seducción del alma para elevarla a los predios de la divinidad que todo lo hizo a su imagen y semejanza: bello en esencia y naturaleza.

Si eres amante de la belleza, de la estética entonces lo serás también de la libertad, puesto que la estética sólo existe en libertad y cuando sucumbe a la posesión pierde su encanto y deja de ser bello o bella. De un absoluto se vuelve en un relativo poco atractivo.

Si de verdad eres amante de la belleza, evitaras por todos los medios sucumbir a la tentación de poseerla y con ello adueñarte de sus atributos. La dejarás en libertad; libertad, para que exista y sea. Disfrutarás de su compañía y de su presencia; quitarás con cuidado todo aquello que estorba a la contemplación de sus encantos naturales, sonreirás en su sonrisa, te verás a ti en ella, y dejarás que siga su camino, para más adelante si, asi se te permita dar nuevamente y una vez más con ella.

La belleza, estética de las almas, se mira, se observa, se contempla, se admira, causa asombro al alma, desconcierta la razón, impacta el alma, se apodera del espíritu, revolotea en el interior del ser; se disfruta, se regodea, por un instante eleva y con ella se toca el cielo, rostro de Amor de Dios; se loa y al final de todo se agradece.



Deja que la estética sea bella, no la poseas y así será tuya para siempre.

Yerko Reyes Benavides