Mostrando las entradas con la etiqueta JHS. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta JHS. Mostrar todas las entradas

jueves, 11 de febrero de 2021

Himno Eucarístico

Ven, Jesús, mi Salvador
Divino Cordero;
Ven a mí, dulce Señor,
¡Oh mi Dios, mi amor!

Eres Padre tierno,
eres Buen Pastor;
eres Verbo eterno
nuestro Redentor.
¡Oh de mi esperanza
Dulce galardón!


Te doy alabanza
y mi corazón.
En Ti siempre espero,
aumenta mi fe;
con amor sincero
te recibiré.

En esta apariencia,
Divino manjar,
tu santa presencia
quieres ocultar.

Oh Sabiduría,
Eterno Señor;
ven en este día
A darme tu amor.

Jesús de mi vida;
nunca más pecar;
sólo a Ti rendida,
mí alma quiere amar.
Amén


Autor 
Anónimo


jueves, 10 de octubre de 2019

Alimento de Vida

Alimento eres mi Señor amado:
alimento que atrapado en amor te quedas,
alimento que un trocito de pan te das,
alimento que al vida llamas;
alimento que la plenitud alcanzas,
alimento que llena,
alimento que sacia.

Alimento eres mi Señor, de amor desbordado:
alimento para el corazón de amor despojado,
alimento que al alma exalta;
alimento que a la Fe consolida,
alimento que a la Esperanza renueva,
alimento que a la Vida Eterna lleva.

Alimento eres mi Señor, de amor traspasado:
alimento que me eleva,
alimento que me salva;
alimento que me invita,
alimento que me ínsita;
alimento que me trasforma,
aliento que a mi vida vigoriza;
alimento que hasta el cielo me levanta.

Alimento eres para mí Señor,
alimento de bondad y de gracia
alimento que me cambia;
alimento que a tu corazón me acerca,
alimento que de tus manos, en mis manos se multiplica,
alimento que en mis labios se posa,
alimento que de caridad llena mis obras.

Que no me falte, Señor el alimento,
en el que te entregas a ti generoso,
en el altar de tus amores bondadoso.
Amén

Yerko Reyes Benavides

lunes, 4 de septiembre de 2017

Un Minuto con Jesús Sacramentado


Todo tiempo, todo momento es propicio para elevar una oración a Dios. Muchas veces nos excusamos ante el olvido casi deliberado e inconsciente de este encuentro personal con Dios por medio de la oración, “por falta de tiempo”, argumentamos para tranquilizarnos. Otra de los pretextos que esgrimimos es cansancio o nos metemos el gran cuento que laborando también oramos.

Una de las enseñanzas que hemos recibido desde pequeños es la importancia de la visita al Santísimo. Y en el mercado encontramos todo tipo de folletos, manuales, devocionales, que nos ayudan a tal propósito. Sin embargo, para visitar al Santísimo tenemos que ir a la iglesia donde él se encuentra nos han dicho.

Si establecíamos no hace mucho, amparados por la enseñanza de algunos grandes santos y místicos de la iglesia sobre, las bondades de la comunión espiritual, y esta no necesariamente se restringía a los espacios del templo y del sacramento eucarístico, pues así también sucede con el encuentro con Jesús a través de la oración: libre, abierta y espontánea.

Los pretextos antes esgrimidos quedan sin validez ante la propuesta de esta “gota de sana espiritualidad”. Hablamos de un minuto no como una referencia abstracta de tiempo. Sino como un marcador de inicio que irá poco a poco incrementándose a la medida en que se vaya estableciendo en nosotros la aptitud de la oración.

Un minuto con Jesús Sacramentado, es un minuto de nuestro tiempo. Ni más, ni menos. Con un minuto al día que comencemos y paulatinamente a la medida en que nuestra interioridad así lo vaya requiriendo naturalmente, iremos convirtiendo ese minuto en dos, en cinco, en treinta, en un hora o en horas completas si lo requiere nuestro corazón.

Por algo tenemos que comenzar, y comenzaremos por un minuto. Este minuto es una técnica muy práctica para habituarnos a aquellas tareas que queremos realizar pero que no terminamos de iniciarlas o “meterles decididamente el pecho”, como popularmente decimos.

Un minuto con Jesús no va a ser nuestra práctica permanente, es sólo el arranque, el empujón que necesitas para comenzar a hacer tu oración todos los días. 

viernes, 21 de julio de 2017

Cinco Minutos con Jesús Sacramentado

Venezuela es una nación Consagrada al Santísimo Sacramento del Altar. Un pueblo eucarístico por excelencia, de adoración y alabanza al Señor Jesucristo manifestado en Amor en la Hostia que se expone sobre el altar. Esta Venezuela consagrada a Jesús Sacramentado, en sus momentos de mayor dificultad a elevado sus suplicas, peticiones y oraciones y el Dios Padre Misericordioso ha respondido al clamar de su pueblo. Hoy volvemos a postrarnos ante la presencia viva y real de Cristo el Señor y le entregamos nuestro corazón, para que sus designios de libertad, de justicia y de paz se manifiesten con abundancia en nuestra patria.