Espíritu Santo
Aleluya, aleluya.
Dios ha puesto su morada en nosotros,
haciendo de nuestro corazón Templo de su Amor.
Aleluya, aleluya.
Yerko Reyes Benavides
Espíritu Santo
Yerko Reyes Benavides
Espíritu de DiosEn el don de tu fortaleza
don de bendición,
envuelve mi debilidad
en las alas de tu divinidad.
restaurada quede mi naturaleza,
derrotadas todas mis bajezas,
desterrada de mi corazón la impureza.Mis ojos llenos de ilusión,En el don de tu entendimiento
anhelan contemplar el rostro de Dios.
se sumerja mi pensamiento,
el deseo de mi razón sea tu aliento
y el sutil sustento de mi atrevimiento.Sea servirte, de mi voluntad, su empeño;Dame el don del Consejo,
amarte, de mi corazón su mayor anhelo.
que mi ser, de ti sea un reflejo
que avive en el desierto la esperanza
y en la tristeza la confianza,
de esperar sin desesperar.Las lágrimas que libres destilan de mis mejillasHazme beber cada día
fecunden por tu gracia y templanza
el herido suelo de mi desesperanza.
de la fuente abundante de tu Sabiduría,
descubrir en este vivir inconstante
la alegría de tu presencia santificante,
valor que da libertad espiritual
para ser en ti donación habitual.
Inspira e infunde en mi alma
la Piedad que me hace falta,
la valentía que necesito
para no vivir con el temor,
del Amor del Señor.
“Y soplando sobre ellos les dijo: reciban al Espíritu Santo”.(Jn 20,22)
“Yo les digo la verdad: les conviene que yo me vaya, porque si no me voy, no vendrá a ustedes el Paráclito; pero si me voy, se los enviaré”(Jn 16,7)
Comienza un día nuevo, igual que siempre, nada diferente, sólo en ti lo que es rutina se vuelve sorprendente, puesto que lo cotidiano se convierte en ocasión de salvación, una oportunidad para hacer crecer en mí tu amor, el que me das incondicionalmente.
Busco en todo momento y desde el mismo despertar, tu presencia; contemplar tu rostro es mi anhelo, pues revelas por él tu divinidad, la que en mí también está, ya que a imagen y semejante tuya vida me diste.
En ti quiero vivir, siempre discernir y decidir lo que haga que Tú estés en mí y yo en Ti: en tu gracia; la misma que me das para que en todo haga la Voluntad del Padre, que es bondad, misericordia y compasión.
Señor Jesús, tu Espíritu dame, que no falten en mí sus dones: Sabiduría y Ciencia, Inteligencia y el don de Consejo; Fortaleza en todo momento; Temor de Dios que mueva mi fe y Piedad que mi rodilla haga doblar y la imagen de tu Divina Majestad en mi resplandezca como luz de nuevo amanecer.
Si el Don de lo Alto late en mi pecho podre en todo momento elegir el camino que al Amor me lleve, viviendo en alegría el Evangelio que pusiste en mis manos y me pediste que anunciara; esta Buena Noticia de Redención, que liberta mi espíritu y hace que todo lo que viva sea para la Gloria de Dios.Amén
“Queridos hermanos, amémonos los unos a los otros, porque el amor viene de Dios, y todo el que ama ha nacido de él y lo conoce. El que no ama no conoce a Dios, porque Dios es amor”. (1 Jn 4,7- 8)
"En esto consiste el amor: no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que él nos amó y envió a su Hijo para que fuera ofrecido como sacrificio por el perdón de nuestros pecados".(1 Jn 4,10)
"¿Cómo sabemos que permanecemos en él, y que él permanece en nosotros? Porque nos ha dado de su Espíritu. Y nosotros hemos llegado a saber y creer que Dios nos ama. Dios es amor. El que permanece en amor, permanece en Dios, y Dios en él".(1 Jn 4, 13.16)
Cuando mi vida por fin termine
no te quiero ausente
estuviste ya en mi caminar vigente,
me alejaste de lo corriente
y a lo imposible me llevaste;
recíbeme, al fin, en esta muerte,
que ahí justo mi vida de nuevo por ti comience.
Cuando por fin mi vida en ti empiece
y de ello me hagas consciente;
cuando se agote lo que vida reste,
te quiero a ti en mi presente.
De este existir no te apartes
ni de mi caminar te alejes:
tú serás la alegría floreciente
de este sentir naciente.
En este vivir peregrino, tu gracia no me desampare
tu bondad lejos de mí no dejes;
buscándote estoy siempre
lejos de mi muchas veces
dentro de ti, en mi algunas veces.
Sal del cielo, búscame,
encuéntrame, en este, de mi perderme;
guíame,
no quiero morir nuevamente
ahora que comienza este vivir perenne;
contigo en mi eternamente
en mi alma, corazón y mente.
Santo Espíritu de Dios inmanente
haz de mi alma trascendente
mi vida en tu amor se incendie
mi corazón en tu candor se renueve
no quiero más muerte
sino la vida que sólo de ti procede
ahora y por siempre
"Para mí, sin embargo, mi propia vida no cuenta, con tal de que yo pueda correr con gozo hasta el fin de la carrera y cumplir el encargo que el Señor Jesús me dio de anunciar la buena noticia del amor de Dios".(Hechos 20,24)
¿Cómo podemos hacer distinción entre este fruto del Espíritu y la alegría, la diversión y los momentos placenteros que se disfrutan en la vida?
“De igual manera, el Espíritu nos ayuda en nuestras debilidades. Es cierto que no sabemos qué debemos pedir, pero el Espíritu ora por nosotros con gemidos tales que no se pueden expresar con palabras". (Romanos 8,26)
Aquí estoy, Santo Espíritu de Dios, esperando la efusión de tu amor en mi corazón
Aquí estoy, Aliento Divino, queriendo insufles cálidamente la gracia que llega contigo de lo alto.Aquí estoy, Bondad que del Padre y del Hijo procedes, aliento de vida que todo lo renueva, apura tu venida, mi alma está de ti necesitada.Aquí estoy, Brisa Celestial, llegas y te quedas, pero no te dientes, todo lo mueves; mueve todo de mi interior, no dejes nada sin estremecer, hombre nuevo de ti quiero renacer.Aquí estoy, Llama de Ternura, ardes constante y no incineras, al alma purificas de sus penas, devuelve por el crisol de tu flama la pureza a mi alma y la inocencia a mi mente.Aquí estoy, Sabiduría Suprema, pudiera no estar, pero me quiero quedar, y de ti recibir lo que el mundo no espera, la paz que perdura, la Verdad que devela el misterio de tu Amor persistente a nosotros dado.Aquí estoy, Consuelo de Dios, te pido enjugues la lágrimas de mi dolor y mi pena, abrásame en el fuego de tu Amor, no me sueltes hasta que el pecado en tu ardor se haya del todo consumido.Aquí estoy, Espíritu Santo sutil y silente, siempre operante, actuando apaciblemente en mi alma que hoy te aguarda, y te hace presente.Aquí estoy, Heraldo Divino, no calles, háblame al oído suavemente, dime; déjame saber los secretos de tu corazón y vida infundirás a mí existencia.Aquí estoy, Amor de Dios, en tu amor mi amor quiere perderse para así encontrarse en libertad, la que surque los cielos de la eternidad.
“La persona que expresa benignidad tiene cualidades positivas como simpatía, ternura, comprensión, buena voluntad, compasión, paciencia y amor con las personas de su entorno. Es considerado una buena persona, de buen corazón y que actúa en relación a buenas intenciones, siendo sincera, comprensiva y tolerante”.
Espíritu Divino
Don de lo alto
Santo del cielo
mi alma es tu templo
mi corazón tabernáculo
es de tu amor.
Fuego Divino venido del cielo,
arde con la flama imperecedera
de tu gracia
que no se apague en mi ser tu llama,
ni en mi no existir tu candor se extinga.
De tu presencia llénalo todo,
resplandor del día que ya no tiene ocaso,
no dejes al miedo espacio
que enlute el regalo de tu amor.
Brisa de temprana primavera
suave y ligera en días de fuego,
acrisola mi alma con tu sutil encanto
libra mis pensamientos de sus desaciertos
y a mi corazón de sus áridos desiertos.
Manantial inagotable
déjame posar mis labios
en las aguas de tu entendimiento
y saciar mi sed de Dios, su conocimiento.
Soy de ti,
Santo de Dios su Amor.
Se de mí,
Vida en mi espíritu encarnado;
llámame,
búscame en el tiempo
y así te encontraré en la eternidad.
Que tu moción en mi sea persistente
en tu gracia hallarme insistente
este es mi anhelo
Espíritu Divino,
ser contigo, en el Hijo, por el Padre
todo, en todos,
con todo y por siempre.
"Por eso mismo, pongan todo su empeño en unir a su fe una vida honrada; a la vida honrada, el conocimiento; al conocimiento, el dominio de sí mismo; al dominio de sí mismo, la paciencia; a la paciencia, la religiosidad sincera; a la religiosidad sincera, el aprecio fraterno; y al aprecio fraterno, el amor. Pues si poseen todas estas cosas, no quedarán inactivos ni estériles en orden al conocimiento de nuestro Señor Jesucristo".
(2 Pedro 1, 5-7)
Del latín temperantia, la templanza está relacionada con la sobriedad o moderación de carácter.
Del griego engkateía que significa: control sobre si mismo; conocido también como dominio propio.
Ven, Creador, Espíritu amoroso,
ven y visita el alma que a ti clama
y con tu soberana gracia inflama
los pechos que criaste poderoso.
Tú, que abogado fiel eres llamado,
del Altísimo don, perenne fuente,
de vida eterna, caridad ferviente,
espiritual unción, fuego sagrado.
Tú te infundes al alma en siete dones,
fiel promesa del Padre soberano;
tú eres el dedo de su diestra mano;
tú nos dictas palabras y razones.
Ilustra con tu luz nuestros sentidos,
del corazón ahuyenta la tibieza,
haznos vencer la corporal flaqueza
con tu eterna virtud fortalecidos.
Por ti nuestro enemigo desterrado,
gocemos de paz santa duradera,
y siendo nuestro guía en la carrera,
todo daño evitemos y pecado.
Por ti al eterno Padre conozcamos,
y al Hijo, soberano omnipotente,
y a ti, Espíritu, de ambos procedente
con viva fe y amor siempre creamos.
¿Quién puede ser fiel?
Ven Espíritu Santo,
cúbreme con tu bondad,
que se aleje de mi vivir toda maldad.
Ven Espíritu Santo,
toma posesión de mi corazón,
infunde en él toda tu consolación.
Ven Espíritu Santo
llena mi alma de tu presencia,
que mi alegría sea tu verdad y tu gracia.
Ven Espíritu Santo
toma control de mis pensamientos,
sean siempre nobles, veraces, creativos y buenos.
Ven Espíritu Santo
renueva en el crisol del fuego de tu divinidad mis sentimientos,
que de tu ternura este siempre llenos
y sean de tu amor su más fiel expresión.
Ven Espíritu Santo
te estoy esperando,
el candor de tu presencia
mi alma está aguardando;
para con tu existencia en la mía
vida concebir en abundancia.
“Dichosos los manso de corazón porque heredarán la tierra prometida. Dichosos los que trabajan por la paz, porque Dios los llamará hijos suyos” (Mt 5,5.9)
Ser manso no es ser tonto o débil, sino libre.
Luz de Dios,
disipa la tiniebla de mis dudas
y guíame.
Fuego de Dios,
derrite el hielo de mi indiferencia
y abrásame.
Torrente de Dios,
fecunda los desiertos de mi vida
y renuévame.
Fuerza de Dios,
rompe las cadenas de mis esclavitudes
y libérame.
Alegría de Dios,
aleja los fantasmas de mis miedos
y confórtame.
Aliento de Dios,
despliega las alas de mi espíritu
y lánzame.
Vida de Dios,
destruye las sombras de mi muerte
y resucítame.
Ven, Espíritu Paráclito,
Espíritu creador y santificador,
Espíritu renovador y consolador,
Espíritu sanador y pacificador.
Ven y concede hoy a tu Iglesia,
reunida en el Cenáculo
con María,
la experiencia de Pentecostés.
"Pues bien sé yo que nada bueno habita en mí, es decir, en mi carne; en efecto, querer el bien lo tengo a mi alcance, mas no el realizarlo, puesto que no hago el bien que quiero, sino que obro el mal que no quiero. 20.Y, si hago lo que no quiero, no soy yo quien lo obra, sino el pecado que habita en mí." (Rom 7,18-20)
¡Consuelen!
¡Consuelen! Es la voz que resuena en lo más alto del cielo.
¡Consuelen! repiten a una, con Dios, el coro de los ángeles.
¡Consuelen! dices Padre, con tu corazón herido de las penas y tristezas que hasta ti suben de todos los que claman con dolor tu santo Nombre.
¡Consuelen!
Y el Consuelo bajó de lo alto cual rocío de hora temprana, que todo lo cubre en un abrazo de compasión y ternura.
El Consuelo viene de ti Señor, que eres Padre amoroso; en tu compasión lo infundes y haces que tu Amor sea en Él para hacer nuevas todas las cosas y así, en ti por Él, tengan un nuevo existir, más sensible y armonioso, más noble y verdadero, más justo y bondadoso.
Que tu Consuelo llegue hasta nosotros, Padre de gracia; derrámalo sin recato y con el celestial encanto que de ti procede. Haz que todo lo llene de tu divina presencia y así desaparezca del alma y del corazón toda pena, dolor y tristeza.
Ven Espíritu, Consuelo del Padre que en el Hijo eres dado; promesa de Amor divino, realización de vida para el ser humano. Sólo en ti se alcanza la plenitud, que tu gracia procura en el alma y la aviva a ir siempre más allá de lo creado.
Ven Consuelo del alma, que no son las penas las únicas que agobian al corazón, tu acción es necesaria para vivir el gozo del Señor. Eres la alegría que el miedo no roba, la razón para seguir confiando y el motivo para seguir esperando.
Ven Espíritu Santo, Consuelo de alto; ven para no marcharte y quedarte. Permanece oculto en este corazón que busca amar sin condición, sin argumentos y sin razón, pues tú eres su inspiración, el motivo de darse sin restricción y ser de Dios también consuelo.
Ven Espíritu Santo, eres el Consuelo que el hombre clama, el Padre proclama y el Hijo derrama.