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miércoles, 3 de julio de 2024

Madre del Monte Carmelo - Itinerario Espiritual

Amados amigos, hago la presentación formal de nuestro Itinerario Espiritual en el que tomando la mano de nuestra Madre del Cielo, la Santísima Virgen María en su advocación de Nuestra Señora del Carmen, insistiremos en la Contemplación, en la escucha de la Palabra de Dios y en la Oración.


Necesario es en este peregrinar de fe, el Amor maternal de la Madre de Dios que, anime nuestra entrega, sostenga nuestro servicio y acreciente nuestro amor para Amar a Dios y al prójimo y avive la confianza de esperar todo en Dios.



Madre Nuestra, haz que, a través de la experiencia espiritual de este caminar devoto, te contemplemos como Virgen orante que nos enseña a acoger, meditar, vivir y proclamar la Palabra de Dios y como Madre espiritual que acompaña nuestra existencia hasta la plenitud en Cristo.

Virgen del Carmen dispuestos estamos, caminamos en pos de ti, guíanos y acompáñanos hasta llegar por ti a los brazos de tu Hijo Jesús.

Yerko Reyes Benavides

miércoles, 29 de noviembre de 2023

Itinerario Espiritual para Adviento y Navidad

Pan de Vida
2da Edición – Ciclo B

Por delante tenemos cuatro semanas que se van a debatir entre el exceso con el que el mundo reclama este tiempo como propio y la austeridad de quienes reclamamos este tiempo para un encuentro más íntimo con Jesús Encarnado y hecho Hombre nacido entre los hombres.

Ardua es la tarea espiritual que nos depara este caminar tan lleno de distractores y distracciones; habrá que estar muy atento para poder distinguir lo que en verdad nos llevará al portal de Belén.


Adviento es un tiempo precioso; una invitación al silencio, al recogimiento, a la sobriedad y a la escucha atenta. Un tiempo que está marcado por un pasar, para que pase el Señor por nosotros y en nosotros se quede, y así seguir habitando entre nosotros.

Con la intención de animar este caminar en fe y amor, hemos preparado la 2da Edición de este material que se presenta como un Itinerario Espiritual para Adviento y Navidad.

Dejo en sus manos este Libro y confío sea un buen acompañante que propicie en sus corazones una vivencia realmente espiritual, enriquecedora y renovadora de este tiempo de espera y esperanza.


Haz Click Aquí para Descargar el Libro

Yerko Reyes Benavides

sábado, 22 de octubre de 2022

Una Oración del Corazón: Novenario de Oración por los Difuntos

Presentación del Itinerario

Una de las experiencias más significativas e importantes en la dinámica de la vida, para la sociedad, la familia y la persona, es el duelo.
“… y aunque morir nos entristece, nos consuela la esperanza de la vida futura”
Reza uno de los prefacios de la misa de Exequias y resume muy bien la tensión que suscita en el interior el hecho de la muerte.

Todos, sin excepción hemos experimentado el dolor de haber perdido a un ser querido, a un amigo, un vecino o alguien conocido, y sabemos lo difíciles que son esos momentos. Las palabras, las condolencias, los gestos de solidaridad y compañía, ayudan en el proceso de dolor y en el duelo.

Todas las culturas sin excepción y en todas las sociedades hay expresiones propias que acompañan la experiencia de la muerte. Ofrecen sus rituales y ritos; muchos de ellos sustentados en el pensamiento mítico y la herencia religiosa.

Sin embargo, no hay mayor alivio para un alma adolorida por la pérdida y la pena que la que proporciona la oración.

Esta es la intención de este Libro que ahora presentamos y ponemos a tu disposición. Una Oración del Corazón para los difuntos, y un alivio espiritual para quien los añora y mantiene vivo en él la memoria de sus vidas.

La oración, dice San Agustín: “Es el encuentro de la sed de Dios y la sed del hombre”. Y toda ocasión es propicia para beber del manantial inagotable de su amor, sobre todo en momentos de mayor dolor o tribulación.

Esta oración se presenta en forma de Novenario de Oración por los Difuntos. Propicio se hace este Itinerario de Oración para los posteriores nueve días luego del fallecimiento de un ser querido. Sin embargo, no queda reducido a ellos, es una oración que puede hacerse, para acompañar a todos los que viven el proceso de duelo y animarles en su tristeza con la experiencia de la fe que fortalece la esperanza en la Misericordia de Dios.


Otra ocasión propicia para realizar este caminar en la oración es la demarca el Calendario Litúrgico de la Iglesia: la Conmemoración de los Fieles Difuntos del 2 de Noviembre.

Nuestros seres queridos, a quienes hemos despedido de este mundo, no se han ido, su recuerdo está presente en nosotros; su memoria viven en la nuestra y en la esperanza que un día nos encontraremos en la plenitud de la Vida en el Reino de Dios. Por eso oramos, por eso pedimos, por eso hacemos del duelo una experiencia de esperanza que nos acerca al amor de Dios.



Para pedidos del Libro, hacerlo a través de la siguiente dirección de correo:

lazosdefe@gmail.com


Yerko Reyes Benavides

miércoles, 8 de julio de 2020

Bienaventurado serás...

Bienaventurado serás si te agachas para entrar en la cueva de Belén y así ver a Jesús, hijo de Dios, en un pesebre, envuelto en pañales (Lucas 2, 1-20). 
Ternura de Dios, hecha carne de mi carne, acaricia mi corazón.
Bienaventurado serás si dejas que te cargue Jesús sobre sus hombros, te rescate de las tinieblas del pecado y te lleve a su rebaño. Él conoce sus ovejas y las suyas lo conocen. (Lc 15,4-6). 
Ternura de Dios, hecho Buen Pastor, carga mi corazón.
Bienaventurado será si te dejas perdonar por Jesús, quien nunca te condena. Su mano toma la tuya y te levanta para invitarte a no pecar más y seguirlo de cerca (Jn 8). 
Ternura de Dios, hecha perdón y misericordia, acaricia mi corazón.
Bienaventurado serás si te alimentas del pan y vino hechos carne y sangre de Jesús para la vida del mundo (Jn 6). 
Ternura de Dios, hecha alimento de vida eterna, nutre mi corazón.
Bienaventurado serás si dejas que Jesús fije su mirada en tus ojos y así sentir el amor tan grande que tiene (Mc 10, 17-20). Su mirada de cielo te recordará tu vocación, tu tierra y tu destino. 
Ternura de Dios, hecha mirada amorosa de Jesús, fija tus ojos en mi corazón.
Bienaventurado serás si sacias tu sed de la única agua que puede dar la vida eterna. No volverás a tener sed y de tu corazón saldrán ríos de agua viva (Jn 4, 10-15)


Bienaventurado serás si regresas a la casa del Padre y experimentas el abrazo de amoroso de quien te siempre te espera incondicionalmente (Lc 15, 20). 
Ternura de Dios, hecha acogida, abrazos y besos por el hijo perdido y encontrado, sana mi corazón.
Bienaventurado serás si escuchas y contemplas las lágrimas de Jesús por ti, porque no vives cómo Él quiere, porque "estás muerto". Él te quiere resucitar como a su amigo Lázaro (Jn 11,35). 
Ternura de Dios, hecha lágrimas de amor profundo y sincero, riega con tu amor mi corazón.
Bienaventurado serás si con humildad dejas que Jesús te lave los pies, te quite el polvo del camino y te enseñe la lección del servicio (Jn 13, 4-10). 
Ternura de Dios, hecha esclavo por amor a los hombres, haz mi corazón humilde como el tuyo.
Bienaventurado serás si avanzas hasta la cruz para contemplar a un Dios humillado, fijado en una cruz, cargando con los pecados del mundo (Jn 19). 
Ternura de Dios, hecha pecado por amor y salvación mía y la de todos los hombres, salva mi corazón.
Bienaventurado serás si permaneces bajo la cruz para recibir de Jesús el regalo más hermoso de un hijo: "He ahí a tu Madre"(Jn 19, 26). Sí, bienaventurado serás por siempre porque quien acoge a la Madre en su casa y en su corazón tiene asegurado el cielo. 
Ternura de Dios, hecho don precioso de la Madre, lleva mi corazón siempre a María y por ella a Jesús.
Por: P. Guillermo Serra, LC 
Fuente: la-oracion.com

martes, 21 de abril de 2020

Meditación Fugaz: Tiempo Nuevo

De cómo interpretar los acontecimientos en curso. 

Un día cansado de la rutina, de hacer una y otra vez siempre lo mismo; de repetir como si fuera un calco un día con el otro; fatigado de ver cómo los días se consumían en un quehacer sin sazón y en una labor sin emoción, sintiéndome cada vez más un autómata de una destreza adquirida que hacía tiempo dejo de ser novedad, elevé mis ojos a lo alto, como el que busca a encontrar a Dios entremedio de las nubes, y pedí al Omnipotente, aun sin haberlo visto, lo que quizá muchos han pedido: una intervención extraordinaria de su parte que hiciera cambiar el curso de las cosas tal como se estaban dando. 

No creo ser el primero, ni único, ni último en pedirle a Dios algo semejante. La motivación varía entre unos y otros. Las razones cambian, pero en el fondo, todas implican lo mismo: el deseo de vivir un tiempo nuevo. 

Ahora que lo pienso, me hubiera gustado que mi motivo fuera un tanto más altruista, más movido por la justicia social, o como un gesto de solidaridad universal; pero las cosas son lo que son, y la oración que es auténtica, aborda la problemática interior de la persona que la presenta. 

No supe lo que en aquel momento estaba haciendo, ni si quiera me interesó esperar una respuesta; aquello aunque era importante no tenía los rasgos de algo vital, más bien fue el resultado de una rabieta de ocasión; por tanto seguí sumergido en vivir cada día, rasguñando en cada esquina un pretexto para seguir haciendo lo que me correspondía, pues, me movía más el sentido del deber que el gusto por la forma de vida que estaba teniendo. 

De vez en cuando una escapada, hacia el lugar de los placeres, nada extravagante ni si quiera desafiante del orden y la moral, sólo un rato de distracción para unos pensamientos compulsivos que sin poder acallarlos estaban ahí para recordarme constantemente que mis días seguían siendo iguales. 

Hoy, haciendo memoria, no recuerdo cuándo fue que lo pedí, no creo haya sido una súplica sostenida en el tiempo, pues fue hace tanto como para no recordar el día y la hora, sólo que un día fue hecha esta oración como otras muchas que se desbocan cuando al corazón lo agobia alguna pena o desazón. 

Vuelvo atrás, como el que hace un repaso de las hojas de un libro leído buscando aquella expresión que, al momento de ser leída, detuvo el aliento y liberó un suspiro retenido. En ese repaso, recuerdo lo airado que estaba, y la duda me invade: ¿Qué fue lo que pedí? Sé que levante mi puño al cielo, incluso se que desafié su poder y autoridad exigiendo una demostración: “Señor detén el tiempo, haz que todo cambie, que las cosas sean diferentes…” Incluso intente sobornarlo, y caía en la zalamería de incluir en la oración aquello imagino le agrada que sea tenido en cuenta, ayudar al necesitado… todo con la intención de ser complacido. 

Un pensamiento martilla mi mente, una duda asalta mi corazón, una inquietud me invade: ¿seré responsable de lo que está pasando? 

No, no soy tan influyente ni la tierra ni en el cielo, como para de esta manera ser complacido; ni Dios tan incongruente como para de buenas a primeras hacerme caso. Razón tiene el Apóstol Santiago al hacernos ver que nuestra manera de pedir es insostenible (Cf St 4,3-17). 

Al contrario, soy como tantos que se cansan de ver que la vida se va y no pasa nada más allá de la responsabilidad y del deber; que responden a los compromisos adquiridos y esperan al descanso de los domingos para olvidar el resto de los días de la semana y sus afanes. 

Ni en mis sueños más extravagantes, que lo confieso los he tenido, me hubiese podido idear una situación tan improbable como está. Es que lo pienso, al hacer memoria y no doy crédito. Y cierro los ojos, suspiro, y doy gracias porque estoy en condición de pensar aun en medio de esta circunstancia que a mi no ha llegado de forma trágica. 

Quería que las cosas cambiaran, creo que ese sentir lo comparto con muchos, pero no pedí que fuera esto lo que nos pasara para que cambiaran algunas cosas; pero está pasando, y estoy completamente convencido que no es una fuerza sobrenatural lo que está moviendo el suceder de estas cosas. 

No, en esto que nos está pasando no tienen sus manos metidas ni Dios ni el diablo, pero ambos andan muy azorados en estos días, pues el desazón, el desconsuelo y la desesperanza rondan al asecho del incauto, del desinformado, del que ha visto de frente el rostro a la pérdida y del aprovechador de ocasión que hace de esto un negocio (igual da si es en nombre de la fe o del bolsillo). 

Me detengo y pienso, ahora tengo tiempo de más para hacerlo, evalúo y valoro todo y me digo: ¿Puedo quejarme? No, no puedo ser tan incoherente. Quería un contexto que procurarse cambios contundentes y eso es justo lo que está aconteciendo. ¿Acaso puedo mirar al cielo y seguir exigiendo que los días sean diferentes? No, no puedo ser tan infantil para seguir haciendo rabietas, o mantenerme en la queja porque los acontecimientos no se están dando según mi gusto y mi antojo. 

Yo no pedí esto, y estoy seguro que Dios no es el causante de lo que nos aqueja, pero si de algo estoy seguro es que hay cosas que han dado un vuelco vertiginoso (para muchos muy doloroso, no lo niego) que este tiempo nos está trayendo un cambio y nos están también haciendo cambiar; no logro acertar a pensar si será permanente o solamente hasta donde la memoria nos alcance. La mente esconde rápido los recuerdos ingratos y puestos debajo del tapete de la inconsciencia, volvemos a la vida que llevémonos como si nada nos hubiese pasado.


Ahora pienso en lo vivido en estos días, y aunque me han sumergido en un resguardo no deseado, pienso en las veces que soñé una Cuaresma de verdadera conversión, donde el sacrificio ofrecido fuera más que el propósito de dejar algún vicio o contenerse de comer algún dulce. El sacrificio ha sido real aunque no sea del todo consciente de ello, pero al hacerlo presente me ofrece una oportunidad que he de evaluar y valorar si en mí, ha dejado la huella de su paso. 

En algún momento deseé una Semana Santa diferente, y llegué a pensar en lo descabellado, cómo serían estos días si no fuera creyente; sin embargo, rápido fue desechado ese pensamiento, pues está en mi corazón escrito el símbolo de la fe. Y ahora puedo decir como Simeón, pues ha sucedido lo impensable y lo he visto, una Semana Santa que no volverá a repetirse, un hito en la historia de la cristiandad, no sé si estos días fueron menos santos que los años anteriores por estar cerradas las iglesias y guardados los santos, pero sí puedo decir que fueron los días en los que hice de mi casa un templo, que espero no destruir. 

Ahora, cuando escribo estas líneas, siento la Pascua fluir en mi espíritu, con la fuerza que me da el resucitado, porque lo que en él contemplo, lo veo en mi realizado. 

Cuántas fueron las veces que escuché aquello del “gozo de la Pascua”, más veía como todo en mí seguía su curso, ni menos triste, ni más feliz, sino igual, ningún cambio aportaba la pascua al devenir de mi existir, solo el hecho de sumarse a las ya antes pasadas. 

Mas esta Pascua ha llegado como un gran desafío, y no como un regalo; dentro de este contexto y bajo esta situación está siendo un llamado de lo alto, a vivir en alegría y desde la alegría del resucitado que infunde vida en abundancia, más allá de la adversidad y la dificultad. Una ocasión en plena zona de fuego a probar la fortaleza espiritual que han dejado tantas pascuas ya vividas a la que se suma esta de forma muy especial. 

No vale excusa alguna, hay que dejar caer la corona de espina y dejara a un lado la cruz y sumergirse de lleno en la Pascua del Señor. Es ahora, donde más se necesita que los cristianos nos hagamos presentes infundiendo este sentir pascual del corazón. 

Parafraseando al Apóstol Pablo: donde abunda la pena, el desconsuelo y la desesperanza, sobreabunda la gracia, del Señor (Cf. Rm 5,20). Ahora es cuando, en donde tantos están vapuleados por las dudas y el temor, urge llevar la paz del Señor; en donde no son pocos los que ven un porvenir sin ilusión, desesperanzados y sin dirección, ser luz y esperanza y; más que nunca es el tiempo en el que la solidaridad, la caridad y el amor han de resplandecer en el horizonte en el que fijan sus ojos tantos en medio de su necesidad buscando alimento, vestido, medicinas y sustento. 

Perdón debo pedir, no por haber pedido que todo fuera distinto, sino por no ver en lo que pasa ahora un castigo divino (que tantos deseas para darle aprobación a sus pretensiones por más justificadas que estén), o no dar crédito a la no menos elegante idea del poder desatado de un diablo que juega a su antojo con nosotros; ni si quiera ver en estos sucesos las señales del final de los tiempos anunciado: perdónenme, no lo veo así. 

Al punto que llego después de que mis pensamientos han divagado cual gaviotas errantes es a comprender que en mi descontento, de un día cualquiera pedí algo que no esperé se diera pero que hoy está pasando, y lo estoy viviendo, voy siendo protagonista y está dejando importantes cambios en todas partes, pero la más importante transformación sigue aguardando dentro de mí, en donde he de enfocarme.

Lo que veo y en grande, es la gran oportunidad de dar el salto definitivo, antes de ser llamado, a vivir ahora la Vida Plena que Dios dispuso para mí; esa que se vive en alegría viva y que su presencia no depende de ninguna circunstancia ajena o foránea para existir y que sobrevive a los tiempos de adversidad, desgracia, tragedia e incluso desolación y pena.

Yerko Reyes Benavides

martes, 14 de abril de 2020

Meditación Fugaz: De cómo sentirnos en Pascua estando en cuarentena.

Que Cristo resucitó, resucitó. ¿Cómo lo hizo? Eso no lo sé. De eso se trata la fe. 
“Es, pues la Fe la certeza de lo que se espera, la convicción de lo que no se ve”.  (Hbr 11,1)
Entendamos de entrada, sentemos el precedente, la Resurrección de Cristo es la razón por la cual nuestra fe y todo lo que hacemos en su nombre, tiene propósito y también sentido. 
”Si Cristo no ha resucitado, nuestra predicación no sirve para nada, como tampoco la fe de ustedes”. (1Cor 15,14)
Estremecedora es la entrega de Jesús en la Cruz. Mueve y conmueve hasta la fibra menos sensible de nuestro cuerpo. 

El acontecimiento de la cruz nos deja perplejos, y por muchos motivos. Sin embargo, y la forma más sencilla de decir esto, es simplemente diciéndolo: Jesús no fue el primero, ni el único, ni último en morir en una cruz, dándole a la entrega y su muerte un carácter oblativo.

¿Por qué no recordamos a ninguno más que haya muerto en la cruz, aparte de Jesús y los dos ladrones con él crucificados? 

La respuesta es simple y seguramente ya la dedujiste, sin embargo, consideremos lo siguiente antes de darla.

La cruz, como castigo era una práctica común entre los romanos. Un escarmiento visual terrorífico para que ninguno se animara a sublevarse contra la autoridad del imperio, razón por la cual se dictaba tan temida sentencia. 

Con todo y el sentido cruentamente ejemplarizante, muchos judíos y no judíos fueron condenados a la muerte en cruz. 

¿Qué hace diferente, entonces, a la muerte de Jesús en la cruz? 

Nada y mucho. Aunque parezca contradictoria esta manera de responder, si te detienes a considerarlo, verás la razón. 

Todo lo que Jesús enseño de palabra, lo confirmó desde de la cruz. La cruz no es locura, no es necedad (Cf 1 Cor 1,23), la cruz es coherencia. 

La cruz, por la muerte de Jesús en ella, se convierte en lugar de reconciliación y en altar de perdón. Expresión sublime de amor: 
“Nadie tiene amor más grande que aquel que da la vida por sus amigos”. (Jn 15,13).
Sin embargo, todo esto se hubiera quedado en poco o nada si Cristo no hubiese Resucitado.


Fue un error de estrategia  haber conectado la cuarentena con la cuaresma. No faltaron quienes vieron la oportunidad de hacer que la cuarentena tuviera un carácter penitencial. Ninguno imagino que esto duraría tanto. ¿Y, ahora que estamos en Pascua, qué? 

El sentido espiritual de la cuaresma es una intervención interna con consecuencias externas. La cuarentena por el contrario es una intervención externa, con consecuencias externas y que, no debería traer repercusiones internas. 

Esta intervención interna, con sus prácticas propias, nos coloca a los pies de la Cruz del Señor, ahí termina (la cuaresma). En la cruz del Señor, ha de morir todo aquello que limita, dificulta o impide (el pecado) la Vida en plenitud concedida por Cristo. Es la Vida en Dios que no está sujeta a los vaivenes ni del tiempo ni de las circunstancias. 

La cuarentena que continua, y no sabemos con certeza cuánto tiempo más durará, demás está decir, no tuvo, no tiene, ni tendrá un carácter penitencial, purgativo extendido hacia la Pascua. Pero lo que si puede tener, y eso depende por entero de nosotros, un propósito reflexivo, es decir, hacernos pensar, meditar y discernir y, no  bajo la lupa de la expiación (pues no es un castigo) sino bajo lo que es: un vaivén de este mundo y sus circunstancias. 

La Pascua no se espera, como se espera a la Navidad. Vivimos inmersos e insertos en la Pascua del Señor, pues la alegría del Resucitado está ya signada en nuestro corazón, y su trazo fue hecho en en él con la forma de una cruz y resplandece en nuestra alma, como el amanecer sin ocaso, de ese día glorioso. 

La consecuencia de esto: una alegría que nada, ni nadie podrá arrebatarnos jamás y, la promesa de que esta alegría, que proclama nuestra fe y sostiene nuestra esperanza, llegará a la plenitud. 

Entonces puedo estar sumergido en la dificultad, en medio de la tempestad, atravesando por el duelo y no perder la alegría, el gozo espiritual. Esto es Pascua, este es el efecto espiritual que tiene la Pascua del Señor en la vida del creyente. 

Antes de la cuarentena, muchos ya vivían en ella, encerrados en sus miedos, orgullo, soberbia o vanidad. Haciendo cálculos constantes para sacarle provecho a los placeres de esta vida, comprando ropajes de felicidades efímeras para tapar el frío de sus vacíos. 

Otros tantos, no terminan nunca de cerrar el ciclo de la cuaresma, y hacen de ella una práctica constante que los mantiene en eterna penitencia y duelo. 

La Pascua es un estado vida, que da vida, que engendra vida, y comunica la alegría de la presencia viva del Señor que se emplazó definitivamente en el corazón de quien en Pascua busca siempre estar. 

La cuarentena es una circunstancia externa y pasajera. La Pascua es una condición interior, en la que la alegría espiritual es la primera de sus características y la segunda, te la digo también acá, es la supresión del miedo. 

No me tomes por ingenuo, imagino lo que puedes estar pensando: “se escribe rápido y se dice fácil, pero…”. Te doy la razón, nadie dijo que pasar de la cuaresma a la Pascua sea fácil, no te olvides,  yo no lo he pasado por alto, ahí en el medio está la cruz. Incluso a los discípulos les costó y necesitaron, no sólo de las muchas pruebas de Resurrección que les dio el Señor, sino además, del Don de lo alto: el Espíritu Santo. 

Ánimo, que todavía nos falta un trayecto más que recorrer. La calle nos espera, pero a ella no podemos volver como si nada hubiese pasado; pues algo está pasándonos, y no, no es la cuarentena, sino la Pascua. 

La Pascua es lo que nos está pasando. 

Yerko Reyes Benavides

domingo, 12 de enero de 2020

El Amor de Dios

"Amados, amémonos unos a otros, 
porque el amor es de Dios, 
y todo el que ama es nacido de Dios 
y conoce a Dios. 
El que no ama no conoce a Dios, 
porque Dios es amor. 
En esto se manifestó el amor de Dios en nosotros: 
en que Dios ha enviado a su Hijo unigénito al mundo 
para que vivamos por medio de El" 
(1Jn 4,7-9)

¿Cómo es el Amor de Dios, si Dios es todo Amor?

Preguntarnos sobre el amor de Dios es indagar en la esencia misma de su divinidad: imposible para el intelecto vislumbrar aquello que está más allá de su capacidad y competencia. 

Sin embargo, y es el ejercicio que muchos han hecho: se puede atribuir cualidades que aun siendo propiamente humanas, por su nobleza, y el bien y la belleza superior que en ellas se contiene y manifiesta, vemos la huella de Dios y, sin lugar a dudas decimos, esto nos habla de Dios por quien fuimos hechos a su “imagen y semejanza”. 

Estas líneas no pretenden ser una especulación ni teológica, ni tampoco filosófica, más bien busca ser un recuento de aquello que deja un gusto a Dios en el alma y en el corazón y, también, por qué no, una insinuación muy sugerente, a que nuestro amor (posible) sea más como el Dios -imposible-, pero por su gracia y oblación, factible. 

Dicho sea de paso, en nuestra esencia humana está la perfectibilidad como condición; rasgo fundamental e identificativo de nuestra naturaleza (aunque muchos renuncien a ella y se vayan tras la utopía de la felicidad como razón de su existencia).

Todo en nosotros es perfectible y el amor, no escapa de ello, y por ende, no debería ser dejado al margen de esta cualidad y dinámica de nuestra interioridad, esencial a nuestra naturaleza. 


Volvamos a la pregunta con la que comenzamos estos trazos: ¿Cómo es el Amor de Dios?: 
El amor de Dios es atento, generoso y servicial; siempre dispuesto, en constante acción, no se guarda ni tampoco se resguarda, se oculta o es vencido por el miedo a darse (aunque termine crucificado por lo que ama por quien ama).  
El amor de Dios nunca es pasivo, siempre está en camino, en búsqueda del que está perdido; sale al encuentro de todos, acoge siempre al que lo necesita, toca la puerta de aquel que incluso no lo requiere.  
El amor de Dios es paciente, aunque no espera; es suave como la brisa y tan intenso que quema y en su candor todo se purifica.  
El amor de Dios se da sin condición, no tiene restricción, no exige nada a cambio, ni si quiera ser correspondido.  
El amor de Dios es libertad, y se da a quien menos lo espera. 
El amor de Dios no está sujeto a convencionalismo, ni tampoco se encasilla en prejuicios y cuadriculadas moralidades. 
El amor de Dios no es deber, ni un deber, tampoco impone obligación, ni obliga a nadie.  
El amor de Dios no somete a pruebas, ni busca crear culpas; tampoco se complace en las penitencias, se escapa de los insanos escrúpulos y huye de la manipulación y los fanatismos.  
Dios ama al que quiere, y a Dios lo ama el que quiere. Y aunque en el corazón de Dios todos son acogidos, su amor a los pobres, a los sufridos, marginados, desterrados, perseguidos por la justicia, a los calumniados, a los olvidados del mundo, a los humillados, es de predilección; esa es la prerrogativa de su corazón.  
El amor de Dios es amplio, inconmensurable, universal y eterno. 
El amor de Dio es noble, limpio y puro. 
Transparente y de una sola cara es el amor de Dios; en él no hay segundas intenciones, y aunque busca la transformación del que lo recibe, no es ésta su condición para darse y ser ofrecido.  
El amor de Dios es una fuerza incontenible que le desborda a él mismo y a todos cubre y  a todo baña en sus aguas.
El amor de Dios es indetenible; por eso su amor no conoce límites, no sabe de fronteras,  ni tampoco se restringe, se agota o se consume.  
El amor de Dios es constante, nunca es menos, siempre es más y en todo, lo mejor de su divinidad.  
El amor de Dios es humilde pero exalta, levanta, eleva y engrandece.  
El amor de Dios no toma posesión, no se apropia ni se adueña. El amor de Dios se da a puerta abierta.  
El amor de Dios es único, verdadero, real, nunca fugaz, ni mucho menos pasajero. Dios no ama más, sino mejor y, a cada uno en su condición.  
El amor de dios no pasa, ni pasará, no se agota, ni se extingue, no se consume ni conoce termino; no tiene principio, no sabe de final, no se engríe ni se ufana, ni tampoco se envilece. 
"Así es tu amor; 
así es como amas. 

Amas sin más, 
y así es tu amor por mí. 

Que lejos estoy de amarte, 
distante del amor con el que tú me amas. 

Persiste, Señor, en tu amor por mí; 
sólo en tu amor, 
amaré como tú amas". 

Yerko Reyes Benavides

jueves, 29 de noviembre de 2018

Etty Hillesum o el Camino Interior


Los que estamos en contacto con jóvenes a menudo nos rompemos la cabeza para encontrar la manera de ofrecerles algo que les “llegue” dentro, el modo de suscitar experiencias de fe y de compromiso cristiano entre los jóvenes de hoy. Existe sin duda esa dificultad en nuestra cultura, pero aun así pienso que nunca ha sido fácil. Porque una experiencia profunda de “vida en el Espíritu” no surge así como así. Ni antes ni ahora.

Con el tiempo me he ido dando cuenta de que una de esas posibles “ofertas” es el “camino de la interioridad”, como una vía por la que se puede acercar a los jóvenes a la fe, al Evangelio y al Reino. Ciertamente ha sido un camino espiritual a lo largo de los siglos —basta citar a Agustín, Teresa de Jesús o Juan de la Cruz, entre muchos otros— pero creo que hoy puede tener más “tirón” y más posibilidades de “calar dentro” que las grandes causas y las grandes utopías, que quizá motivaron a muchos jóvenes de hace varias décadas. Para ilustrarlo, me gustaría proponer un ejemplo concreto y bastante más cercano que los citados santos: Etty Hillesum.

La descubrí hace dos veranos y puedo decir que es una figura que me apasionó, me encandiló. Ha sido objeto de mi lectura y reflexión desde entonces. Para los que no la conozcan, se trata de una joven holandesa de origen judío que vivió en sus carnes el holocausto nazi, y murió ejecutada en Auschwitz un 30 de noviembre de 1943, cuando tan sólo tenía 29 años

Fue una entre los varios millones de judíos exterminados. Pero sobresale de modo extraordinario por la profunda vivencia interior que dejó por escrito en sus diarios y cartas. Una experiencia que podemos definir como “mística”, universal (no adscrita a ninguna religión), vivida en muy poco tiempo (apenas dos años), marcada por una asombrosa transparencia y honestidad consigo misma


Una historia narrada en primera persona, en un lenguaje sencillo y muy humano, con una sinceridad que a veces asusta, y sin duda “tocada” por el Espíritu, que sopla donde quiere (también fuera de la Iglesia). Una vida que me gustaría proponer como ejemplo de este “camino de la interioridad” que decía más arriba, como posible itinerario para recorrer personalmente la senda del sentido, de la vida plena, de la verdad con mayúsculas: de Dios.
«Tú que me diste tanto, Dios mío, permíteme también dar a manos llenas. Mi vida se ha convertido en un diálogo ininterrumpido contigo, en una larga conversación. Cuando estoy en algún lugar del campamento, con los pies en la tierra y los ojos apuntando al cielo, siento el rostro anegado de lágrimas, única salida de la intensa emoción y de la gratitud. A veces, por la noche, tendida en el lecho y en paz contigo, también me embargan las lágrimas de gratitud, que constituyen mi plegaria»
(Carta del 18 de agosto de 1943).

Son palabras que la propia Etty escribió desde el campo de concentración, tres meses antes de su muerte. Palabras que recogen su proceso interior, la intensa evolución espiritual que configuró su persona y su manera de contemplarse a sí misma, al mundo y a Dios.


Hasta alcanzar esa “meta”, en la singular historia personal de Etty hay diversos elementos. Muchos de ellos son comunes a otras experiencias místicas, y algunos otros son propios de su peculiar experiencia personal:

1. El silencio, el retiro y la soledad “habitada”, para descubrir la voz de Dios que «apenas se distingue del silencio».

2. El descubrimiento de lo que va brotando de su “fuente interior”, así como la libertad y el deseo de adentrarse en ella sin miedo, siendo «paciente con todo lo que aún no está resuelto en su corazón».

3. Una purificación para “retirar las piedras y escombros que obstruyen ese pozo interior”, un “trabajo del corazón” que va dando forma a lo que hace, como un escultor. También un “combate espiritual”, una «lucha interior contra sus demonios personales».

4. Una sincera “escucha hacia dentro” para encontrarse con el fondo de sí misma, buscar “el alma de las cosas” y al Viviente que habita y trasciende todo su mundo interior y exterior: 
...«cuando digo que yo me escucho entonces es en realidad Dios el que escucha en mí. Lo más esencial y profundo de mí escuchando lo más esencial y lo más profundo en el otro. De Dios a Dios» 
(Diario, 17-9-1942)

5. Una apertura a los otros como “templos de Dios”
...«es preciso despejar en el otro el camino que lleva a ti, Dios mío (…) A veces, las personas son para mí como casas con las puertas abiertas (…) y debería ser posible hacer de cada una de ellas un santuario para ti, Dios mío» 
(Diario, 17-9-1942).

6. Una aceptación serena del sufrimiento: el que le viene de fuera, el que otros viven en sus carnes y el que surge de sus propios conflictos internos. 
«Tenemos derecho a sufrir, pero no a sucumbir al sufrimiento», dirá Etty, pero no por un estoicismo resignado, sino porque testifica que «la vida es hermosa, que tiene sentido, y que no es culpa de Dios, sino nuestra, que todo haya llegado hasta este punto»
(refiriéndose a la guerra y al exterminio nazi. Diario, 7-7-1942).

7. En esta situación, surge en ella la compasión por sus hermanos, que sufren injusta e inmensamente, y la solidaridad —sin odio ni rencor— como camino de redención en medio del dolor.

8. Y al mismo tiempo, brota en ella la conciencia de tener que “ayudar a Dios”. Sus palabras expresan una imagen muy “moderna” de Dios y su Providencia: 
«Sí, mi Señor, parece ser que tú tampoco puedes cambiar mucho las circunstancias; al fin y al cabo, pertenecen a esta vida… Y con cada latido del corazón tengo más claro que tú no nos puedes ayudar, sino que debemos ayudarte nosotros a ti, y que tenemos que defender hasta el final el lugar que ocupas en nuestro interior» 
 (Diario, 12-7-1942)

Además de todo esto, hay en la vida de Etty un “instrumento” privilegiado del Espíritu: su terapeuta Julius Spier

Este hombre adulto (al que cita como “S” en sus diarios) comenzó suscitándole pasión y atracción, pero terminó siendo su guía, su acompañante espiritual, el hombre que despertó a Dios en su interior, “el partero de su alma”. La relación con él fue marcando su proceso interior, desde la seducción y exclusividad iniciales hasta un amor desprendido y libre. 

La madurez en su relación con Spier le ayudó a recomponer el resto de sus relaciones: su “espacio interior” se fue abriendo así a unas relaciones profundas, desprovistas de toda posesividad. Su amor fue recíproco: él buscó y promovió lo mejor de ella, así como ella sacó lo mejor de él. Todo ello les condujo de la sensualidad al amor, y del amor al mismo Dios. Un amor que no consiste en mirarse el uno al otro, sino que se abre generosamente: 
...«tengo que sacar fuerzas y amor de mi amor por él para aquellos que lo necesiten (…) Del amor que siento por él me puedo alimentar durante una vida entera y también alimentar a los demás» 
(Diario, 7-7-1942)
...pues «no se puede entregar todo el amor a una sola persona» 
(Diario, 10-10-1942)

Etty, en su corta pero intensa historia, aprendió a escuchar la voz de Dios en lo profundo de sí misma, a amar profundamente a Dios y a la humanidad, y quiso compartir esa profunda experiencia interior. Su itinerario puede ser un ejemplo para cualquiera de nosotros, si queremos descubrir sinceramente el camino y la verdad de nuestra vida. O puede ser también un referente para educadores, catequistas, religiosos, acompañantes… a la hora de ofrecer propuestas de fe personalizada y profunda.

Artículo escrito por:
Guzmán Pérez
Director de la Revista FAST
En ocasión al 66° Aniversario


viernes, 26 de octubre de 2018

Etty Hillesum: Un deseo, un Destino


“Tenemos derecho a sufrir pero no a sucumbir al sufrimiento"

En este escrito no quiero hacer un análisis exhaustivo del pensamiento místico de esta niña que aprendió a Amar a Dios y en Dios a su prójimo en la más contradictoria circunstancia, donde el amor era prácticamente un imposible.

Sabemos de los horrores vividos por los judíos en los campos de concentración Nazi. Otra época, una generación distinta a la nuestra. Pocos testigos van quedando del Holocausto, y la memoria en el ser humano tiende a ser corta.

Decía un escritor muy reconocido:
“Quien olvida su historia tiende a repetir sus errores”.
Estamos prontos a conmemorar los setenta y cinco años de la muerte de Etty Hillesum en las cámaras de gas. Aprovechamos el legado que nos dejó a través de sus escritos de profundo contenido místico y espiritual para, hacer una mirada retrospectiva, que nos permita reavivar el “espíritu de vida plena” con el que ella pretendía vivir su vida una vez finalizado aquel espanto.

Si, en ella había la convicción no sólo que terminaría aquella pesadilla, sino que ella permanecería para decirnos a los que no la vivimos cómo aprovechar el regalo de la existencia: don de Dios y, también, cómo seguir colaborando con él, “construyendo en cada corazón una morada para ser habitada por su divina presencia”.

Quizá hoy no vivamos el terror de aquellos días de mediados del siglo XX, sin embargo, el olvido se apodera de nosotros, y repitiendo vamos la deshumanización de otrora con nuevas formas de padecimientos, nuevos horrores de indignidad, y lo peor, nos vamos volviendo indolentes ante el sufrimiento de tantos.



Dejemos que sea la pluma de Etty quien nos guíe, pero más su corazón candoroso de amor de Dios el que nos anime a encontrar alegría de vida aun en las más difíciles situaciones:
“La vida es una cosa grande y maravillosa, después de la guerra tendremos un mundo enteramente nuevo que construir, y a cada nueva exacción, a cada nueva crueldad debemos oponer un pequeño suplemento de amor y de bondad que hay que conquistar en nosotros mismos…”
¿Qué ha pasado con el mundo que soñaste Etty querida? ¿Acaso hemos logrado erradicar con amor y bondad la crueldad que presente está en el corazón de los hombres? La vileza, la canallada, la bajeza no ha terminada, súbditos tiene por doquier. La crueldad se ha hecho sistema y se ha instalado como estructura: muerte deja a su paso. El humano no aprende.

Tienes razón, esperamos muchos de otros, sin embargo el regalo de la Paz no viene del cielo, sino que nace y brota en el corazón de cada hombre. Es decisión y determinación de cada uno hacer el trabajo de conquistarla primero en nosotros; vencernos a nosotros mismos será nuestro gran desafío.
“Tenemos derecho a sufrir pero no a sucumbir al sufrimiento. Y si sobrevivimos a esta época indemnes en cuerpo y alma, el alma sobre todo, sin arrugas, sin odio, tendremos también algo nuestro que decir tras la guerra…”
¿Qué nos quisiste decir Etty? El sufrimiento será un compañero de peregrinar mientras vivos estemos. Lo entendí, más qué difícil es decidir “no sucumbir ante el peso que éste pone en nuestra espalda” Pero será juste ese el crisol que nos deje libres de odios, deseos de venganza, revancha: pureza de alma para revestirnos de un “nuevo hombre” uno más humano que a Dios lleve en sus entrañas.
“Quizá soy una mujer ambiciosa: ya me gustaría tener mi algo que decir… Sé que los que odian tiene para ello buenas razones. Pero, ¿por qué deberíamos escoger siempre la vía más fácil, la más trillada?”
Es que la vida feliz que nos dibujaron es la que llega sin esfuerzo; el sacrificio la condición que aleja al hombre de tal estado ideal. 

¡Qué contradicción nos plateas, amiga del alma! 

Escoger lo difícil.  Son pocos los que lo han hecho. Y uno de ellos fue a quien tú describiste en la penumbra de aquellos días aciagos. Ayúdame querida a también hoy descubrirlo para mí.
“En el campo sentí con todo mí ser que el menor átomo de odio añadido a este mundo lo hace aún más inhospitalario. Y creo, con una ingenuidad pueril tal vez, pero tenaz, que si esta tierra se vuelve algún día algo habitable por poco que fuere, será sólo gracias a ese amor del que hablaba antaño el judío Pablo a los habitantes de Corinto en el decimotercer versículo de su primera carta”.
Etty Hillesum: 1914-1943

En el Amor habrá redención y este mundo podrá ser una vez más un paraíso para el ser humano y todo cuanto hay en él.
Yerko Reyes Benavides

miércoles, 10 de octubre de 2018

Remembranza de un “Hombre Bueno”

...y de un Santo para toda la Iglesia

“Ha quedado en el recuerdo de todos la imagen del rostro sonriente del Papa Juan y de sus brazos abiertos para abrazar al mundo entero. ¡Cuántas personas han sido conquistadas por la sencillez de su corazón, unida a una amplia experiencia de hombres y cosas!" 

(Juan Pablo II en la homilía de su Beatificación)


Angelo Giuseppe Roncalli nació el día 25 de noviembre de 1881 en Sotto il Monte, diócesis y provincia de Bérgamo (Italia). Fue el cuarto de catorce hermanos. 

Su familia vivía del trabajo de los campos, cultivados en régimen de aparcería. Al tío Zaverio, padrino de bautismo, atribuirá Angelo Roncalli su primera y fundamental formación religiosa: 
“Él dio a su ahijado, sin intención de convertirlo en sacerdote, todo cuanto podría servir con la máxima edificación y eficacia a la preparación no de un simple sacerdote, sino de un Obispo y de un Papa, como la Providencia había querido y decidido” 
Así escribirá de él el Papa Juan en 1959. El clima religioso de la familia y la fervorosa vida parroquial, guiada por el párroco don Francesco Rebuzzini, fueron la primera -y fundamental- escuela de vida cristiana, que marcó la fisionomía espiritual de Angelo Roncalli. 

Recibió la confirmación y la primera comunión en 1889 y, en 1892, ingresó en el Seminario de Bérgamo, donde estudió hasta el segundo año de teología y donde empezó a redactar los apuntes espirituales que escribiría hasta el fin de sus días y que han sido recogidos en el Diario del alma. Aquí empezó su práctica de la dirección espiritual asidua. 

El 1 de marzo de 1896 don Luigi Isacchi, director espiritual del Seminario de Bérgamo, lo admitió en la Orden Franciscana Seglar, cuya Regla profesó el 23 de mayo de 1897. 

De 1901 a 1905 fue alumno del Pontificio Seminario Romano, gracias a una beca de la diócesis de Bérgamo. 

Fue ordenado sacerdote el 10 de agosto de 1904, en Santa María in Monte Santo, de Piazza del Popolo, en Roma. En 1905 fue nombrado secretario del nuevo Obispo de Bérgamo, Mons. Giacomo Maria Radini Tedeschi. 

Tras la muerte del Obispo, en 1914, don Angelo prosiguió su ministerio sacerdotal dedicado a la docencia en el Seminario y a varias ramas de la pastoral, sobre todo asociativa. 

En 1921 empezó la segunda parte de la vida de don Angelo Roncalli, dedicada al servicio de la Santa Sede. Llamado a Roma por Benedicto XV como Presidente de Italia del Consejo Central de las Obras Pontificias para la Propagación de la Fe, recorrió muchas diócesis de Italia organizando Círculos de Misiones. 

En 1925 Pio XI lo nombró Visitador Apostólico para Bulgaria y lo elevó al episcopado con el título de Areopoli. 

Su lema episcopal, programa que le acompañó durante toda la vida, era: “Oboedientia et pax”. 

Sobrellevó en silencio las incomprensiones y dificultades de un ministerio marcado por la marginalidad. Afinó su confianza y entrega en Jesús crucificado. 

En 1935 fue nombrado Delegado Apostólico en Turquía y Grecia. Era un vasto campo de trabajo. Angelo trabajó con intensidad al servicio de los católicos y se destacó por su dialogo y talante respetuoso con el mundo ortodoxo y con el mundo musulmán. 

En diciembre de 1944 Pio XII le nombró Nuncio Apostólico en París. 

Fue un observador atento, prudente y lleno de confianza en las nuevas iniciativas pastorales del episcopado y del clero de Francia. Se distinguió siempre por su búsqueda de la sencillez evangélica, incluso en los asuntos diplomáticos más intrincados. Procuró ser sacerdote en todas las situaciones. Lo animaba una piedad sincera que se transformaba todos los días en prolongado tiempo de oración y de meditación. 

En 1953 fue creado Cardenal y enviado a Venecia como Patriarca. Al tiempo que avanzaba su edad, aumentaba su confianza en el Señor, entregado a una laboriosidad pastoral activa, emprendedora y gozosa. 

A la muerte de Pio XII, fue elegido Papa el 28 de octubre de 1958, con el nombre de Juan XXIII. Su pontificado, que duró menos de cinco años, lo presentó al mundo como una auténtica imagen del Buen Pastor. Manso y atento, emprendedor y valiente, sencillo y activo practicó cristianamente las obras corporales y espirituales de misericordia, visitando a los encarcelados y a los enfermos, recibiendo a hombres de todas las naciones y credos y cultivando un exquisito sentimiento de paternidad hacia todos. 

Su magisterio, sobre todo sus Encíclicas Pacem in Terris y Mater et Magistra, fue muy apreciado. 

Convocó el Sínodo Romano, instituyó una Comisión para la revisión del Código de Derecho Canónico y convocó el Concilio Ecuménico Vaticano II. 

Falleció el 3 de junio de 1963, por la tarde, en un profundo espíritu de abandono en Jesús, deseoso de su abrazo y rodeado de la oración cordial del mundo, que parecía haberse parado para recogerse en tomo a él y respirar con él el amor del Padre. 

Fue beatificado por Juan Pablo II el 3 de septiembre de 2000. Su fiesta litúrgica quedó fijada el 11 de octubre, día de la apertura del Concilio Vaticano II. Y así lo sigue siendo aún, ahora ese día se le venera como Santo para la iglesia, canonizado junto al mismo Juan Pablo II el 5 de Julio de 2013, Fiesta de la Divina Misericordia, domingo segundo después de la fiesta de Resurrección.

viernes, 22 de diciembre de 2017

Ana Catalina Emmerick (Beata y Mística)

La Vida Oculta de la Virgen María. 

Es sólo uno de los escritos recogidos de las visiones místicas de esta Mística Alemana: Ana Catalina Emmerick. De ella hay 14 escritos más que nos pone soñar lo que la Biblia no nos dijo de Cristo y compañía. 


Beatificada por San Juan Pablo II el 03 de octubre de 2004.

De nueve hermanos, ella fue la quinta, de una familia de muy escasos recursos.

Desde su niñez, y muy a pesar de su precaria condición de salud, tuvo que ayudar en su casa con el trabajo en el campo.

Misma razón por la cual no pudo formarse en las escuelas y academias de su tiempo. Aprendió vagamente a leer y a escribir. También desde una edad  muy temprana gozo de visiones y se sintió atraída por la oración y por la vida religiosa de una forma extraordinaria.

En 1802 se sintió atraída por la oración y por la vida religiosa de una forma especial y sublime.  Ese mismo año fue recibida en el convento de Agnetenberg de Dülmen, Alemania.

Desde esa fecha hasta 1811, Ana Catalina, vivió su sueño, su anhelo y su deseo, sin embargo la precaria salud de la Beata, desde mucho antes de ingresar a la vida conventual se manifestó en esos años con fuerza; padeciendo de intolerables dolores.

En diciembre de 1811 el sueño de Ana se ve interrumpido puesto que cierran el conveto donde ella residía. Entonces, se trasladó con el padre Lambert, ejerciendo las funciones de gobernanta de un ancianato religioso.

Ana Catalina Emmerick fue trasladada a una pobre habitación en casa de una familia del lugar. En ese tiempo la mística recibió los estigmas, aunque los dolores propios de tan extraordinario don y gracia, ya los sufría desde hace tiempo.

Fue decisivo su encuentro con Clemens Brentano, el poeta permaneció cinco años visitándola para anotar sus visiones  que más tarde publicó y que ahora nosotros podemos disfrutar a través de este texto.
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Un regalo de Lectura Espiritual. Un banquete para el Alma. Delicia de los corazones buenos que aman a Dios. 

Este libro estará en la página sólo del 23 al 25 de Diciembre. Es nuestro regalo de Navidad a ustedes nuestros fieles, atentos y amables lectores. 

Un abrazo en Cristo Jesús, y en María la Madre del Señor a quien pertenecen estás lineas escritas por una mística que fue despolvada de las repisas de la historia por otro Santo: Juan Pablo II, ya que sólo se le consideraba una entre tantas charlatanas que dicen oír a Dios. Entre Santos se entienden...

Pbro. Yerko Reyes Benavides
Editor-Director de Lazos de Fe