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domingo, 18 de julio de 2021

Espiritualidad: aclaraciones

Tenemos la tentación de racionalizar todo cuanto hay a nuestro alrededor, en ello hemos perdido la capacidad de sorprendernos delante de lo insondable. Hemos hecho un gran esfuerzo a través del tiempo para que todo cuanto existe tenga un concepto o esté definido, delimitadas sus cualidades, formas, expresiones, dimensiones, esencia, sustancia, etc.

Todo está conceptualizado, definido, catalogado, caracterizado; cada objeto, situación, proceso, animación, real o imaginado, nos ofrece un qué y su para qué tipificado, acompañado de una lista de rasgos que le son propias, le pertenecen y hacen que sea lo que es y no otra cosa.

Sin embargo, hay realidades bajo este cielo, que al tamizarlas por la conceptualización, lejos de favorecerlas se ven perjudicadas, se hacen presa de las limitaciones propias de la inmutabilidad de los términos que usamos para definirlas.

Por ejemplo, si decimos que un objeto es blanco, lo reducimos a ese color, pues el término blanco no varía en significación. Así pues, si aquello que lo blanco está definiendo pierde lo blanco, deja de ser lo que lo blanco describe, y por ello se hace otra cosa, en lo que blanco no forma parte. ¿Qué queda, entonces? hacer que aquello vuelva a ser blanco (forzado o rebuscado), modificar la realidad y no los conceptos para que todo siga siendo como lo que nos tiene acostumbrado las definiciones que poseemos; caer en la negación y le execración de lo que cambió; echar aquello al saco de los olvidos donde los recuerdos están prohibidos o seguir adelante, sabiendo que las cosas cambian.

Las definiciones esclarecen la comprensión de aquello que estamos descubriendo, ayudan a comprender lo que estamos conociendo, pero también, encasilla el conocimiento, haciendo que lo que puede cambiar, porque entra dentro de la dinámica de lo perfectible, quede impertérrito por siempre.

La Espiritualidad, como noción, experiencia, vivencia, camino, adjetivo o sustantivo, es de esas cosas que es mejor no definirlas, para no detener la dinámica propia de su acción en el que de ella se hace parte. Esto no quiere decir que no tengamos que hacer un esfuerzo en hacernos de un concepto; sin embargo, mientras menos definiciones formales tengamos y a menos conceptos racionales la llevemos, prevalecerá su libertad de acción.

La ironía nuestra es que mientras decimos lo que no ha de hacerse es justo lo que ahora estamos haciendo, con la salvedad de decir e insistir no se haga: dar un concepto, establecer una definición.

El teólogo, mundialmente reconocido, Karl Rahner nos ofrece una definición de espiritualidad muy sencilla de comprender por su simplicidad y brevedad: “Espiritualidad es vivir desde el Espíritu”.

“Integración de toda la vida en forma sostenida y reflejada por la fe”, es otra definición que se aferra a términos contemporáneos para hacer eco, en la actualidad, a una noción tiene sembrada sus raíces en el suelo de la antigua Grecia.

Antes de proseguir hagamos algo, apreciado lector, a la medida en que más se haya ahondados en algo, démosle a ello la oportunidad de sorprendernos, dejar la puerta abierta, para que de tanto en tanto, salga de nuestra habitación de conceptos y vuelva a nosotros con una nueva concepción, cualidad, característica, propuesta o noción, aunque esto cambie los esquemas preestablecidos de años de almacenamiento en nuestra memoria.


Por otra parte, a lo que recientemente estemos indagando, en lo que vayamos aventurando en nociones, términos, definiciones y conceptos, no nos casemos por toda la eternidad con ello, que así como la muerte pone fin a lo que ha unido indisolublemente el sacramento, así la perfectibilidad de todo, y más la nuestra, hará que a través del tiempo, lo que una vez dimos por cerrado con el célebre grito del centinela “nada nuevo bajo el sol”, nos deje con la boca abierta de admiración al ver su novedad que en este momento no estamos en condición de contemplar.

Dicho esto, incluimos una definición más de un autor contemporáneo reconocido por su trabajo en el área de la espiritualidad como disciplina y diremos algo más sobre espiritualidad sin pretender que sea una conclusión, sino una invitación abierta a seguir investigando, pero sobre todo a hacerse una planteamiento serio y en serio de una vida espiritual que le dé sentido a la vida de todos los días.

Anselm Grûm propiamente no da una definición de espiritualidad, sino que resalta lo que está en su sustrato, lo que le es propio a su naturaleza y esto es, una vida desde el Espíritu Santo. En sus propias palabras: “la esencia de la espiritualidad consiste en vivir a partir de la fuente del Espíritu Santo”.

Esto contextualiza a la espiritualidad, la reviste con un contenido propio, con unas maneras específicas y con una dinámica particular: aquella que bebé de la fuente del Evangelio, la que tiene como referente las Sagradas Escrituras, la que se inserta dentro del ambiente propio que ha brotado como un manantial inagotable del corazón abierto de Cristo Jesús.

Esta determinación de la espiritualidad propuesta por nosotros acá, no niega la existencia de otras contextualizaciones de la espiritualidad, ni se impone como la “verdadera o la única”; sino que es capaz de convivir armoniosamente e inspirar desde sus especificaciones propias las espiritualidades existentes.

Lo que nos lleva a resaltar un elemento más, necesario en el proceso reflexivo que nos ha hecho buscar esta información. La espiritualidad que proponemos, no es una más exhibida en el anaquel de una tienda de espiritualidades; no es mejor, no es peor que otras, no se trata de eso, sino de una determinación, es decir, esta espiritualidad es la que decidimos hacer nuestra con todas sus consecuencias, y por ello es propia, única y especial.

Esta espiritualidad de la que hablamos, la que nos sorprende, la que queda abierta, la que es un camino que implica nuestra determinación y la decisión de hacerla nuestra y de vivirla con todas sus exigencias, propuestas, entregas, esfuerzos y satisfacciones es cristiana porque tiene a Cristo como fuente del cual bebe incasable e incesantemente.

Esta espiritualidad, sugerente, se inspira en la invitación implícita que deja Jesús cuando plantea “entre ustedes no sea así” al contraponer la acción de los suyos a los ademanes y maneras del mundo (Cfr Mt 20,26).
La espiritualidad es la acción que me hace visible, en este tiempo, de una manera específica y con una forma particular de vivir en bondad, alegría y libertad, en virtud y bajo la gracia del Espíritu Santo.

Yerko Reyes Benavides

lunes, 24 de febrero de 2020

Cuaresma: “Año de Gracia". Tiempo de Reconciliación.

Estamos ya a vísperas de comenzar el tiempo litúrgico de la Cuaresma, y cada vez que ésta se acerca recuerdo aquel providencial pasaje de la escritura, en el libro del profeta Isaías que habla del “año de gracia del Señor” (Cf. Is 61,2) 

¿A qué hace referencia ese “año de gracia”? 

Sin irnos a perdernos en detalles, un año de gracia, es un tiempo de perdón; en el cual las deudas son indultadas. A esta acción nosotros la llamaríamos popularmente: “Borrón y cuenta nueva”. 

¿Te has puesto a imaginar, en algún momento, la maravillosa oportunidad que tienes, cada año de hacer este gran borrón? 

Sacramentalmente este indulto total lo recibimos el día de nuestro bautismo: Todos, absolutamente todos nuestros pecados, no sólo son perdonados, sino borrados de nuestra naturaleza y olvidados para siempre por Dios; y estamos hablando de todos, todos y no sólo del pecado original. 

Nuestra naturaleza humana queda como solían decir lo antiguas filósofos refiriéndose a la capacidad intelectual y de la mente: “tan cuan tabula rasa”. 

Todo lo que hacemos a partir de ahí, ya es nuestra responsabilidad, y de ello hemos, en su momento, de dar cuentas. 

Sin embargo, año a año, en nuestro caminar por el año litúrgico, nos topamos, lo queramos o no, con este tiempo especial, que es, antes que nada, un llamado y una invitación. Un llamado a la Conversión y, una invitación al Cambio. 

De lo que si hemos de hacer conciencia es que no se trata de un cambio cosmético: vestirnos de penitencia, ayuno y oración y unos cuantos rezos. Sino de una transformación substancial y trascendente; es decir, una renovación profunda que afecta a toda nuestra vida interior: emociones, sentimientos, pensamientos, criterios, valores, estructuras y esquemas mentales que se traducen en comportamientos y acciones u omisiones (porque no hacer nada también es hacer algo, y conlleva repercusiones de las que somos enteramente responsables). 

Cuaresma es, por así decirlo, hacer una intervención total y consiente de nuestra vida y la manera como la estamos viviendo, y en todos los ámbitos que la sostienen. 

En Cuaresma no tenemos la presión del “mea culpa” constaste, pues, no vamos a un desierto a pasar necesidad sino para escarbar, animado en la austeridad que éste implica, en lo más hondo de nuestro ser y sacar de lo profundo aquello que impide que vivamos en la plenitud de la libertad como hijos de Dios que somos, en virtud de Cristo. 


Año de gracia: tiempo de Reconciliación. 

Antes de seguir, puntualicemos algo: el año –tiempo- gracia depende de total y enteramente de Dios. No hay nada que haga o deje de hacer que lo promueva, lo impulse o lo incite. Es todo gratuidad de Divina. En su génesis está la más pura Bondad y la más grande Misericordia Divina. 

Comprendamos, entonces, es Dios quien toma la iniciativa y actúa; y lo hace a través de su Hijo: nuestro Señor Jesucristo con quien nos encontraremos al final de este tiempo en su entrega total y radical, sellando con su propia Sangre este pacto de Amor Divino con nosotros. 

Lo mencionado anteriormente, no depende de nosotros. Se dio en su momento (histórico) y nada lo cambiara, se sigue dando (espiritual) en cada tiempo, cuando haciendo consciencia de lo hecho ya por Dios lo asumimos hasta sus últimas consecuencias: ser nosotros, en esta época otros Cristos. 

Cuaresma, visto desde esta perspectiva de profunda espiritualidad, más allá del contenido penitencial –necesario para incitar y mover estos procesos- es una oportunidad para renovarnos interiormente a niveles que solo en y por gracias de Dios (la gracia de este tiempo) podemos alcanzar; llegando incluso a reinventarnos (Metonoia). 
- ¿De qué depende esto? 
De un acto de humildad, por el cual acogemos el llamado y respondemos a la invitación. 
- ¿Qué va a demarcar el camino? 
La Palabra de Dios. Ir acompañados y acompañando a Cristo en su vivencia de amor y en su entrega remisora. 
- ¿Cuál va a ser nuestro destino? 
La Resurrección y la Pascua (pasar de la muerte a la vida en y por Cristo) 
- ¿Cuándo comenzamos? 
Ya, si así lo quieres; pero litúrgicamente el miércoles, llamado de Ceniza, cuando nos acerquemos a su impostura en nosotros, conscientes de todo el Itinerario Espiritual que nos aguarda en los siguientes 40 días, dejando de lado ya, lo meramente ritual y mítico del acto. 

“El espíritu del Señor me acompaña, 
por cuanto que me ha ungido Dios. 
Me ha enviado a anunciar la buena nueva a los pobres, 
a vendar los corazones rotos, 
a pregonar a los cautivos la liberación, 
y a los reclusos la libertad; 
a pregonar año de gracia del Señor, 
y un día de venganza de nuestro Dios; 
para consolar a todos los que lloran, 
para darles diadema en vez de ceniza, 
perfume de fiesta en vez de duelo, 
alabanza en vez de espíritu abatido”. 
(Is 61,1-3) 

Yerko Reyes Benavides

miércoles, 29 de enero de 2020

Espiritualidad y Religión

Existe ya mucha tela que cortar, a la hora de tratar el tema de la Espiritualidad y de la Religión por separado. Ahora bien, esa tela se nos hace interminable si juntamos en un mismo espacio lo que implican y conllevan estos dos términos. 

Mucho se ha hablado sobre Espiritualidad y Religión. Algunos autores los ubican como términos antagónicos; incluso llegan a plantear la incompatibilidad de éstos, como si fueran polos opuestos o caminos que se transitan en direcciones opuestas. Otros intentan hacer una conciliación y buscan tratar de incluir el uno en el otro, pretendiendo una especie de complementariedad. 
¿Cuál sería acá la mejor manera de plantearnos el problema?
Se podría plantear de entra el problema con “versus”, como lo han hecho ya algunos, es decir: Espiritualidad vs. Religión. Esto nos llevaría a la confrontación entre uno y otro, demarcando sus diferencias (irreconciliables) que no quedaría reducido sólo al ámbito conceptual. 

Si utilizamos la conjunción “o” abordaríamos el problema de otra forma: Espiritualidad o Religión. Dejaríamos de lado el debate sobre alguna posible relación entre lo que representa una y otra. Se partiría sobre una suposición conceptual, no son realidades “complementarias” y, por ende,  la una se se da sin la otra. Al final nos veríamos forzados a decantarnos por una u otra. 

Por otra parte, si empleamos la conjunción “y” nos quedaría algo así: Espiritualidad y Religión. De esta manera de plantear el problema nos abocaríamos a presentar lo que implica cada una de ellas por separado, no necesariamente confrontadas las nociones, sino más con la intención de buscar sus cercanías antes que sus distancias. Esto conlleva una intención: buscar una posible convivencia ente Religión y Espiritualidad.

¿Qué vamos a hacer nosotros en este proceso reflexivo que llevamos? 
Lo primero de lo último. Sentar las bases conceptuales y poder tener una noción que nos permita construir criterios de pensamiento y tomar posición propia. 

De entrada, sabemos que Religión y Espiritualidad no es lo mismo. Incluso, en nuestro pensamiento intuitivo, le damos a la Religión atributos de institucionalidad que no se los damos a la Espiritualidad, pues ésta, la “sentimos” más alejada de toda estructuras que la contenga. 

Necesario ahora se nos hace, establecer un acuerdo conceptual. Es decir, que manejemos una noción común de los términos en cuestión. Sin irnos a diccionarios especializados, podemos encontrar coincidencias a la hora de entregarnos una definición. 
Religión:
Es un sistema de creencias, costumbres y símbolos establecidos en torno a una idea de la divinidad o de lo sagrado, usualmente expresado a través de ritos, cultos, rezos, liturgias y oraciones; además, conlleva una sería de preceptos, normas, pautas y códigos de comportamiento moral.

Etimológicamente, el vocablo religión proviene del latín religĭo, religiōnis, que a su vez procede del verbo religāre. Este se forma del prefijo re, que indica repetición, y del vocablo ligare, que significa 'ligar o amarrar'. Religión puede entenderse, entonces, como la acción y efecto de volver a ligar a dios y a los seres humanos.
Espiritualidad:
Iniciemos esta definición dejando en claro su origen etimológico. Proviene del latín, y más exactamente es fruto de la suma de tres componentes latinos: El sustantivo “spiritus”, que puede traducirse como “alma”; la partícula “-alis”, que se usa para expresar “relativo a”; y, el sufijo “-dad”, que es equivalente a “cualidad”.

De la etimología del término nos queda que, espiritualidad es la condición y naturaleza de lo espiritual. El Adjetivo espiritual refiere a lo perteneciente o relativo al espíritu. 

Así pues, la espiritualidad es el conocimiento, aceptación o cultivo de la esencia inmaterial de uno mismo.

La espiritualidad humana es definida como la conciencia de una parte de nosotros que no se manifiesta materialmente y que está ligada a algo superior a todos los seres vivos.

Hay autores -entre los cuales me incluyo- que lo consideran una dimensión más de la persona (la presento como la dimensión integradora entre todas), como la dimensión biológica, psicológica y social.

- Trazos a Mano -

Hecha ya la definición, podemos decir que ambas tienen como principio que el ser humano es más que carne y huesos. Comparten la visión del ser humano más allá de su inmanencia y materialidad. Hecho que nos lleva a otra confrontación de términos, también ampliamente abordada en la historia: Fe y Razón

Llegamos al punto de la tentación, hacernos una inevitable pregunta: ¿Cuál es mejor?

Tratemos de no patinar con la cascara que nuestro intelecto nos lanza a este punto. Acá no vamos a establecer ningún juicio de valor. 

Lo que si le vamos a permitir a nuestro intelecto hacerse otros cuestionamientos: ¿Puede haber espiritualidad en la religión?: sí. ¿Puede haber religión en la espiritualidad?: no. Y esta negativa no las hace contrarias, ni tampoco contradictorias. Tampoco la afirmación inicial establece un puente que las conecte definitivamente, sin embargo, encontramos un nexo que las conecta, pueden compartir espacios, sin entrar en conflicto.
Conclusión:
Religión y Espiritualidad; espiritualidad y religión: cada una tiene un lugar, hace una propuesta y establece un procedimiento. Hacernos conscientes de ellos, nos da la oportunidad de discernir y también de elegir, es decir, hacer una opción vital (en libertad de espíritu).

Yerko Reyes Benavides

domingo, 16 de junio de 2019

Una Resistencia, Dos Anécdotas y Una Idea: Santísima Trinidad

Una Resistencia, Dos Anécdotas y Una Idea: 
Santísima Trinidad 


Todos hemos oído hablar de Misterios, los hay por doquier. Sin embargo, con el nacimiento de la Filosofía, y el pensamiento racional, mucho de lo que al principio al hombre le resultaba incomprensible, ha encontrado su explicación basado en el razonamiento, la lógica y la comprobación. 

Sin embargo, no toda verdad pasa por el tamiz de la argumentación y todavía, ¡gracias a Dios! quedan misterios. La vida, por ejemplo, sigue siendo un misterio maravilloso que puede seguir siendo objeto no sólo de especulación, sino de tomar el riesgo de vivirla a plenitud. 

¿Cómo se explican los misterios? 

No se explican. El misterio está para seguir siendo misterio aunque se den un millón de explicaciones. Y, lo mejor que tienen los misterios es que mientras más explicaciones se den acerca de él, más misterio se vuelve. 

Una Resistencia

Dicho esto, lo primero que tenemos que afirmar de Dios es que es un Misterio para nosotros. Lo segundo que podemos intuir es que si hay “cosas” que podemos decir de Dios; no lo explican del todo, pero algo aclaran. 

¿Qué podemos decir entonces sobre Dios? 

Que podemos decir algo. 

Y esa es la resistencia que hemos de vencer antes que nada. Muchos de nosotros fuimos educados en la religión a la “antigüita”, es decir, condicionaron nuestro pensamiento a resistirse a Dios. Dios es un misterio, nos dijeron; pero Dios es también Amor. Sin embargo a ese Dios se respeta, no se toca, no se mira, a él no se le puede acercar; pero es bueno… 

Todo este cúmulo de mensajes contradictorios crearon una resistencia y por ella nos alejamos de Dios. 

La idea que gestamos de Dios es un río caudaloso de contrastes, contrariedades y contradicciones; al que se unen pensamientos confrontados y sentimientos discordantes, cuya consecuencia es una abstracciones de Dios que lo hace ser, un ser ajeno. 

Queremos a Dios, pero no lo queremos cerca; no al menos tanto que se inmiscuya en nuestra cotidianidad. Por eso, la relación de muchos con Dios es casi nula: de una vez por semana, de 45 minutos a lo mucho. 

El “triangulito” con “el ojo adentro”; el Dios “Misterio” es la resistencia que hemos de vencer para encontrarnos con el Dios Verdadero. 

¡¿Qué?! 

Si, Dios es misterio, pero un misterio que se da a conocer, se muestra, se revela. Además, se deja conocer, no se resiste, y se pone al alcance, no se esconde, sino que habla y dice: “Yo soy”… 

Soy Trinidad; Soy Padre; Soy Hijo; Soy Espíritu Santo; Soy Uno… 

Eso. Te cuento dos anécdotas: 

Dos Anécdotas

Primera Anécdota:

Estando en mi despacho entra un señor mayor, pregunta por el padre y haciendo la antesala antes de entrar a la oficina espera con paciencia. 

–Buenas tardes, señor padre. Venga a mandar a hacer una Misa. 

–Con todo gusto, dígame cual es la intención y para cuando la misa. 

–La misa es para esta tarde y la misa se la mando a hacer a la Virgen María, Trinidad santa. 

–¡Disculpe! son cuántas intenciones, ¿una o dos? 

–Una sola: a la Virgen de la Santísima Trinidad. 

–Señor, no existe esa advocación. Trinidad santa es el nombre de Dios. Un nombre que engloba a las tres personas divinas: Padre, Hijo y Espíritu Santo. Es el mismo Dios, y tres personas. No hay distinción en su naturaleza pues es una sola y es la que lo hacer ser Dios Altísimo. Y se revela a los hombres en la historia. Y en esta historia de la humanidad Dios se ha mostrado como Padre del que procede el Hijo y del Padre y el Hijo procede el Espíritu Santo. El Padre es el Creador, el Hijo el Redentor, El Espíritu Santo el Santificador. 

(Mientras recibía esta aclaratoria del padre, el señor permanecía tranquilo y atento, al menos eso era lo que parecía). 

-¿Ha entendido, mi querido señor? 

–Si mi padre, entendí. ¿Pero me va a hacer la misa a la Virgen o me voy a otra iglesia? 

¿Quién es Dios? 

Dios es Amor y en su amor se viste de gozo aunque le mande a hacer la misa con nombre equivocado. 

Segunda Anécdota: 

Un día dando clase, salió a relucir el tema de la “música de hoy”, esa que escuchan los jóvenes: ruidosa, estridente, sin letra, sin prosa. Sin querer ser un “viejo retardatario” y buscando hacer una apología de la buena música. 

El monologo profesoral se versó la cuestión que la música siendo un “arte” ha de tener como cualidad principal la virtud de la belleza, el buen gusto, la nobleza de su composición, lo armónico de su ritmo, la complementariedad entre la melodía y la composición. 

De pronto se dejó caer lapidaria una categórica afirmación: “no entiendo cómo ustedes pueden “escuchar” esa música “tormentosa” todo el día”. Raudo y veloz uno de los jóvenes se levanta, y sin permiso declara: “Profe… esta música no se hizo para escuchar, se hizo para Bailar”. 


¿Se entiende la analogía? 

A Dios no se le comprende a Dios se le vive, se le siente, se experimenta en lo cotidiano, allí donde el mismo se muestra, se deja encontrar, se revela. 

Intentar explicar el misterio de Dios es una opción que puede ser o no tomada. Lo que no es opcional es impedirle a Dios que nos ame; que se manifieste, que nos busque, que nos llame y también con paciencia nos espere. 

Dios seguirá siendo un misterio para nuestro intelecto, más no para nuestro corazón, ahí Dios será reconocido, puesto que ahí Dios sigue mostrándose tal cual es: Un Amor que es todo en todos y uno en cada uno. 

Una Idea 

La mejor forma de conocer a Dios es experimentando su Amor; amándolo y dejándonos amar por Él. 

Yerko Reyes Benavides

viernes, 14 de junio de 2019

Dios no es Alfa ni Omega. Dios es Eternidad

“El amor nunca deja de ser. 
Pero si hay dones de profecía, se acabarán; 
si hay lenguas, cesarán; 
si hay conocimiento, se acabará”.
 (1 Cor 13,8) 


Al hacer lectura de los Evangelios, y no nos pasa con otros textos, tenemos la sensación que lo que leemos está en el horizonte de nuestro presente; y a la vez es pasado; puesto que es un hacho que ya aconteció con respecto al momento en que hacemos lectura de ello. 

Así pues, el Evangelio es un presente porque nos narra un acontecimiento que nuestra mente lo siente como aconteciendo –incluso podemos hacer el ejercicio de la imaginación de visualizarnos inmersos en la escena que se narra- estamos ahí, nos sentimos incluidos, incorporados. 

A su vez es un pasado, porque la razón nos dice que ese acontecimiento ya es historia, ya sucedió, y por más que usemos la imaginación cosa que por lo general no hacemos con ese propósito –que recomiendo- no podemos cambiar nada de lo acontecido. 

Por otra parte, el tiempo futuro no aparece en nuestra conciencia, puesto que desde nuestra perspectiva, desde nuestra situación, mucho de lo que se nos relata no creemos aparezca en nuestra historia venidera. El hecho que cuenta la Escritura, cuenta para sentirnos identificados de momento, o para reciclar el un pasado que nos pasó, pero pocas veces nos sentimos a prepararnos para un futuro que nos puede suceder y de hecho, así sucede, el Evangelio nos pasa y pasará. 

Este extraño prólogo para estas líneas que voy escribiendo, en este mi presente, serán leídas por ti en tu presente, pero para mí serán mi pasado, con la esperanza que en mi futuro tu presente, te sirvan para meditar en tu futuro. 

¡Qué relativo es el tiempo! ¿No te parece? o ¿no será acaso que el tiempo es una simple ilusión, muy útil eso sí, pero sólo ilusión a la final?. 

Lo que si podemos decir, y seguramente será algo que traerá polémica, por la forma categórica de hacer la siguiente afirmación: 

Estamos del todo seguros que el tiempo no existe, no al menos para Dios. Dios no es “Alfa”, Dios no es “Omega”; ni tampoco “Alfa y Omega”. Para Dios no hay principio, ni tampoco fin: Dios es Eternidad. 
“El mundo pasa, y también sus pasiones, pero el que hace la voluntad de Dios permanece para siempre”. (1 Jn 2,17) 
Albert Einstein nos condujo a través de la física a la relatividad del tiempo, que dio origen a las teorías cuánticas. Sin embargo, no siendo yo un experto en física, ni mucho menos en matemática, me quedo con la noción básica del tiempo: herramienta que nos sirve para medir la presencia de la materia en el espacio. 

La Eternidad no es un período de tiempo, sino un estado, y ese estado es un “siempre”, una “constante”, un “presente”. Dios no “fue”; Dios no “será”; Dios no “es”; Si pensamos a Dios fuera del paradigma del tiempo: Dios es un Dios que siempre “está siendo”. 

Esto respondería a algunas de nuestras preguntas, sobre todo las que son fruto de la desesperación que surge de la tragedia que sacude nuestra “temporal” existencia: ¿Por qué Dios se demora en responder a mis suplicas? ¿Por qué Dios no actuó en estás circunstancia? 

Diremos pues, para explicarlo mejor que, el que está bajo las prerrogativas del tiempo (pasado, presente, futuro) y de las horas y días hace depender su existir y su ser, entonces sufrirá la “demora” de Dios. 

Lo diremos de otro modo: Dios no actuó, en un tiempo pretérito o remoto, nosotros somos los que hemos constatado la acción de Dios en “nuestro pasado” –nuestra historia personal o colectiva- en lo que ya forma parte de nuestro recuerdo (aprendido o no). 

Por otra parte Dios no actuará, en un futuro cercano o lejano, al tiempo que demarco ahora, cuando se mira hacia adelante. Somos nosotros los que “confiamos” y “esperamos” la acción de Dios en un futuro; ese futuro es el nuestro, no el de Dios. 

¿Qué nos queda? 

Entender que Dios “está actuando”, ahora, no porque esté respondiendo a mis suplicas, sino porque Dios estás siendo Dios “en lo que yo digo es mi hoy y mi ahora”. Para Dios no hay nada que se postergue, no deja pendientes para resolverlos en “otro momento”. 
“El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán”. (Mt 24,35) 
Tener paciencia para esperar que el la acción de Dios que se está realizando en mi hoy y mi temporalidad, se despliegue en la Eternidad de Dios. 

No desesperar por el tiempo presente, como si no existiera un mañana; y mejor aún: “la Eternidad”; la misma de la que por Cristo y en Cristo soy participe y heredero. 

Es correcta y muy acertada que reza: “Nada es para siempre”

Si, así es, ningún mal que aqueje al ser humano es y dura para siempre, y menos tiempo aqueja al alma, si se hace consciente no hay sufrimiento que tenga en la existencia la última palabra; esa la dice cada uno cuando toma la decisión de no ser por más tiempo víctima de su propia tragedia. Cuando en el tiempo presente, se cae en cuenta que si bien es cierto el dolor es destructivo e impacta con fuerza sobre la vida, éste puede ser aprovechado de forma consciente para expandir la capacidad natural de la esencia humana. 

Sólo el Amor es para siempre 

Y en esta afirmación no hay error, puesto que Dios es Eternidad. Dios no nos “amó”; Dios no nos “amará”: Dios nos está amando. 
"Y ahora permanecen la fe, la esperanza y el amor, estos tres; pero el mayor de ellos es el amor". (1 Cor 13,13) 
En Dios no hay contradicción. 

Yerko Reyes Benavides

viernes, 31 de mayo de 2019

Espíritu Santo. El gran desconocido

"Cuando venga el Defensor, 
el Espíritu de Verdad que procede del Padre, 
Él dará testimonio de mi" 
(Jn 15,26ss)


¿Cuánto sabes sobre el Espíritu Santo? 

Quizá algunos puedan decir “mucho”, más de lo que puedes imaginar. Otros, quizá, respondan: “lo suficiente”. Pero un gran numeró de nosotros diremos “lo básico”, “lo indispensable”. 

Si, tienes razón, ahora viene una pregunta inevitable: ¿Qué nociones se abarcan en lo básico? ¿Cuánto es el conocimiento que puede haber en “lo indispensable”? 

No es tanto, lamentablemente; en lo básico, la gran riqueza del don Divino conferido en la Presencia real del Espíritu Santo queda inoperante, desaprovechada, en última instancia sin frutos. 
“Si supieras, querido amigo, lo que has recibido, no estarías ahí, ahora, lamentándote”.
Del Espíritu Santo sabemos que es la Tercera Persona de la Santísima Trinidad. También que es Dios, uno junto al Padre y al Hijo. 

Al Espíritu Santo lo recibimos el día de nuestro Bautismo y ratificamos su presencia en nuestra vida en el sacramento de la Confirmación y, a la persona que lo recibe le confiere 7 dones. 

Eso vendría siendo lo básico. 

La Iglesia una vez al año celebra su fiesta. Lo hace 50 días después de la resurrección; diez días después de la Ascensión de Cristo a los cielos. Es junto con la Resurrección y la Natividad una de las tres fiestas en el Calendario litúrgico, que la Iglesia las celebra haciendo Vigilia. 

Podríamos seguir dando algunos datos adicionales que demuestre que alguna noción si tenemos sobre quién es, qué hace y cómo la iglesia celebra la presencia del Espíritu Santo. Sin embargo, sería rebuscar, y con gran esfuerzo, en un baúl que guarda muy pocas cosas. 

Te propongo hacer un rápido y sencillo ejercicio. Habrás notado que dentro de las cosas que dijimos saber sobre el Espíritu Santo está esta: Él confiere 7 dones. 

Rápido: enuméralos, sin equivocarte y sin repetirlos. 

¡Sencillo! ¿Logrado? 

Para muchos no. No es materia aprobada. 

Del Espíritu Santo Jesús nos dice: 
”De estas cosas les he hablado mientras he estado con ustedes. Pero el Paráclito, el Espíritu Santo, al cual el Padre enviará en mi nombre, él les enseñará todas las cosas, y les recordará todas las cosas que les he dicho” (Jn 14,25-26)
E insiste: 
“Cuando venga él, el Espíritu de la Verdad los guiará a la Verdad plena” (Jn 16,13). 
¿Cómo hemos de llegar a la plenitud de la Verdad que a la que el Espíritu Santo nos conducirá, si él para nosotros es un “gran desconocido”? 

Estamos en el tiempo en el tiempo propicio para descubrir en nuestra propia vida la acción divina que por medio del Espíritu se puede realzar en nosotros, por nosotros y a través de nosotros. Sin embargo, la ósmosis nos es una opción para nosotros y nos toca, como en todo: pedir, buscar, y tocar (Cf Lc 11,9-13); es decir: investigar, indagar, leer, estudiar y aprender; y todo esto en un proceso que implica  más que aprenderse un catecismo. 

Aprovechemos que estamos en los días en los que la liturgia de la iglesia nos plantea la espera expectante de la efusión del Espíritu en nuestras vidas. 

Lo que nos lleva a enfatizar, y de ahí la urgencia de apretar el paso en nuestro Itinerario Espiritual, puesto que: anhelamos lo que ya tenemos; pedimos lo que ya se nos dio; aguardamos al que ya habita en nuestra alma; esperamos al que nos espera a nosotros paciente en nuestro propia existencia, ahora y aquí.  

Finalizamos este recordar lo que ya sabemos, con una frase que nos resulta del todo familiar: “Nadie ama lo que desconoce”. Y si el Espíritu Santo es del alma su más grande desconocido, poco podremos dar frutos de abundancia tal como nos lo pide Jesús. 

Por cierto, ¿Sabes cuáles son los Frutos del Espíritu Santo? 

Yerko Reyes Benavides

Nota: 

Los dones del Espíritu Santo son: 

Sabiduría, Entendimiento, Consejo, Piedad, Temor de Dios, Inteligencia y Fortaleza.

viernes, 24 de mayo de 2019

La Vida

En búsqueda de Sentido y Trascendencia

“Efímera se hace la Vida si no hay en ella, 
ni Sentido ni Trascendencia” 
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Rápido avanza la vida, tan rápido camina, que en un abrir y cerrar de ojos se han escapado los años, como la arena que se escurre entre los dedos sin poder, por más empeño que se haga, retenerla en la palma de la mano. 

El Salmista contemplando lo efímero de la vida se decía a sí mismo, en su cantar: 
"Mil años en tu presencia son un ayer, que pasó; una vela nocturna". (Sal 89,4)
Todo puede pasar en el suspirar divino, una vida se puede dar y también perder por completo si no se sabe qué se va a hacer con ella. 

Muchos pasan la vida, les pasa la vida y en la vida que viven, no pasa nada. 

Toda vida como don recibida tiene un sentido y un propósito. Dios en la eternidad de un día, toca a la puerta del alma y llama con suavidad al principio; luego con apremio invita, no quiere llegar sin más al final donde ya no hay vuelta atrás. 

Pablo nos refiere la prioridad que ha tener lo fundamental en la vida, que si no se atiende oportunamente, corre el riesgo de diluirse en lo intrascendente y ahí perderse. Así, entonces, deja escrito Pablo: 
“El amor de Cristo nos apremia” (Cf. 2Cor 5,14-15).
Nuestro destino es la eternidad, más a ella se llega en la finitud de un tiempo dado. No podemos esperar y por eso nos urge el Amor, al que muchas veces dejamos a la suerte o la fortuna. 
¿Has tenido tiempo para meditar en el misterio de la vida?
¿Has tenido ocasión de descubrir el don de tu propia vida y en el quedar extasiado? 
Mejor aún 
¿Te has dado la oportunidad de encontrarte con el misterio divino que está presente en tu propia existencia? 
Puede parecer filosófico todo esto, a veces es bueno abordar los grandes cuestionamientos existenciales, éstos siguen esperando respuesta satisfactoria y no por los intelectuales de la historia sino por ti o por mí que somos, personas de a pie, ni intelectuales renombrados ni filósofos entronizados. 

No hace falta recalcar lo fundamental del asunto, ya que el ser humano es la única entidad del cosmos conocido que tiene esa posibilidad: la de cuestionarse a sí mismo, ante lo inevitable de su perfectibilidad. 

El ser humano es el único que teniéndolo todo en su propia naturaleza se va haciendo así mismo en el tiempo. Sólo así logra trascenderse a sí mismo. 

¿Te abrumo con todo esto? 

Tranquilo, todavía hay tiempo para que tanto tú como yo, nos demos la oportunidad de descubrirnos en el misterio de la vida que se nos ha concedido y con ella hagamos algo más que sólo pasar. 

Hoy es un buen día para comenzar a pensar y discernir si la vida que tienes es la vida que quieres, y sobre todo, si es la vida que Dios quiso, quiere y querrá para ti desde la misma Eternidad cuando te pensó y te amó. 

Hazte un propósito hoy mismo, no esperes a después, somos expertos en dejar para más tarde lo que es importante; lo fundamental lo vamos depositando en el baúl de los “despueses” y, lamentablemente ese baúl queda guardado en el rincón de nuestros olvidos. 

Este mismo día puedes darte el tiempo para contemplar el gran don y milagro de tu vida, descubrirlo como el tesoro más preciado que existe en todo el universo y, discernir si lo que estás haciendo con tu vida y la forma en que la vives se corresponde al don que has recibido. 

De este propósito se viene un compromiso ineludible, uno que no puede ser postergado por más tiempo: 

Si aún no te has valorado en justa proporción es tiempo de comenzar. Sobre todo si quieres algo más que la vida pase por ti y no tú por la vida siendo totalmente consciente del milagro que eres de Dios y haciéndote presente (sentir en este mundo) 

Además viene algo todavía más significativo: encontrado el sentido de tu propia vida, ahora comienza el proceso de hacer que ésta sea trascendente. Un camino de realización personal en el que la Voluntad del Padre Dios, sea el centro de tu acción, teniendo la certeza que es lo que te hará alcanzar la plenitud. 

Todo milagro tiene un propósito, una finalidad, y también confiere una oportunidad única. 

¿Cuál será el que Dios te dio a ti?


Yerko Reyes Benavides

miércoles, 26 de diciembre de 2018

Metanoia más que Conversión

Con bastante frecuencia estamos utilizando el término “Metanoia” para referirnos a una “actitud espiritual” que es ocasión para la persona de marcada“renovación interior”

Sin embargo, no nos hemos detenido a considerar lo que el término en toda su amplitud nos puede aportar y que justo apuntalará la actitud que consistentemente  marcará la diferencia, ocasionando este cambio íntimo y profundo. 

La Metanoia no se da por casualidad, ni tampoco por un simple propósito o una buena intención. Es la necesidad consciente que viene del mismo interior de la persona; no se equipara a uno de esos propósitos, de los muchos que se hacen, sobre todo en la vida religiosa, litúrgica y cultual, más que en otros ambientes y, que no se toman muy en serio, más allá del momento que los inspira. 

Miremos primero lo que el término etimológicamente significa.
Metanoia (del griego μετανοῖεν, metanoien, cambiar de opinión, arrepentirse, o de meta, más allá y nous, de la mente). Su significado literal del griego denota una situación en que en un trayecto ha tenido que volverse del camino en que se andaba y tomar otra dirección.
Por otra parte el vocablo significa además: 
“Transformación espiritual”

No es como diríamos coloquialmente: acomodar las cargas y seguir adelante con el burro. Se trata de abandonar definitivamente un camino y emprender otro totalmente distinto. Esto abarca no sólo una situación física sino integral, holística; es decir comprende al ser humano en su totalidad que siempre es más que lo que suman sus partes (dimensiones: moral, social, cultural, psicológica, religiosa, por mencionar sólo algunas.

En la Metanoia, hay un “cambio paradigmático” real y verdadero. Este cambio incluye no sólo una trasformación de aptitudes, sino una renovación de actitudes, con el consecuente abandono total de aquellas que dificultan el proceso de transformación. 

Por otra parte, y es de nuestro interés valorar la noción que  del término se hace desde el ámbito bíblico y teológico cristiano. 

El término Metanoia en la Biblia tiene su espacio, no tanto en el Antiguo Testamento como sí en lo tienen  en el Nuevo. 

En los escritos veterotestamentarios el vocablo se utiliza con regularidad para designar un “cambio”; en el sentido de: reconsiderar un sendero, volver atrás para tomar otra vía y también, apartarse de un camino seguido hasta el momento. Esta posición se fija tanto en lo que connota lo físico, lo psicológico y lo religiosos. 

En el Nuevo Testamento el término es tomado en su significación más radical, que no sólo implica tomar otro camino, o regresar; deshacer el camino andado; sino que abarca un giro total que va desde el condolerse -actitud de arrepentimiento- a un viraje, un cambio completo y total de criterios, de conceptos, de pensamientos y sentimientos. Es en los términos del evangelio según Juan: 
“Volver a Nacer” (Cf. Jn 3)
Así pues en el lenguaje bíblico la Metanoia dice más que el término “conversión” según su acepción moderna de paso de una convicción o de una conducta a otra, ya que en la Escritura encierra la idea de permanencia que surge de la nueva orientación existencial que provoca.

Metonia, tal como lo propusimos en el título: es más que conversión.

Yerko Reyes Benavides

jueves, 28 de junio de 2018

Lectura (PPM) y Espiritualidad tomadas de la mano van

Una persona en promedio es capaz de leer un texto a la velocidad de 300 palabras por minuto. 



Esta competencia natural, equivale a que un texto de aproximadamente 1.500 palabras (5 hojas tamaño carta a 1.5 de espaciado interlineal con un marco estándar) pueda ser leído en 5 minutos 6 a lo máximo.

Esta velocidad PPM (Palabras Por Minuto) la tiene cualquier persona aun sin práctica de lectura. 

Sin embargo los conocedores de la materia argumentan que recientes estudios dan como dato que la velocidad de lectura se ha venido reduciendo y, una persona promedio, que hasta hace poco alcanzaba las 300 ppm, ahora sólo es capaz de leer al ritmo de 100 a 120 ppm; con ello el tiempo de lectura de un texto se duplica.

Una de las razones más obvias es que paulatinamente se ha ido reduciendo el tiempo que pasamos con los libros en las manos y nos limitamos a los 160 caracteres de nuestros dispositivos móviles.

Los tecnómanos y adictos a las redes, pasan sin más cualquier propuesta de lectura que les tome más de dos segundos visualizar.

Además, esta reducción en la velocidad de lectura tampoco garantiza que en la pausa obligada se haya convertido en garantia de una mejor o mayor comprensión lectora.

La atención que ponemos se va haciendo cada vez menor, y por ello el detalle del objeto de la observación se va perdiendo paulatinamente, reduciéndose a su mínima expresión.

Aunque existen técnicas probadas y métodos certificados que garantizan una observación detallada en un tiempo ínfimo, no es el caso de la mayoría, que sacrifica la contemplación por la cantidad de datos que consume en poco tiempo.

Por otra parte, y pisamos otros campos y terrenos, aunque asociado al que venimos desarrollando, el tiempo que se dedica a mirar una imagen es de dos segundos y con el dedo sobre la pantalla se pasa a la siguiente imagen. 
¿Qué viste?
“Algo lindo”. 
Y ¿Qué más puedes decirme?
“No, nada más”. 
Acumulamos cantidad de información sacrificando la calidad de esta. 

Estos son nuestros tiempos. Época de lo efímero y lo pasajero; de lo veloz y la inmediata pérdida de atención. Esto ha de llamarnos a capítulo, sobre todo porque estamos en cierta forma haciendo un "harakiri" al conocimiento y al aprendizaje.

Sin embargo, no todo está perdido, a través del ejercicio la velocidad puede incrementarse gradualmente hasta alcanzar un promedio de 1.000 PPM.

Ahora, ¿esto qué tiene que ver con la espiritualidad?

Mucho. Aunque no lo creas, la Espiritualidad necesita de lectores audaces, de un hábito de lectura desarrollado. La contemplación no llega por ósmosis, necesita contendidos, materia en la cabeza, ideas frescas de las cuales servirse para elevar el alma y llevarla a rasguñar nociones, ideas y conceptos de lo que en definitiva es misterio; un que, no lo dudes está puesto al alcance de nuestra humana condición que es, entre otras cosas, trascendente. 

La metanoia es una práctica que se sustenta en destrezas y competencias. Es decir, algunas se dan por supuestos. Craso error. No está demás y necesario se hace, recordar qué hábitos saludables son necesarios reforzar para alcanzar los cambios espirituales anhelados. 

Un ejercicio que te puede ayudar. Elige un texto cualquiera. Uno que tenga aproximadamente cinco páginas. Las páginas de los libros están estandarizadas y en casi todos hay aproximadamente la misma cantidad de palabras: unas 1.500.

Lo normal sería que leer estas páginas no te llevé más de 5 minutos (300 ppm). Toma el tiempo y repite la acción un par de veces más. Luego saca el promedio. Ese número será la velocidad de tu lectura.

Si está por debajo de las 300 ppm., amerita que tomes cartas en el asunto. 

PD. Este artículo no debió tomarte leerlo más de dos minutos. No es mucho ¿cierto? 

Yerko Reyes Benavides 

jueves, 11 de enero de 2018

El Dios del Antiguo Testamento Vs el Dios del Nuevo Testamento

Hago una afectuosa advertencia inicial: este artículo no es redactado por un especialista biblista, soy uno más entre tantos que lee la Biblia con respeto y veneración, porque es Palabra de Dios, y como respetuoso oyente, se sienta o arrodilla, ocasionalmente para prestar atención a la voz de Dios que a través del texto escrito en esta colección de libros se comunica.

Tampoco lo escribe un teólogo tratando de hacer teología bíblica. Eso es para las academias y las universidades. Sin embargo, como novel teólogo, puedo tomarme alguna atribución magisterial (no Magisterial, esa está en Roma) para hacer una aclaratoria. 

Esta aclaratoria viene de una posible confusión, al momento de cualificar la “forma” en cómo Dios se manifestó en los tiempos antiguos y que fue recogido por los escritores sagrados, tan añejos cómo los hechos narrados y que nosotros damos por nombre: Antiguo o Viejo Testamento. 

Hay una tentación que corremos incautamente todos: el tratar de sintetizar en pocas palabras la Obra de Salvación narrada en las páginas del A.T. des-contextualizamos la obra de Dios. 

El A.T. tiene tantos matices y aristas como lo tiene la vida misma, y más si nos referimos a Dios. Sin embargo, en más de una ocasión me he encontrado con el aminoramiento de la Acción Divina en una frase o unas cuantas palabras: El Dios del Antiguo Testamento es el Dios de la Espada y de la Justicia. Dios terrible y temible; "el innombrable" (expresión que me hace recordar la némesis de Harry Potter en la saga escrita por J. K. Rowling).


Discúlpenme el descaro de la siguiente afirmación, pero me da la impresión que pensamos que Dios es un Dios Bipolar. Una personalidad para el Antiguo Testamento otra, muy diferente, casi totalmente opuesta y contradictoria para el Nuevo Testamento. 

Como antes afirmaba en más de una ocasión a versados y letrados he escuhado y leído la siguiente afirmación: El Dios del Antiguo Testamento es el Dios de la Justicia y el Dios del Nuevo Testamento el de la Misericordia. 

A lo cual, con toda responsabilidad, digo, falso de toda falsedad. No podemos brincarnos teológica, bíblica y espiritualmente la “Pedagogia de la Salvación de Dios” desplegada y desarrollada en prácticamente XXI siglos de historia humana contenida en los 73 libros de la Biblia. 

La afirmación a la que hacemos referencia en sí misma es bastante temeraria, puesto que aun siendo cierta, no es toda la “verdad” sobre la mirada que hacemos en retrospectiva, utilizando los escritos del Antiguo Testamento. 

Tenemos que recordar un criterio fundamental para leer los escritos del A.T. hacerlo en Clave Cristológica. 

Ese “Dios de Justicia” que se afirma sin más (como representación de la divinidad del A.T) no dejó de existir en el Nuevo Testamento, sólo se varió la perspectiva, la Justicia de Dios no es el poder de su fuerza sino la autoridad de su Misericordia, su Bondad y su Amor que, también estuvieron presentes en la antigüedad (antes de Cristo) y del cual hay innumerables historias y en reiteradas ocasiones es expresad en los pasajes del Antiguo Testamento. 

A la hora de caracteriza a Dios revelado en el A.T. no sólo hemos de cualificarlo con una sola característica: Dios “es el que Es”; Dios de Justicia, Dios de liberación, Dios de bondad y Amor por y para su Pueblo, Dios Creador, entre otros epítetos

Si miramos la fe y el amor de Jesús por Dios, necesariamente nos hemos de fijar que el Galileo fue un judío que creció con las tradiciones, las costumbres y la doctrina judía de su época.

Sin embargo, y adelantado a su época, navego por el mar del Amor del Dios de Abraham, de Isaac, de Jacob; el Dios del Rey David y Salomón, el Dios del pueblo deportado y el de los profetas. 

Es tanto así que, con la seguridad del que a Dios se le manifiesta por ser “sencillo y humilde” reconoce que Jesús supo mirar con ojos de amor, el Amor de Dios, y tanto que, lo sintió en su corazón humano como el Dios Padre (Abbá) y así lo dio a conocer (Nuevo Testamento, con Cruz incluida). 


No hay un Dios del Antiguo Testamento versus un Dios del Nuevo Testamento, hay uno sólo y único Dios, manifestado en su “pedagogía de amor”: Padre, Hijo y Espíritu Santo. 


“Dios fue, es y seguirá siendo: Amor”. Misericordia, Bondad y Ternura.

sábado, 6 de enero de 2018

Itinerario Espiritual

Mis apreciados lectores, lo que comenzó siendo una actividad propia para el tiempo de Adviento, se convirtió, con el auxilio de Dios en una experiencia espiritual que trasciende los limites del Tiempo Litúrgico y se nos ofrece como un camino espiritual que podemos tomar en cualquier momento del año.

Al Itinerario Espiritual, se le quitó el ser propio del Advierto, para que cualquiera en cualquier momento del Año, se tome de la mano de Isaías, y en cinco semanas de trabajo espiritual: Oración, Meditación de la Palabra de Dios, y Contemplación del Misterio del Amor de Dios; haga estas "Cinco Paradas" Espirituales hacia el Encuentro del Señor Jesucristo, en su Amoroso Corazón.

Este espacio quedará anclado permanentemente en nuestra página, como un servicio gratuito a todos, puesto que lo dijo el mismo Jesús: "Lo que han recibido gratis, denlo gratis" (Mt 10,8) 

El contenido desarrolldo en este libro es es una herramienta  de espiritualidad que faculta al alma con las herramientas necesarias para  llegar al Centro de la Palabra de Dios que lo Renueva todo, lo Rejuvenece todo y todo lo trasforma en Gracia ante Dios y los hombres. 

Sirvase mi querido lector de aprovechar este material que fue elaborado con todo el cariño que usted merece en su crecimiento espiritual. 


Pbro. Yerko Reyes Benavides
Autor-Escritor
Director de Lazos de Fe

lunes, 30 de octubre de 2017

Perdón, lo siento, soy postmoderno.

Perdón, lo siento, soy post-moderno.



Y no es porque comulgue irrestrictamente con los fundamentos teóricos, o la ausencia teórica de fundamentos que caracteriza al postmodernismo, sino porque soy de la generación postmoderna. Nací en la década que dio a luz al postmodernismo, me he venido moldeando con él y amalgamando con él. El espíritu rebelde y contestatario que estuvo en el trasfondo de este movimiento cuya génesis se dio fundamentalmente en el ambiente estético de las artes y que luego se expandió a lo social y cultural y, que no dejó sin afectar los absolutos todo poderosos de la razón y la fe le han dado a mi intelecto (cuando hablo de intelecto me refiero a pensamiento y emoción interactuando inseparablemente)  el contexto de su desarrollo.

Los valores y principios del modernismo, que intentaron cumplir la profecía de la ilustración rápidamente se derrumbaron como castillos de naipes. La omnipotente lógica no pudo destronar por completo a la intuición, la razón a la emoción. El modelo científico con su incuestionable método científico se convirtió en una paradoja ante el subjetivismo en donde la imposibilidad de la objetividad quedó en evidencia ante la realidad de su imposibilidad paradigmática, lo que la redujo claustrofóbicamente a los pasillos de las universidades y academias, pero que se rindió ante la indiferencia  pragmática de un hombre al que no le interesó más la existencia de verdades absolutas y se abrió paso a lo inmediato, a lo inmanente y lo relativo.

Cómo le duelen a los históricos totalitarios que aún persisten estas dos piedras en el zapato: la indolencia y el indiferentismo que predomina entre los millennials y que se arraiga fuertemente en la generación siguiente: la generación “Z”. Estas dos generaciones que no conciben el mundo sin tecnología, sin la velocidad de las conexiones, sin los datos y metadatos, sin los gigabyte y terabytes para acumular bibliotecas enteras de información inútil.

Mi generación, la generación “X” y no precisamente de los “X men”, le queda un sombra del modernismo en su ADN intelectual, nos tocó el coletazo final de los absolutos, incluyendo los valores. Todavía a los cuarentones como yo, nos pega el orden caótico de la realidad en la que vivimos, y eso que yo me encuentro ubicado geográficamente en una nación que retrocedió 60 años en 20. Que impuso por la fuerza la mediocridad de las ideologías y las utopías no moribundas sino difuntas y enterradas desde los años 90 para acá.

Soy posmoderno, aunque no comulgue con el egocentrismo desmedido que generó la relativización de todo. Soy una especie de hibrido entre la modernidad que cree que hay absolutos que siguen siendo absolutos a pesar de la apatía y la indiferencia del posmodernismo que vende y se lucra cual amo feudal de otrora, porque el posmodernismo también se insertó en el mercado, convirtiéndose en un negocio rentable de venta de chatarras. Chatarra psudo-intelectual, pseudo-filosóficas –aunque a comienzos del siglo XXI declarase el fallecimiento oficial de la filosofía- de chatarra psudo-psicológicas abarcando los amplios espectros de las estrategias motivacionales y de autoayuda (ante la proliferación desmedida de gentes deprimidas e insatisfechas) y, más recientemente de la chatarra pseudo-espiritual que vende un espiritualismo sin Dios, una divinidad sin personalidad y por ende sin exigencias.

¿Dónde termina en mí la modernidad y comienza la postmodernidad? No lo sé. Lo que sí sé es que la postmodernidad no es una enfermedad que se cura con la vacuna de traer el pasado y sus sólidos principios de vuelta. Un día me entusiasme cuando en un seminario de teología se hablaba de la urgente y necesaria vuelta a los orígenes y se proclamaba que el camino de los discípulos de Cristo pasaba por el resurgimiento de un Nuevo Pentecostés y el rendimiento del corazón al Espíritu que movió a los cristianos del primer siglo de nuestra era. Me levante entusiasmado y aplaudí con fuerzas, era lo que estaba esperando. La desilusión llegó cuando entendí que ese volver al pasado, ese espíritu de renovación no iba a pasar más allá del Siglo XVI. Que la iglesia ante los embates de la postmodernidad se iba a refugiar en los puertos seguros del enclaustramiento y que la propaganda actual es meter en el arca a cuanta oveja incauta quede para luego cerrar las puertas y tirar la llave.

Me pregunto ¿Por qué no atinamos a dar con la fórmula correcta que estremezca al hombre de hoy con el Evangelio de Cristo, siempre “nuevo”, siempre “vivo” y “vital”?

Creo, y será la idea con la que concluya esta reflexión, que no nos hemos bañado suficiente en las aguas de la postmodernidad para entender al ser humano que la vive, la siente, y la trasmite. 

Desde el inicio, cuando nos dimos cuenta del empuje y auge que estaba cobrando este movimiento -altamente peligroso para el cristianismo en todos sus frentes, dimensiones y formas- fue reaccionar ante ella, como el que da un salto hacia atrás ante la presencia de un culebra venenosa. Era la década de los 90, todavía recuerdo una semana de actualización filosófica en la que participé, fue toda dedicada a atacar a la postmodernidad, satanizarla, exorcizarla y hacerle la cruz.

Lo más sensato hoy a casi 50 años de postmodernidad es que aprendamos a fluir con ella, para develar sus misterios y aprovechar sus debilidades. Y por cierto, el concepto fluir no es postmoderno, es más antiguo pertenece a Heráclito de Éfeso, filósofo anterior a los endiosados  Platón y Aristóteles a quienes debemos el fracaso del modernismo.

Perdón, soy postmoderno… aunque no comulgue con muchos de sus principios, características y criterios.

sábado, 7 de octubre de 2017

Curso Bíblico. Herramientas para una Lectura Espiritual de la Palabra de Dios

Para mí como Editor de esta página de Espiritualidad es un honor darle la bienvenida a todos los que la vistan a razón del Curso de Biblia que se está promocionando “On line” y, que tiene esta Revista como plataforma de Descarga de los Archivos que los participantes utilizarán en la formación bíblica que se estará desarrollando en las próximas semanas y que hoy día de la Virgen del Rosario arranca formalmente.

Espero que su visita a esta página no sea sólo ocasional y meramente de transito, sino también sirva de pretexto la descarga de los archivos y documentos propuesto en el Curso, para que se detengan y puedan darse una vuelta por las distintas secciones que ofrece este sitio web, dedicado exclusivamente al tema de la Espiritualidad.

Con la confianza puesta en las manos del Señor que anhela ser encontrado en su Palabra y que, a través de ella nos configuremos según su Corazón, para que seamos en el mundo “imagen y semejanza de su Amor”, encuentren aquí, en Lazos de Fe, Revista Electrónica de Espiritualidad otro espacio de crecimiento, de meditación, de reflexión, de “metanoia” que acuse  hacer las veces y el oficio del “tentador” en el buen sentido; es decir, tentarlos a una conversión total, esencial, substancial, liberadora y trascendental.

A su total disposición. Su servidor. Y con lema de en nuestra búsqueda espiritual de Dios, me despido diciendo junto a San Juan XXIII: “Alegría siempre, paz, serenidad, libertad de espíritu en todas las cosas”


Pbro. Yerko Reyes Benavides

lunes, 25 de septiembre de 2017

"Correctio Filialis" a SS Francisco

Necesitamos estar informados de las cosas que en nuestro contexto cristiano católico están sucediendo. Lazos de Fe como Revista Espiritual no se ocupa en dar a conocer este tipo de noticias puesto que no es su objetivo principal ni entra dentro de sus fines. Sin embargo, dada la relevancia que esto tiene, se hace una excepción y exponemos textualmente el contenido de la información de cuya fuente la hemos recogido:


La Espiritualidad no es estar desconectado de la realidad como si quisiéramos escapar del mundo, al contrario la espiritualidad es llevar al mundo a un plano de trascendencia en nuestra alma para vincularlo con Dios y desde allí transformarlo. Como suelo decir, si no estamos actualizados nuestra espiritualidad sería como una vela cuya mecha solo rellena la mitad de esta, cuando se queme el último cabo tendremos vela, pero no luz.

P. Yerko Reyes Benavides

A continuación reproduzco literalmente lo expuesto en “Correctio Filialis”, carta abierta dirigida al Papa Francisco:


Una carta de veinticinco páginas, firmada por 40 clérigos católicos y académicos laicos, ha sido enviada al Papa Francisco el pasado 11 de agosto. Como no se ha recibido respuesta de parte del Santo Padre, el documento se hace público hoy, 24 de septiembre de 2017, Fiesta de la Virgen de la Merced y de la Virgen de Walsingham. La carta, que sigue abierta para nuevos firmantes, lleva ahora los nombres de 62 clérigos y académicos de 20 países, también representando a otros que carecen de la necesaria libertad de expresión. Tiene un título latino: ‘Correctio filialis de haeresibus propagatis’ (literalmente, ‘Una corrección filial con respecto a la propagación de herejías’). Afirma que el Papa, a través de su exhortación apostólica Amoris laetitia, como también por otras palabras, actos y omisiones que se le relacionan, ha sostenido siete posturas heréticas en referencia al matrimonio, la vida moral y la recepción de los sacramentos, y ha provocado que estas opiniones heréticas se propaguen en la Iglesia Católica. Estas siete herejías son expresadas por los firmantes en latín, la lengua oficial de la Iglesia.

Esta carta de corrección tiene tres partes principales. En la primera parte, los firmantes explican por qué, como creyentes católicos y practicantes, tienen el derecho y el deber de emitir dicha corrección al Sumo Pontífice. La ley de la Iglesia requiere que las personas competentes rompan el silencio cuando los pastores de la Iglesia están desviando al rebaño. Esto no implica conflicto alguno con el dogma católico de la infalibilidad papal, teniendo en consideración que la Iglesia enseña que el papa debe cumplir criterios estrictos antes de que sus declaraciones puedan ser consideradas infalibles. El Papa Francisco no ha cumplido con estos criterios. No ha declarado que estas posturas heréticas sean enseñanzas definitivas de la Iglesia, ni aseverado que los católicos deben creer en ellas con el asentimiento propio de la fe. La Iglesia enseña que ningún papa puede declarar que Dios le ha revelado alguna nueva verdad, que debería ser creída obligatoriamente por los católicos.

La segunda parte de la carta es la fundamental, puesto que contiene la “Corrección” propiamente tal. Enumera los pasajes de Amoris laetitia en los que se insinúan o alientan posturas heréticas, y luego enumera las palabras, actos y omisiones del Papa Francisco que evidencian, más allá de cualquier duda razonable, que él desea que los católicos interpreten estos pasajes de una manera que es, de hecho, herética. En particular, el papa, de manera directa o indirecta, ha apoyado la creencia de que la obediencia a la Ley de Dios puede ser imposible o indeseable, y que las Iglesia debiera, a veces, aceptar el adulterio como un comportamiento compatible con la vida de un católico practicante.

La última parte, llamada “Dilucidación”, discute dos causas de esta singular crisis. Una de ellas es el ‘Modernismo’. Teológicamente hablando, el Modernismo es la creencia de que Dios no le ha entregado verdades definitivas a la Iglesia, que ésta debiera continuar enseñando, exactamente en el mismo sentido, hasta el final de los tiempos. Los modernistas sostienen que Dios comunica a la humanidad sólo experiencias sobre las cuales los seres humanos pueden reflexionar, de tal manera que realicen diferentes aserciones sobre Dios, la vida y la religión; pero estas declaraciones son sólo provisionales, nunca dogmas inamovibles. El Modernismo fue condenado por el Papa San Pío X al comienzo del siglo XX, pero renació a mediados de la centuria. La gran y continua confusión que el Modernismo ha causado en la Iglesia Católica, obliga a los firmantes a describir el verdadero significado de “fe”, “herejía”, “revelación” y “magisterio”.

Una segunda causa de la crisis es la aparente influencia de las ideas de Martín Lutero en el Papa Francisco. La carta muestra como Lutero, fundador del Protestantismo, tenía ideas sobre el matrimonio, el divorcio, el perdón y la ley divina que se corresponden con aquellas que el papa ha promovido mediante sus palabras, actos y omisiones. También destaca el elogio explícito y sin precedentes que el Papa Francisco ha dedicado al heresiarca alemán.

Los firmantes no osan juzgar el grado de conciencia con el cual el Papa Francisco ha propagado las siete herejías que enumeran; pero insisten, respetuosamente, en que condene estas herejías, las cuales ha sostenido de manera directa o indirecta.

Los firmantes profesan su lealtad a la santa Iglesia Católica, garantizan al papa sus oraciones y solicitan su bendición apostólica.

Para leer ver del Documento completo en español continúa en el siguiente enlace:

Carta Abierta: Corrección Filial (pdf en español)