jueves, 22 de septiembre de 2022

Espíritu de Dios

Espíritu de Dios
don de bendición,
envuelve mi debilidad
en las alas de tu divinidad.
En el don de tu fortaleza
restaurada quede mi naturaleza,
derrotadas todas mis bajezas,
desterrada de mi corazón la impureza.
Mis ojos llenos de ilusión,
anhelan contemplar el rostro de Dios.
En el don de tu entendimiento
se sumerja mi pensamiento,
el deseo de mi razón sea tu aliento
y el sutil sustento de mi atrevimiento.
Sea servirte, de mi voluntad, su empeño;
amarte, de mi corazón su mayor anhelo.
Dame el don del Consejo,
que mi ser, de ti sea un reflejo
que avive en el desierto la esperanza
y en la tristeza la confianza,
de esperar sin desesperar.
Las lágrimas que libres destilan de mis mejillas
fecunden por tu gracia y templanza
el herido suelo de mi desesperanza.
Hazme beber cada día
de la fuente abundante de tu Sabiduría,
descubrir en este vivir inconstante
la alegría de tu presencia santificante,
valor que da libertad espiritual
para ser en ti donación habitual.

Inspira e infunde en mi alma
la Piedad que me hace falta,
la valentía que necesito
para no vivir con el temor,
del Amor del Señor.
Amén
Yerko Reyes Benavides

martes, 6 de septiembre de 2022

Petición

-Jaculatoria-


Dame Señor:
Fe para esperar,
Esperanza para confiar,
Confianza para creer,
Razón para entender
Entendimiento para amar
y Amor para dar.

Amén

Yerko Reyes Benavides

“Bienaventurados”: Lectura espiritual de las Bienaventuranzas según san Lucas

I Parte 
Lucas 6,17-26
“Bajando con ellos, Jesús se detuvo en un llano. Con él estaba un grupo impresionante de discípulos suyos y un pueblo numeroso procedente de toda Judea y de Jerusalén, como también de la costa de Tiro y de Sidón.

Habían venido a oírlo y para los sanará de sus enfermedades. Sanaba también a los atormentados por espíritus malos, y toda esta gente trataba de tocarlo porque de él salía una fuerza que los sanaba a todos.

Él, entonces, levantó los ojos hacía sus discípulos y dijo…” 
“Bienaventurados”

Caras vemos, corazones no sabemos y era necesario que ante aquella muchedumbre, Jesús diera algo más que un discurso, una lección o hiciera una apología.

Y así fue aquella tarde al bajar de la montaña. Y así sigue siendo hoy, que Jesús, el Maestro, el Mesías y nuestro Señor, llegue a lo más íntimo de nuestro ser, toque nuestra alma y renueve la esperanza, de esperarlo todo en Dios y confiar en su designio de amor.

El llamar Bienaventurados a aquéllos, no fue sólo un decir, palabras al viento, ni tampoco, un acto demagógico de su parte, cuya intención es de procurar la adhesión de una masa; sino llegar al corazón de cada persona y despertar en cada una, la fe, ilusión y, más que nada, la confianza de que ya se están cumpliendo las promesas hechas por Dios desde el inicio; con Abraham, pasando por Moisés y los Profetas.

Bienaventurado es el adjetivo calificador del sustantivo Bienaventuranza, que proviene del vocablo latino: “Bienaventurar” y significa, “prosperidad o felicidad humana”.

Sin embargo esta acepción del término, no nos es sugerente, puesto que la noción que tenemos está más dentro del ámbito religioso y del contexto bíblico.

Añadamos algunos elementos más a esta noción básica, arrojarán ideas a nuestra meditación:
1. Bienaventuranza, llamada además, “macarismo”, es un género literario, presente en varios escritos tantos del Antiguo Testamento como del Nuevo Testamento.

2. A este género los autores, recurren para expresar una felicitación por tener una cualidad o comportamiento grato, en virtud al deseo o voluntad de Dios.

El ejemplo más reconocido de este género literario lo encontramos en las Bienaventuranzas manifestadas por Jesús.

Expresar una bienaventuranza, no trata de conceder una bendición, o idealizar una condición específica de vida; sino, hacer una clara, directa y puntual invitación, a seguir el camino de virtud que procura dicha situación, estado o condición.

3. Así pues, entendemos, las Bienaventuranzas, es decir, cada una de las ocho fórmulas de felicidad espiritual que Cristo proclama a sus discípulos, como ideal de vida.

4. Y un elemento adicional, el más importante: Jesucristo, el Hijo del hombre, es el Bienaventurado por excelencia.
Y ya ha llegado, él está en medio de todos y es el consuelo de lo alto.

Jesucristo es quien nos hace bienaventurados con su gracia, amor y bendición.


“Bienaventurados los pobres”
“Bienaventurados los pobres, porque de ustedes es el Reino de Dios” 
                                                                                        (Lucas 6,20b)
Dijo mi profesor de teología: “las bienaventuranzas son la razón de ser del Evangelio, las que le dan contexto y proyección a la acción de Cristo”.

Yo, en aquel momento, como tú, ahora que me lees, no entendí nada. Pero te comparto, con la humildad que amerita la consideración siguiente: sólo pateando calle se entiende; después, al final, se entiende, y quizá ahí, tú tengas mucho para compartir conmigo.

Lucas (el evangelista de nuestra referencia) es más conciso a la hora de presentar este plan programático de Cristo, sin embargo, al igual que Mateo, las encabeza, con la bienaventuranza a los pobres.

Esto me dejo pensando, pero a propósito de este artículo, no es teología lo que abundo mis ideas, y lo que voy a exponerte no es cátedra, ni tampoco una teorizada sugerencia, sino experiencia:
Nadie hay tan pobre que no tenga un abrazo para consolar.

No hay nadie que por muy mal que ande en lo material, no abunde en sonrisas; al menos una para animar al que la desesperanza ha abatido.

Pocos son los que no tienen sus piernas y píes bien dispuestos, para acompañar al que camina en soledad.

Tampoco la pobreza toca los oídos y al tiempo de más, para escuchar al que necesita un consejo y desahogar sus penas.

Miro mis manos, y caigo en cuenta, que no son expresión de pobreza, pues están ahí para ayudar; para levantar al que ha caído y sostener al que está a punto de irse al suelo.

Y si por cosas de este mundo, todo esto faltará, nadie hay tan pobre, que no tenga en su corazón el Reino de Dios, para derramarlo en abundancia.
Esto – las bienaventuranzas – no es promesa, no es que va a suceder algún día , ni llegará con la parusía.

Por Cristo, los pobres ya somos bienaventurados.

Y aquí, mi apreciado lector, comienza tu caminar al lado del Señor.

Yerko Reyes Benavides

jueves, 1 de septiembre de 2022

Toma, Señor

Toma, Señor, mis manos:
has de ellas portadoras de templanza;
que allanen el sendero
del amanecer verdadero
que renueva en el alma la esperanza.

Toma, Señor, mis labios:
haz de ellos aparejos de tu voz
que anuncien sin temor
y proclamen con entusiasmo y valor,
el crepúsculo de toda maldad
y el laurel de tu justicia y tu Verdad.

Toma, Señor, mis ojos:
has de ellos centinelas de tu amor,
que en medio de la tempestad
avisten en el bravío mar,
el apresurado caminar
de tu misericordia y tu bondad.

Toma, Señor, mi corazón:
infunde en él, el sentir de tu pasión
y sea así tabernáculo de tu compasión,
oasis para este caminar sin tregua,
pradera de tu ternura,
matinal de tu divina hermosura.

Toma, Señor, mis pensamientos
has que ellos estén inmersos en tus sentimientos;
recreen los deseos de tu Voluntad,
hagan presente los anhelos de tu caridad
y se entreguen como renuevos de libertad.

Toma, Señor, en definitiva,
mi espíritu, mente y vida
has de mi uno en ti,
completamente tuyo
de tu divinidad un capullo
que florezca en este mundo,
aroma de gracia
celestial fragancia,
brisa que refresque la confianza
de esperar sólo en ti.
Amén

Yerko Reyes Benavides

jueves, 25 de agosto de 2022

Corazón

Dulce Muchacha de Nazaret
límpido sagrario de la salvación,
manantial inagotable de mediación;
tómame de la mano con delicada decisión
llévame al Dios Adorado sin más dilación.

Escóndeme en tu regazo,
Madre del Señor;
refúgiame entre tus brazos,
Madre del Amor;
que en este valle de lágrimas
mi alma lastimada te aclama,
mi desgarrado espíritu te llama.

Perla fina que en la adusta noche deslumbra:
allana el sendero que aleje de mí la penumbra,
la pena, la ignominia, la tristeza y la sombra
de estar ajeno, lejano y desterrado,
exiliado del corazón del Amado.

Mi fe rejuvenece y se anima
si conmigo caminas,
en el rocío de tu ternura renace la esperanza,
se aviva en mi la confianza
de esperar todo del Señor y de su Amor,
amparado en la sutil caricia de tu maternal favor.
Amén

Yerko Reyes Benavides

martes, 23 de agosto de 2022

Oración del Estudiante (Joven)

Al inicio de nuestra jornada escolar,
Papá Dios,
te saludamos con respeto y gran amor.

Se tú nuestra compañía,
y de cada día,
la razón de nuestra alegría.

Concédenos tu gracia y gran bondad:
danos el don del entendimiento para comprender,
y la paciencia necesaria para aprender.

Gracias por los compañeros y los amigos,
y a nuestros maestros inspíralos
con la Sabiduría del Santo Espíritu,
para que sean nuestros guías:
en el camino del bien y la virtud.
Amén

Yerko Reyes Benavides

lunes, 25 de julio de 2022

Ser Distinto

Comienzo este artículo haciendo memoria de una vivencia, que bien puede también describir una experiencia tuya: haber conscientemente decido, “no ser igual que los demás”.

No estoy seguro si fue la época en la que se desenvolvió nuestra adolescencia y temprana juventud, a la que autores les gusta calificar como convulsionada, controvertida y desafiante (¿cuál no fue así?); o si este sentir, es común al desarrollo y la psicología propia de la edad y, siendo así, no se queda atascada en el tiempo, sino que se actualiza, haciéndose nueva en cada persona que la atraviesa, en cada tiempo.

Sea el primero o el segundo, o la interacción de ambos en su momento, lo cierto es que para mí fue una determinada decisión. Lo paradójico, y según lo hace notar y lo apunta Quino en su famosa tira cómica Mafalda: fui igual a todos de los que no quisieron ser iguales al resto.

Sin embargo, eso no tuvo relevancia alguna, pues se estaba en pleno proceso de autodefinición, descubriendo la propia identidad, y en plena conquista de un espacio propio y ser así, reconocidos como individuos únicos por el mundo (al menos el mundo que servía de contexto donde se desarrollaba nuestra vida: familia, barrio, escuela, grupo de amigos).

Esta reminiscencia de aquellos maravillosos días deja claro un punto: nada ha cambiado en cuanto a la decisión tomada en aquel momento. Los tiempos son otros (convulsionados, controvertidos y desafiantes, pero de hoy); la motivación es diferente; las razones para tal acción tampoco son las mismas; los errores cometidos en aquella expedición han dejado su huella, y aun así, la convicción de hoy es la misma de otrora: ser distinto a los demás.

No es difícil darse cuenta, que como personas, atravesamos diferentes procesos de desarrollo: el biológico y natural que está demarcado por la edad cronológica; el desarrollo psicológico que no está va de la mano de la cronología aunque la edad vaya demarcando algunos puntos de control (independientes a los contextos que también son influyentes en el proceso de maduración); lo que vale decir tanto para el desarrollo emocional, afectivito como el intelectual (o racional, más como actitud que como aptitud); y no olvidemos el espiritual (muchas veces ni si quiera es tomado en cuenta.

Ser distinto…

Lo que no sabía en aquellos días, era que significaba asumir conscientemente todas estas dimensiones e intervenir en cada una para orientarlas al fin establecido: ser distinto.

Tampoco sabía que, ser distinto, no es la extravagancia de romper los estándares socialmente convenidos, ni tampoco imponer nuevos estereotipos; sino ser consecuente con la propia identidad y coherente con las convicciones personales que son los motores (motivaciones) que mueven la vida.

Entre paréntesis, tampoco sabía, que a la consciencia así como al intelecto y al corazón había que alimentarlos y fortalecerlos con una dedicada y dilecta formación.

Cerrando el paréntesis, llegamos al punto de inflexión de este artículo, la razón de ser de estas líneas: la única manera verdadera de ser distinto es ser de Cristo y al ser de Cristo ser distinto.

“Sean, pues, imitadores de Dios como hijos amados: y anden en amor, como también Cristo nos amó, y se entregó a sí mismo por nosotros, ofrenda y sacrificio a Dios en suave olor”. (Efesios 5,1-2)
En la instrucción de la consciencia está la consciencia de ser “Alter Crhistus” es decir “otro Cristo”; sin que ello implique ser una copia de su identidad, sino darle identidad a sus actitudes y cualidades en las nuestras. En otras palabras: Cristo habla en mí, mira en mí, toca en mí, ríe y llora en mí, abraza y se conmueve en mí; ora y suplica en mí, sufre en mí, actúa en mí, ama en mí…
«Ya no vivo yo, es Cristo, quien vive en mí”. (Gálatas 2,20)

Esto, ahora, es el gran desafío para todos, independientemente del momento y las circunstancias en las que nos encontremos cada uno.

Para muchas cosas en la vida, siempre una opción será: hacer nada; sólo que en esta ocasión esta no es la opción, pues esto es lo que somos y define no sólo nuestra identidad y naturaleza sino también nuestro destino: ser en Cristo y por Cristo, distintos.

Yerko Reyes Benavides.

Post Data

Te dejo en este Himno Cristológico de San Pablo un plan de trabajo.

Bendito sea Dios, el Padre de nuestro Señor Jesucristo,
que nos ha bendecido en Cristo
con toda clase de bienes espirituales en el cielo,
y nos ha elegido en él, antes de la creación del mundo,
para que fuéramos santos
e irreprochables en su presencia, por el amor.

Él nos predestinó a ser sus hijos adoptivos
por medio de Jesucristo,
conforme al beneplácito de su voluntad,
para alabanza de la gloria de su gracia,
que nos dio en su Hijo muy querido.

En él hemos sido redimidos por su sangre
y hemos recibido el perdón de los pecados,
según la riqueza de su gracia,
que Dios derramó sobre nosotros,
dándonos toda sabiduría y entendimiento.

Él nos hizo conocer el misterio de su voluntad,
conforme al designio misericordioso
que estableció de antemano en Cristo,
para que se cumpliera en la plenitud de los tiempos:
reunir todas las cosas, las del cielo y las de la tierra,
bajo un solo jefe, que es Cristo.

En él hemos sido constituidos herederos,
y destinados de antemano –según el previo designio
del que realiza todas las cosas conforme a su voluntad–
a ser aquellos que han puesto su esperanza en Cristo,
para alabanza de su gloria.

En él, ustedes,
los que escucharon la Palabra de la verdad,
la Buena Noticia de la salvación,
y creyeron en ella,
también han sido marcados con un sello
por el Espíritu Santo prometido.

Ese Espíritu es el anticipo de nuestra herencia
y prepara la redención del pueblo
que Dios adquirió para sí,
para alabanza de su gloria.

-Amén-